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Un café con Platón

Cultura

Solo aquel que no tiene bien cimentados sus valores puede corromperse.

Hablemos de Política

Una tarde lluviosa me encontraba yo en el café del centro de la ciudad, pensando y meditando en muchas cosas. Luego, levanté la mirada y un hombre barbado y de espalda ancha me observaba detenidamente. Como que se transportó en el tiempo porque traía una túnica de lino blanca, todo el mundo lo miraba de una manera un tanto extraña. Me intrigó su apariencia, me hizo una seña para que me acercara, supongo que no quería pasar la tarde solo. Yo no lo había reconocido en ese momento, pero en un cuaderno de apuntes que llevaba tenía el nombre de Platón. Me supongo que por la espalda ancha era ese sobrenombre. Me acerqué con la intención de pedirle que se cambie, en nuestra época es muy raro ver a alguien vestido así.

  • Me he fijado que estabas meditabundo. ¿Puedo saber qué te pasa? – me preguntó a modo de romper el hielo.
  • Yo me quedé pensativa. Tal vez tenga razón en lo que me ha dicho. – Pensaba en la situación en la que vivimos ahora. Los gobiernos siempre son lo mismo, las instituciones no están funcionando. Lo único que quieren es dinero y no hacen nada por el pueblo. La verdad, es que no se puede confiar en los políticos.
  • ¿Tú crees que cambiando a los políticos se va a arreglar la situación? – Platón tenía una taza de café enfrente y jugueteaba con sus dedos la taza, el humo de este aun no se esfumaba.
  • Pues la ver verdad, yo creo que sí, cuando uno vota espera tener gente que pueda liderar, que sean honestos y transparentes. Que se vea lo que hacen.
  • ¿Sabes qué? Ya pasó la lluvia y los lugares cerrados no me gustan mucho, pidamos un refil de esta bebida que está deliciosa y salgamos un rato a dar un paseo. – Nos llenaron las tazas nuevamente, las pedimos para llevar y allí fue donde empezó toda la desgracia. Algo así pasó en la antigua Grecia.
  • ¿A qué te refieres? Porque Grecia fue una Ciudad Estado según me contaron en la escuela.
  • ¡Que interesante! – abrió sus ojos un tanto sorprendido – yo te podría contar muchísimas historias, pero me gusta hablar con la gente. Y no creas que soy tan serio, ¡no, no, no, no! Me gusta reírme también – se me acercó para decirme un secreto – los filósofos sabemos disfrutar la vida, – y con un dejo de apatía, ¡no me gusta que nos vean tan serios y nos tomen a la ligera!
  • ¿Quién haría eso?
  • Todos, porque imagínate, nos creen unos estirados. – Platón se estaba tomando un sorbo de café cuando me dio su vaso y empezó a saltar sobre los charcos como un niño. – Los filósofos debemos aprender a reírnos de todo.  – dejó de saltar los charcos cuando se cansó – es muy divertido, pero a mi edad ya no puedo hacer tanto – dijo jadeando, tomó un sorbo de café. – Pero bueno, me dijiste que las instituciones de tu sociedad no son buenas. ¿Cómo se puede cambiar eso?
  • Eres como un niño. – dije riendo
  • Todos somos niños, querida, solo que algunos han olvidado el maravilloso arte de jugar. Lo mismo pasa con nuestras sociedades que queremos jugar a adultos.
  • Pero según parece el sistema democrático es la mejor forma de gobierno.
  • ¡¡¡¡Eeeerrrrrpppp!!!!! ¡¡¡Noooooo!!!! Es un concepto equivocado. – en ese momento sale de la nada un fauno con su flauta, Platón tomó la flauta e hizo un sonido – (t ara ra raaaannnn) “la democracia es una buena forma de gobierno.” – el fauno estaba enojado y le arrebató la flauta, “¡no me vuelvas a quitar la flauta así! “perdón, amiguito, pero tenía que darle el toque dramático a lo que vamos a platicar.” – hizo una mueca y se fue.
  • Según las definiciones es el gobierno del pueblo, por un lado está bien, pero ¿acaso no sabías que hay otras mejores? – mi cara era de asombro,
  • Los he escuchado mencionar pero… no se a que se refieren. Pero,  ¿Qué podemos hacer? Porque todo está mal, de cabeza, no hay gobierno. –la plática se estaba poniendo cada vez más interesante.
