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¿Convicción o Fanatismo?

Ventana Cultural

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con la disyuntiva de asegurar que tenemos firmes nuestras convicciones y no somos fanáticos? Hay una línea extremadamente delgada entre ambos términos.

Muchos dicen que, si nos ven actuar como fanáticos es porque estamos haciendo bien las cosas o que es bueno ser fanático, realmente está muy fuera de nuestro contexto y de nuestra realidad.

Vivimos en un mundo que gira en torno a ciertas ideas que pueden llegar a ser nefastas, muchas de ellas, pueden llegar a perjudicar de tal manera que no se pueden borrar, muchos confunden los términos de convicción y fanatismo, pero ¿Existe diferencia entre ambos? La verdad es que si la hay.

La convicción se da cuando hay un convencimiento sobre las ideas que alimentan al ser humano, no solo hay un convencimiento, sino que son ideas que trascienden y son inmutables. La convicción es un compromiso psicológico que surge de un convencimiento progresivo fundado en diversas bases de apoyo.

El que tiene convicción vive al ritmo de las ideas, pues tienen energía propia y un ritmo natural de desarrollo. Demuestra una salud integral, seguridad en sí mismo y un saber de dónde viene y a dónde va, muestra equilibrio y madurez.

El que tiene convicción es tolerante con los que le rodean, no coacciona ni obliga a otros a creer en lo mismo en lo que él cree, no espera a que otros estén de acuerdo con él, tiene una disposición a escuchar y dialogar.

Por otro lado están los fanáticos. El fanático tiene una necesidad imperante de creer en algo, más no lo hace por conocimiento, ni porque sea una creencia que venga desde adentro, el fanatismo se centra en un marasmo de emociones incontroladas e incoherentes.

El fanático no acepta otra idea más que la que ellos poseen, son completamente intolerantes con los demás que no piensan igual a ellos.

Es imposible en no encontrarse con más de un fanático, y es imposible tampoco hacerlos cambiar de opinión, lo que nos toca hacer es aceptarlos, y trabajar para ser mejores personas.

La convicción nace de la sensatez, del ejercicio constante de nuestras capacidades interiores, y de la transformación de las opiniones móviles en juicios estables. El fanatismo surge del dominio de una sola idea y de coaccionar para creer en ella.

Nuestra misión es enfocarnos en nuestras convicciones, y tener cuidado con los fanatismos, que se pueden disfrazar de convicciones, defender nuestras ideas sin herir susceptibilidades, escuchar con atención a los que nos rodean, y alejarnos de aquellos que nos quieren coartar nuestra manera de actuar que es natural.

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