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La docencia universitaria en crisis

Barataria

Para un columnista de opinión siempre existen temas sobre los cuales analizar y sintetizar, de manera que pueda orientar a los lectores objetivamente para que la reflexión no se incline por otras aristas que no convienen y que no son honorables.

Así, cuando me apresto a escribir para este día, en las redes sociales se hace viral una denuncia de publicación de un video que implica al Viceministro de Agricultura el señor Hugo Cabrera Navas, quien también es Docente Universitario en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales; con una estudiante de esa casa de estudios.  Este caso definitivamente no pasa desapercibido porque en sí tiene muchas aristas tanto desde el punto de vista de los derechos de intimidad, aparte los aspectos misóginos que puedan darse como tales; pero definitivamente vuelve a abrir un debate muy conocido pero que no se ha querido externar abiertamente y que cuando se ha hecho alguna denuncia se termina clasificándola de ideológica cuando en realidad nada tiene que ver.

Para nadie es un secreto que la docencia universitaria en Guatemala está en verdadera crisis al igual que la educación a nivel primaria y secundaria.  La forma en que se autorizan universidades de garaje y la manera en que no existe una función clara de la institución que tiene a su cargo estas autorizaciones y la supervisión de la educación privada superior ha permitido el surgimiento de universidades a diestra y siniestra sin que exista un verdadero control de la calidad educativa.  A nivel de la única universidad pública que tenemos en el país lamentablemente ha llegado a ser un refugio de corruptos que se han enquistado en posiciones de autoridad que, luego de terminar su periodo, si no pueden reelegirse le ceden su espacio a su designado que continúa con la misma corruptela.  Así hemos visto desfilar por la Universidad de San Carlos de Guatemala verdaderas “joyitas” que siempre sobresalen no por sus méritos académicos, su amor por la educación y promoción de la investigación y el saber, sino que sobresalen por sus lastres de corrupción, opacidad y atraso en el saber; lo cual se ha evidenciado un retroceso no solo en la educación, sino en la investigación y en otros aspectos e instituciones en los que la USAC participa de conformidad con la ley.

Hay casos que se mencionan en aulas universitarias y a nivel del estudiantado de  varias universidades tanto la pública como privadas, en donde los docentes promueven una “clase dura”, “clases difíciles de ganar”, que hacen de un curso a nivel universitario una verdadera catedra al estilo medieval ininteligible para el común de los mortales y van dejando tras de sí un gran número de estudiantes que literalmente “pierden los cursos”, pese a que hacen hasta lo imposible por ganarlos, porque estos catedráticos tienen la particularidad que “les gusta que todos los estudiantes estén tras de sí, pidiéndoles y suplicándoles que de alguna manera puedan pasar la clase sin problemas”.  De estos estudiantes hay muchos que ni siquiera llegan a zona mínima para tener derecho a examen final, como sucedió en una sección de Derecho de la USAC y otros dejan a muchos alumnos con 59 puntos porque quieren verlos en retrasadas.  Los catedráticos que no solo debemos ser facilitadores de conocimiento, sino además, promover competencias para un ejercicio profesional eficiente de los estudiantes.  No es que los cursos sean insuperables, porque los cursos universitarios, al igual que la educación superior están habilitadas para que todos los estudiantes en condiciones normales de aplicación, estudio y asistencia puedan superarlas sin problemas aún con la nota mínima.

El acoso, la petición de ciertos favores y una serie de sugerencias vedadas o explícitas juegan parte del catálogo de muchos pseudo catedráticos que nunca debieron pisar un aula universitaria para enseñar porque han dañado gran número de estudiantes especialmente mujeres lo cual no solo es execrable sino que no debería ser tolerado por ninguna universidad del país.  La falta de ética en la docencia universitaria es alarmante se sabe de catedráticos que se van los viernes de fiesta con sus estudiantes de curso, se ponen borrachos y esto es pan de cada día en la universidades que solo se ha frenado por la situación sanitaria, pero es común ver que esto pasa, lo cual no solo plantea una falta grave de ética sino que también desdice mucho de quienes enseñan.  Resulta muy común en nuestro medio, aunque es censurable desde todo punto de vista, que un catedrático busque enamorar a una estudiante del curso que imparte, lo cual no se debe tolerar pero que es una mancha más al tigre de esta docencia en crisis.

La inexistencia de un verdadero proceso de selección de catedráticos en muchas de universidades del país (saldo honorables excepciones) hace que muchos de los catedráticos de las facultades sean nombrados a dedo y sin el mínimo de análisis sobre sus calidades académicas y éticas que es lo importante, o como sucede en la USAC en dónde en varias facultades pero especialmente en la de Derecho han transcurrido más de quince años sin realizar procesos de oposición para nombrar catedráticos titulares permitiéndose el nombramiento de catedráticos interinos lo que no permite un verdadero desarrollo de carrera docente. Esto aunado a que muchas universidades no cuentan con instrumento de ética para los catedráticos  para comprometer una relación docente – alumno que permita la actividad universitaria con respeto.

Es necesario que estas controversias como la que ha surgido del señor Hugo Cabrera catedrático de Derecho de la USAC no queden solo en una pequeña investigación que se pierda en el tiempo y entre tanta noticia en Guatemala, sino que la Universidad involucrada y la institución en donde trabaja tomen cartas en el asunto y que la investigación se extienda de manera que no quede impune, y por otro lado, que las universidades tomen cartas en el asunto tanto para la selección de docentes mediante un método que permita seleccionar a los mejores, sino que además se brinde de instrumentos éticos para que la relación catedrático – alumno sea un espacio de aprendizaje, que permita mejores profesionales y que esta experiencia marque para la excelencia el paso por las aulas universitarias no como una mala experiencia de un docentes inaccesible o que por prácticas inadecuadas perjudiquen la enseñanza universitaria.

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