  • Amiga mía, te voy a platicar algo que me contó mi mentor: – aunque era de la época antigua, tenía que ingeniárselas para enseñarme algo, de su túnica sacó una Tablet, ya se imaginarán mi asombro porque en la época helénica ni las soñaban en ese momento. Observa la pantalla e imagina una cueva en el fondo de la tierra, – me tele transportó al mundo que había creado, es más, él mismo era su propio avatar en ese film – allí adentro vas a ver personas atadas de pies a cabeza viendo a una pared. Atrás de ellos hay una fogata que simula una luz, y enfrente de ellos otros seres que “juegan a las sombras” como las figuras que se ponen al hacerlas con las manos. Estos seres encadenados, como no conocen otra realidad, creen que la que viven es la verdad. – él mismo, como avatar, se cambiaba de página y de enlaces –  Eso implica religiones, modos de pensamiento incluso ideologías políticas. Uno de ellos, el más valiente logra soltarse y caminar hacia afuera, la luz del mundo de afuera lo ciega porque sus ojos no están acostumbrados a ella. Pero poco a poco se va acostumbrando y ve las cosas desde otra perspectiva, tanto así que se compadece de sus compañeros y vuelve a entrar a querer enseñarles ese otro mundo que él mismo descubrió. Pero, con determinación y perseverancia logrará que más de alguno logre salir, algunos no le van a creer y defenderán a capa y espada el mundo en el que viven; otros, lo ignorarán, pero unos pocos escucharán.
  • ¿Por qué me cuentas todo esto?
  • Ah, paciencia, todo tiene una explicación. O ¿Qué creías? ¿todo esto era puro cuento? – hizo el sonido del fallo en los programas de televisión – ¡Nooo! Estás equivocada de nuevo – e hizo un gesto de asombro como si fuera un niño a quien se le quiere enseñar algo. – ¡Eso es lo que pasa con la humanidad actual!. Buscan respuestas afuera cuando muchas de ellas las pueden encontrar adentro. ¿No has escuchado decir no veas la paja en el ojo ajeno, más bien ve la viga que hay en el tuyo?
  • Si, siempre lo escucho en el servicio religioso.
  • Con la servilleta hizo un barco de papel y lo puso a navegar, puedo decir que es bueno en el origami, si a mí me lo preguntan. – Es algo bastante práctico esto. – se le quedó observando un rato como un niño observa su barco de papel, se recostó en el suelo húmedo sobre el estómago y sostenía su barbilla con las manos y solo me dijo: No puedes cambiar las instituciones si no cambias tu forma de pensar y de actuar. – se puso de pie de nuevo de un solo salto. – Esto nos lleva a otra enseñanza que mi mentor me dijo una vez “por sus frutos los conocerán”. Antes de pensar en cambiar una institución o a una persona, piensa ¿Qué estás haciendo por el bien de tus semejantes? – Esto que me dijo fue algo que se me quedó grabado en el alma y la memoria, siempre busca el bien de los otros. Porque un estado no puede funcionar si uno no trabaja porque las cosas funcionen. Me lo dijo de esta manera: ¿Te fijaste en el barquito de papel que hice? Pues,  imagina que estás en un gran barco, no puedes bajarte ni atracar en ninguna parte ya que está trazado el destino final de esta tripulación. Pero en ella no solo está el capitán, sino que la tripulación es bastante variada. Pues este Estado es un barco cuyo capitán es el presidente de la república, el primer oficial el vicepresidente y los ministros vienen siendo el timonel y otras áreas. Pero también cuenta con contadores, maestros, barrenderos, carpinteros, albañiles, ingenieros, arquitectos. Cada uno tiene una función especial en este barco, y para que este gran barco llamado estado funcione y llegue a buen puerto cada uno de sus tripulantes tiene que hacer su labor. Tú no puedes esperar a que el capitán lo haga todo, porque el barco es tan grande que el solo no puede, necesita de la ayuda de todos. ¿Puedes tú ser esa ayuda que el capitán necesita?
  • Pero no me has explicado las otras formas de gobierno que me dijiste que existen. – insistí en mi reflexión para que me explicara lo que teníamos que trabajar para tener una mejor sociedad.
