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Influencers: Puro desamor

Pluma Invitada

Se dice que una persona “influyente” es una persona con poder porque cuenta con la capacidad para incidir en algo o alguien.

Sus ansias de dominio y su sublevación a quedar categorizado sólo como un adjetivo calificativo, consiguieron que este término se transmute en una especie de sustantivo común de lengua extranjera. Y con la firmeza propia de un colonizador ilegal, desentendiéndose del no reconocimiento de la RAE, se instaló en nuestro lenguaje coloquial bajo la moderna palabra “Influencer”, para hacer referencia a una persona pública que ha adquirido fama a través de Internet y que ha encontrado, en el ámbito digital, su principal territorio de influencia.

A este “ser” influencer, una persona accede a través del mérito de haber conseguido miles y miles de seguidores/admiradores, implementando los métodos que sean necesarios. El influencer es alguien habilitado por sus admiradores a viralizar contenidos y a promover el consumo de determinados productos. Su fama hace que sean contratados por las empresas y las marcas para el desarrollo de campañas publicitarias.

Si antes a un niño se lo escuchaba responder, ante la clásica pregunta a la que seguramente todos hemos sido despiadadamente sometidos, de “¿qué vas a ser cuando seas grande?”, bombero, doctor o maestra, hoy en día hay que agregarle a esta lista la tan anhelada “profesión” de influencer. Dentro de estas posibles elecciones, las primeras cuidan, tienen un registro del Otro. La última, no. Y si llegase a haber un registro, no lo es precisamente desde el amor.

Es así que aparecen cotidianamente en Internet una inmensa cantidad de videos protagonizados por personas de diferentes edades que son o aspiran a “ser” influencers, para existir en el mundo digital. Muchos de estos videos prosperan y se viralizan, difundiéndose con gran rapidez en las redes sociales, muchos otros, no.

Dentro del amplio repertorio de exacerbadas actuaciones que hacen para su público, en las que apuntan a superarse a ellos mismos y a otros pares, promueven desafíos o retos – “challenges” -.

Los retos atraviesan la historia, no hay duda. Han estado presentes a lo largo del tiempo, desde épocas míticas e históricas hasta la actualidad. (Reto: 1. Provocación o citación al duelo o desafío 2. Acción de amenazar 3. Objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta. – Definición de la Real Academia Española -).

Fiel al desplazamiento de los términos, se dice que el duelo era el combate en el que, originaria e históricamente, se enfrentaban (según la etimología popular) dos personas que transitaban una relación de enemistad. En base a reglas consensuadas entre las dos partes, se utilizaban armas mortales. Se lo asocia a la defensa del honor y a la valentía.

Asombrosamente, los retos a duelo se llevaban a cabo sólo por voluntad de un “desafiante” que se sentía ofendido por alguien que había ejercido una acción de deshonra, deshonor o menosprecio a su persona, el cual era citado al combate.

Un reto mítico por excelencia es el del guerrero Aquiles versus el príncipe Héctor, hijo Príamo, Rey de Troya, en la Guerra de Troya la cual, dejando de lado controversias en torno a si fue una construcción o si realmente existió más allá de la leyenda y los poemas homéricos, se desarrolló aproximadamente en el año 1100ac. Aquiles tenía una relación afectiva muy cercana con Patroclo a quien, decidido a no participar más de la guerra, le ofrece su armadura. Patroclo encabezó las filas espartanas vistiendo la armadura de Aquiles. Atemorizados sus contrincantes, el único que se atrevió a hacerle frente fue el príncipe troyano Héctor, quien le da muerte. En cuanto Aquiles se anoticia de la muerte de su amado Patroclo, embargado por un ataque de ira, en venganza, lo “reta a duelo”, saliendo vencedor.

La RAE nos dice también que tenemos otro tipo de retos, los que se realizan “a solas”, es decir sin otro rival más que uno mismo, por ejemplo: “Me propuse dejar de fumar antes de que finalice el mes”, y así muchos otros, en los que siempre el común denominador es que se asocian a la concreción de un objetivo relacionado con un bienestar anhelado y que se requiere de un esfuerzo para alcanzarlos. En estos, el desafiador y el desafiado confluyen en un solo rol. Es la misma persona la que “se reta” a alcanzar algo. Si llegase a existir un “Otro” en este desafío, generalmente es alguien significativo por el que el desafiado acepta someterse al reto, alguien que demanda – por amor – un cambio: “Mi hijo me pidió que deje de fumar”.

