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El Erotismo del Poder y las Almohadas

Mirilla Indiscreta

Cuando alguien por acariciar aruña, ha llegado el momento de transformar el gozo, por lo menos, en la advertencia que señale que el placer puede tener rápidamente como respuesta una bofetada.

Permitirle al otro, que el rasgamiento de la piel, que a él lo excita, puede continuar, seguramente va a terminar en un exceso, que transformará la experiencia amorosa en un crimen pasional.

La relación que se entabla entre el que ejerce el poder y el que lo sufre, equivale al enamoramiento profundo o pasajero que se da entre gobernantes y gobernados, siempre y cuando, el sentimiento y atracción mutua, se de en legítima relación electoral, en la que: El candidato es el seductor y el elector el seducido.

De allí la importancia de la transparencia en ese proceso, como un acto de fe emocional, que puede terminar en matrimonio político.

Ese es el origen de la elección electoral, que por simpatía o mutuo amor entre las partes tiene forzosamente que tener como testigos de honor muy respetadas, las urnas electorales,

Si el seductor hace trampa, y engaña al seducido, el rompimiento es inevitable. Siempre llegará una hora de la verdad, en la que, la edad, no la esconde el maquillaje, ni al sexo, el traje de la foto.

Es como aquel que se promueve como adolescente frente a la inocencia de la niña púbera, qué embelesada por el chat envenenado, ignora que la cita la ha promovido un viejo violador.

Por esa razón, el amor esencialmente platónico, y matrimonio cívico, que se da entre el elector y el elegido tiene necesariamente que pasar por el filtro previsor de las elecciones.

Puede haber desencanto después de consumada la unión. Incluso puede experimentar y soportar la infidelidad, igual que en muchos matrimonios, cuando la lealtad incondicional da paso a la promiscuidad emocional, pero que es redimible por amor, antes de transformarse en traición y ruptura plena e irreconciliable.

El político es esencialmente un Seductor Asexuado, porque en su perspectiva de conquista, hace una ficción biológica entre hombres y mujeres.

Se transforman los sexos, en objetivos electorales, que raras veces terminan en la cama.

La cama es enemiga del poder

la célebre Margaretha Gertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, bella mujer que hizo de su profesión de bailarina, el receptáculo de las confesiones apasionadas de imbéciles traidores a su patria, qué entre gemidos, que les hacían lucir poderosos por su lengua pajera, trasladaban a su supuesta amante enamorada, los secretos de Estado, en medio de una guerra habida de información privilegiada.

Ella rindió con su vida los placeres fingidos, frente al pelotón de fusilamiento francés el 15 de octubre de 1917, por ser espía durante la primera guerra mundial.

Los ardorosos e infidentes amantes, quedaron hundidos por la historia, en el ominoso fango de la traición por calentura.

El poderoso Secreto de la Almohada, del que tanto previenen los institutos de formación política a quienes, con verdadera vocación, deben saber además, que la transformación de líder a Estadista, poco tiene que ver con los orgasmos.

Debe ser muy difícil y complicado dejar de tener la tentación de compartir con la pareja permanente o pasajera, los secretos del poder.

Por esa razón, ese nivel teóricamente, siempre ha sido reservado para seres superiores.

Lo complicado no es compartir y liberar las tensiones propias del cargo, lo ruinoso y peligroso, es transferir las decisiones.

La historia de la humanidad, está plagada de las implicaciones, de esos riesgos ardorosos.

Desde Cleopatra, que como reina le dio un hijo al César con el propósito de que heredara el poder de Roma, para caer finalmente rendida en los brazos de Marco Antonio.

Pero siempre ejerciendo su irresistible poder físico y político para someterlos a los dos.

Como no recordar al joven Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro el Grande, que a los 20 años era rey de Macedonia y a los 25 ya era Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto, Gran Rey de Media y Persia hasta su muerte. El hombre más rico y poderoso de toda la historia de la humanidad.

Casado con privilegiadas mujeres, todas de la nobleza, para la conformación de su inmenso imperio, manifestó especial predilección por Hefestión, uno de sus lugartenientes y compañero de todas sus batallas.

La almohada también ha sido poderosa por otras tierras no tan lejanas a Centro América y especialmente a Guatemala.

Un breve ejercicio mental le pondrá nombres y apellidos, a quienes hicieron de la almohada su mejor instrumento para anular la voluntad de los gobernantes y ejercer el poder pleno.

Unas veces ilegítimo, otras legitimado, pero que siempre terminaron en desastre para quién cayó en su tentación y de paso victimizando al pueblo.

Esas circunstancias demandarían que la asepsia política de la cama presidencial se transforma en un derecho natural que debiera pertenecer al pueblo.

Los orgasmos físicos nada tienen que ver con los políticos, como producto de la lealtad ofrecida entre electores y elegidos.

La de electores y elegidos, Pertenece a esa relación de sumisión respetuosa, pero con derechos reales, que se ofrenda inmaculada en la urna electoral donde, se pacta el matrimonio entre gobernantes y gobernados.

Si se anticipara la traición a los votos matrimonio-electorales, nunca, salvo fraude, se ofrecería como prenda de amor, el voto de los electores.

Una relación pactada por cuatro años, pero con el compromiso de quedar inscrito con letras de oro, en el libro memorable de la historia patria, para la posteridad.

Ese es el verdadero compromiso del Estadista… lo demás es pasto indigerible para la naturaleza humana y propio de la bestialidad irreflexiva y pecaminosa de los simples y ordinarios mortales.

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