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Oscurantismo

Teorema

La única razón por la cual haya muerto tanta gente es porque recibieron un tratamiento equivocado”.

Se llama María Eugenia Barrientos, es médico. Tiene un postgrado en microbiología, farmacología y bioquímica obtenidos en El Salvador y una rotación en el Hospital Jackson Memorial.

Aprobó los exámenes que le permiten ejercer en Estados Unidos. En Guatemala se le conoce también como “la doctora salvadoreña” y muchos pronunciamos su nombre con respeto y admiración hacia ella.

Su principal credencial es haber atendido muchos casos de personas infectadas por coronavirus y haberlos curado a todos, sin excepción. Muchos de sus pacientes fueron atendidos utilizando medios electrónicos. Algunos han publicado en la Internet su testimonio personal. Refieren la situación en la cual se encontraban cuando la contactaron, el proceso seguido, el tiempo que tomó hasta su recuperación y su estado de salud actual.

He visto el testimonio de personas que viven en El Salvador, en Guatemala, Estados Unidos, Suecia y Barcelona, España.

Una persona con esas calificaciones no debiera estar atendiendo pacientes. Su tiempo sería socialmente más valioso si lo dedicara a instruir a otros médicos, a todos los médicos, de todos los países, en el uso de los procedimientos adecuados para tratar la enfermedad.

Ella afirmó en una entrevista que cada persona tiene condiciones propias que lo individualizan. Agregó que los países acusan diferencias entre sí. El clima, hábitos alimenticios, contaminación del aire y otros usos y costumbres, obligan crear protocolos propios. Son los médicos de cada nación quienes deben crearlos. Pero eso, exige que no se acepten normas extrañas. Esa fue una clara alusión a la OMS que impuso en los países los protocolos empleados en Wuhan, China.

Ella dice: “si los médicos hubiésemos profundizado y conocido a nuestro enemigo, que es el virus, y hubiéramos comprendido cómo se comportaba, entonces, primero, no hubiéramos tenido miedo; segundo nos hubiéramos llevado por los libros de medicina no por lo que nos dijeron. Estamos viviendo en un mundo lleno de confusión y mentiras. No podemos dejarnos llevar por lo que nos dicen. Debemos ser genuinamente, completamente, independientes y muy profundos en el análisis para solo hacer lo que creemos correcto”

“En Lombardía, Italia, de cada cien personas infectadas diez morían. Eso, estaba sucediendo en el año 2020, poseedor de una tecnología increíble. No es posible que estuviéramos repitiendo lo que se vivió en 1919 cuando la gripe española. No se puede concebir que se ignore todo un siglo de innovaciones. Hoy tenemos todo lo necesario para dar un buen tratamiento. Pero pareciera ser que no hay nada.

Hay que demandar un cambio en los protocolos a nivel mundial. Exigir que un paciente tenga derecho a tener la atención médica que él desea, a tener el médico de su confianza y recibir el tratamiento que el médico proponga y el paciente acepte. Esto es muy importante. Pareciera que los médicos hemos perdido la libertad más esencial: cuidar la salud de nuestros pacientes. Nos dejan sin libertad para decidir hacer un examen de sangre, o de ordenar una radiografía.

La gente tiene temor de movilizarse, de hacer cosas que antes era tan sencillo como tener fiebre te sacas un hemograma completo y plaquetas. En los meses de enero y febrero cuando empezó todo esto en España e Italia, nadie ordenaba un solo examen. En El Salvador tampoco. ¿Cómo es posible, desde un punto de vista médico y científico, tratar un virus que no es nuevo sino la mutación otro anteriory que no investiguemos siquiera los qué cambios que hace al nivel de la sangre?

Cuando empezamos a pedir contra las instrucciones plaquetas, un hemograma completo, proteína C reactiva, sedimentación, enzimas hepáticas, creatinina…Nos dimos cuenta de que este proceso viral no afecta el hígado, no afecta el riñón, no afecta el vaso, no afecta el páncreas… Es totalmente un proceso inflamatorio-respiratorio. En algunos casos con un cuadro de diarrea y dolor de estómago, que perturba el aparato digestivo

La única razón por la cual haya muerto tanta gente es porque recibieron un tratamiento equivocado. No hay otra razón. No deberían estar muriendo los diabéticos ni los hipertensos porque si son tratados en las primeras 48 horas de enfermedad y se vigila el azúcar y la presión arterial no habría un paciente muriéndose. Puede suceder que un paciente tenga complicaciones, pero eso es diferente y se está hablando de uno en dos o tres mil. Pero nunca de uno en cien.

Otras entrevistas versan más sobre los medicamentos y el tratamiento que ella emplea con sus pacientes (básicamente ibuprofeno y otros de venta libre y bajo costo en las farmacias). Libertópolis en cambio, enfocó aspectos políticos de la pandemia y ella respondió como médico honrado que es, diciendo lo que considera que es la verdad. Pero eso, en la Guatemala de hoy, tiene un costo alto —tan alto como la vida— no para ella sino para la población que sigue siendo atendida con base en los protocolos de Wuhan que impone la OMS.

El Colegio de Químicos y Farmacéuticos de Guatemala, en una acertada decisión, que lo honra, invitó a la doctora salvadoreña a ofrecer una conferencia para sus agremiados, que el público también podía atender. La conferencia debía ser dictada el sábado 13 por la mañana. Sin embargo, el día anterior, por la tarde, fue sorpresivamente cancelada. Adujeron razones cajoneras, casi tanto como las esgrimidas por los médicos Arathoon y Pezzarossi cuando renunciaron a la Comisión Presidencial de Atención a la Emergencia Covid-19 —COPRECOVID— menos de una semana después de haber asumido en el cargo.

Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum, así se llamó al listado de libros prohibidos por la Inquisición española en 1612. Para algunos, secuestrar y quemar esos libros constituyó un crimen tan grave como la quema de personas en las plazas públicas un siglo atrás. La causa de tal aberrante barbaridad fue que esos libros exponían creencias controversiales o novedosas que entraban en conflicto con los dogmas de la Iglesia.

Hoy no son libros que queman y las acciones no son públicas. Hoy se actúa en contra de quien divulgue opiniones contrarias a la establecida por gobiernos autoritarios. Se utilizan distintos medios. Es la misma censura que en los años 80 consiguió cerrar el noticiero “Aquí el Mundo” y al final de los años 90 la revista “Crónica”. Nada ha cambiado. El oscurantismo sigue allí, atroz, implacable, bestial…

¿Quién está atrás de tal oscurantismo? ¿El ahora solitario director de la COPRECOVID? ¿El presidente de la República? ¿La OMS-Gates-Soros? ¿La misma ONU?

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