  • Disculpa, tienes razón. Existen otros tipos de gobierno. El primero que mencionaremos es la Aristocracia. Por supuesto, no viéndola desde la perspectiva que se tiene ahorita. – dio un sorbo a su café, yo lo acompañaba con el mío. Luego continuó diciéndome: la Aristocracia es el gobierno de los reyes sabios. Estos son aquellos hombres que han llegado a tener un nivel de conciencia superior. Los hombres que la conforman son los hombres de oro, son aquellos que han sido educados en la filosofía y la espiritualidad. El segundo tipo de gobierno es la timocracia que es el gobierno de los que imparten justicia, pero este tiene una parte negativa. Es un tipo de gobierno donde los que la aplican son gente ambiciosa, son duros con los esclavos y les gusta la lisonja. Aunque tiene sus desventajas, el tipo de hombres que la rigen son los hombres de plata, o los guerreros, que se educan en la música y la gimnasia sin dejar de equilibrar cada aspecto de ellos. El siguiente es la plutocracia u oligárquica. Es aquella que vemos que impera en muchos países, es el gobierno de los ricos sobre los más necesitados. Ya que estos buscan llenar las arcas y gastarlas en cosas que son innecesarias. Esta la manejan los hombres de cobre, este tipo de gobiernos se disfrazan de democráticos pero distan mucho de serlo. El siguiente es el democrático, que es el gobierno del pueblo, habiendo vencido los pobres, matan a algunos de sus contrarios, a otros los destierran y a los demás les hacen igualmente partícipes del gobierno y de los cargos, que, por lo regular, suelen cubrirse en este sistema mediante sorteo. En el gobierno oligárquico es el rico el que gobierna, pero en el democrático es el pobre el que lo hace – ya casi me terminaba mi café. El tiempo se me hacía corto con esta plática. – este tipo de gobierno está a un paso de convertirse en el peor de todos, ya que es el más bajo, ya que es un régimen placentero, anárquico y donde todo es permitido. Por último es el régimen dictatorial o totalitario. Que es donde demasiada libertad se convierte en esclavitud, comienza una persecución contra los ricos, y las licencias para hacer todo lo prohibido. Pero este tipo de gobiernos no duran mucho. Solo aquellos que tienen un poco de sabiduría pueden mover a aquellos para que se vuelquen y hacer que inicie el ciclo con la aristocracia, en ese momento será donde realmente renazca la paz.
  • Pero ¿Qué pasa con la corrupción?
  • Eso, amiga mía, es otro tema que tocar. Por ahora, termina tu café, creo que tienes mucho que analizar y asimilar en esta pequeña charla.
  • Pero me puedes dar una pequeña explicación de esto, ¿por favor?
  • Por supuesto. – nos sentamos un rato en una banca y se puso a juguetear con la tierra que tenía cerca. No me había dado cuenta que había tomado un puñado de tierra entre sus manos y estaba jugando con ella. – Mi mentor lo mencionaba de esta manera: solo aquel que no tiene bien cimentados sus valores puede corromperse. La persona corrupta no solo es aquella que tiene sus valores débiles, sino que, viéndose forzados a actuar de determinada manera por aquellos que se dicen sus maestros, por ende, podemos decir, que una sociedad y un estado pueden caer fácilmente por la debilidad de sus cimientos.
  • O sea que solo aquel que tiene sus valores y convicciones fuertes y sólidas será difícil de corromper.
  • ¡¡¡¡¡ tilín, tilín, tilín!!!! ¡¡¡¡acertasteeee!!!! – y continuó diciéndome: Es necesario que volvamos la vista hacia nosotros y preguntarnos ¿Qué puedo hacer para que esto funcione? Cada uno de nosotros tiene una función que cumplir y no podremos hacerlos si solo esperamos que el otro haga por nosotros lo que nosotros podemos hacer. Es necesario tomar nuestras herramientas y empezar a trabajar en nuestros valores.

Hablemos de Educación

Pasó mucho tiempo después de la charla que tuvimos, realmente me dejó pensando mucho en todo lo que habíamos platicado. Yo seguía haciendo mi rutina normal. No puedo sacar de mi mente la historia alegórica que me contó, fácilmente le llamó: “la alegoría de la caverna” aunque más creo que le puso “mito de la caverna” pero, alegoría o mito, es el mismo cuento.

Una tarde soleada, me encontraba en el parque central, sentada en una banca leyendo el libro de “La República”. Como luego de nuestra plática tenía que entender más a mi interlocutor y que mejor manera que leyendo lo que ha escrito. Un ruido distrajo mi atención.

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