En la actualidad dentro de las redes sociales, las que han probado ser un medio “eficaz” para promover tendencias entre los jóvenes sin importar qué tan saludables sean, nos encontramos con “retos virtuales”. Estos son desafíos – “challenges” – o mejor dicho consignas impartidas por un Otro virtual a los usadores o “seguidores”. Los retos virtuales se contraponen a la obtención de algún bienestar, por el contrario, estas son consignas atravesadas permanentemente por la pulsión de muerte, su experimentación provoca un alto nivel de displacer, riesgo físico y muerte. Para citar algunos ejemplos concretos:

El “reto de la canela”, (2013) (Cinnamon challenge), ha sido el tema de muchos videos que circulan en las redes sociales, en los que se ve a adolescentes intentando tragar una cucharada de canela en polvo en 60 segundos sin la ayuda de agua.

El “reto de Kylie Jenner” (2015). Consistía en succionar un pequeño vaso de vidrio hasta que se hinchen los labios, lo que hace que se provoquen lastimaduras.

 El “reto del condón” (2015), llenar con agua un preservativo y dejarlo caer sobre la cabeza del desafiado. Este la envuelve, se adhiere a la nariz y boca provocando, en el mejor de los casos, sensación de ahogo por unos minutos.

El “reto de la sal y el hielo” (2017), las instrucciones que se impartían eran poner sal en la mano y luego tomar un cubito de hielo. Debido a la reacción química de la combinación de estos elementos, se provocan quemaduras muy dolorosas. Tolerancia y valentía se presentaban a los kamikazes como dos instancias que establecían una relación directamente proporcional.

Yendo cada vez por más, posteriormente, apareció el terrible reto de la ‘ballena azul’ (2017) que comenzó en Rusia. Su creador, un enfermo psiquiátrico, con una certeza paranoica, alegaba que “quería limpiar a la sociedad de aquellos que le harían daño”, para justificar su siniestra creación a la que se atribuyen más de 130 suicidios, argumentando que los que lo concretaron, murieron felices. Este desafío consistía en llevar a cabo varios retos que iban de un nivel de dificultad menor a otro cada vez mayor, más peligroso o arriesgado.

Una adolescente fue una de estas víctimas.  Ella, como pudo, intentando romper el reto cuan si fuera un hechizo, hizo un llamado al Otro desde el amor y le preguntó a su madre: “¿la gente que se suicida, es valiente o cobarde?”. Pero la respuesta no le alcanzó porque, en soledad, se quitó la vida.

En el último tiempo, apareció otro reto mortal. Creo que su nombre engloba a todas las demás categorías “rompe cráneos” (2020). Tres personas deben contar hasta tres para saltar. El objetivo es dejar que dos de los participantes esperen el momento “perfecto” para interponer el pie o la pierna al que está en el medio, provocando que este caiga totalmente de espalda con el riesgo de golpearse bruscamente en la nuca.

Lamentablemente el reto viral ya cobró su primera víctima, una adolescente que murió después de que aceptó el reto y se golpeó fuertemente la cabeza. Ella no preguntó nada, sólo confío en un Otro ordenador, cínico e impersonal que, abismalmente opuesto a un Otro real que demanda por amor, actúa desde un nivel desmesurado de poder convirtiéndose en un “amo” que dice y exige lo que hay que hacer para ser valiente.

Para re-matar, hace unos días, una Influencer, decidió festejar su cumpleaños. Su extravagante y paradójica celebración, les costó la vida a tres personas. Los invitados, enardecidos por el propio esposo de la mujer, que luego termino siendo una de las víctimas, arrojaron 25 kilos de hielo seco dentro de una pileta. Enfundados en trajes blancos, se suicidaron públicamente.

El tema tocó fondo. Sólo una pregunta: ¿las marcas que pagan fortunas para que estas personas desquiciadas promocionen sus productos, no deberían comenzar a marcar tendencia de una vez por todas, diferenciando y dejando solos a quienes no tienen la mínima capacidad de cuidarse y, por ende, cuidar a los demás?

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