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La vieja normalidad con mascarilla y alcohol en gel

Punto de Vista

Según la RAE, normal es lo habitual u ordinario, que sirve de norma o regla, dicho de una cosa que por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

La “nueva normalidad” es un término contradictorio que está queriéndose meter entre nosotros. Contradictorio, porque lo normal o habitual es algo que vamos construyendo con el tiempo y en ese sentido, si es nuevo, no es normal.

Lo normal, son los hábitos que no cuestionamos o simplemente no queremos o no podemos cambiar. La nueva normalidad sería algo así como regresar a los retazos de nuestros hábitos ordinarios.

En mi mente, la nueva normalidad realza el distanciamiento social, pero agregando ahora el distanciamiento físico con gel antibacterial, el que limpia las manos, las nutre y las deja suave, el que elimina el 99.9% de las bacterias. Es el felpudo en las puertas con amonio cuaternario, nombre que me hace recordar al genial programa “Érase una vez el hombre”. Es la mascarilla que nos protege del virus, pero también es nuestra máscara, nos oculta del resto, ayuda a disimular  emociones.

Es el tráfico infernal, donde la vida se detiene en el auto o en el bus. El bus, donde te tocan, te manosean, donde las reglas se diluyen con el antojo del conductor.  Son las horas irrisorias en las que nuestros hijos deben levantarse para ir al colegio, algunos con la suerte de poder adquirir ciertos conocimientos.

Es regresar a los centros comerciales los domingos, a dar la vuelta, a comer algo, porque no hay otra opción, no tenemos parques con árboles o bosques frondosos, con pequeñas callejuelas para simplemente caminar o andar en bicicleta, sentarnos en una banca y respirar aire “fresco”, ese aire que ahora traspasa una mascarilla. Es la nueva normalidad, donde la ciudad nos recibe de la misma manera.

Son los grandes templos que abren y luego de que nos decimos “la paz sea contigo”, nos perdonamos los pecados o damos el diezmo, nos olvidamos inmediatamente del prójimo. No hay como la paz mental con uno mismo, amén.

Son los niños en los semáforos, la desigualdad de la antigua normalidad, pero ahora con mascarillas mal puestas. Son las olvidadas de la zona 1, donde los clientes y las transacciones aumentan, pero la vida y su penuria será la misma.

Es la desigualdad estructural en el acceso al trabajo y el ingreso, ahora con mascarilla y distanciamiento social. Es el trabajador informal y su vida precaria. En el año 2017, el Instituto Nacional de Estadística llevó a cabo la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (ENEI), la cual reveló que el 69.7% de la población ocupada es parte del sector informal de trabajo.

Es la violencia contra la mujer, prolongada y agrandada, con mascarilla adjunta que sirve para tapar algún que otro moretón, la mayoría sin la posibilidad de pedir ayuda o escapar. Durante el primer trimestre de 2020 se han registrado en total 1,273 casos de violencia intrafamiliar y 1,423 casos de violencia contra la mujer, 827 lesiones relacionadas con maltrato, lo que indica que hay un promedio de 9.18 personas evaluadas diariamente, seis de ellas son mujeres según datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF).

Son las niñas violadas y obligadas a ser madres. Solo para recordar que entre el 1 de enero y el 20 de mayo de 2020 el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social registrara 1 mil 962 embarazos en niñas de entre 10 y 14 años de edad.

No es una nueva normalidad, es la vieja normalidad con otros ingredientes: la mascarilla, el alcohol en gel, el distanciamiento social y físico…lo demás sigue igual.

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