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Perros guerreros

Editado Para La Historia

Desde que el hombre es hombre el perro estuvo a su lado.

Algunos historiadores incluso dicen que el desarrollo del ser humano se debe en buena parte a la compañía del leal amigo. Como el lobo, animal del que desciende nuestro perro y que hemos creado a nuestro gusto y necesidad, el perro es un animal social que se mantiene a nuestro lado por un poco de comida. El humano ha sabido utilizar esta cualidad a su provecho.

El perro ha acompañado al hombre en las tareas más loables y en las más crueles. En varias ocasiones de la historia, el perro ha sido utilizado en las guerras del hombre, y ello de varias formas. Pero hoy les quiero hablar de un uso muy particular que se le dio al perro durante la Segunda Guerra Mundial. Ya en los años 20 del siglo pasado, los soviéticos habían utilizado a equipos de perros en diferentes tareas militares. La práctica de la que les voy a hablar ahora se basó en un descubrimiento que realizó un científico ruso allá por 1900. Estoy hablando de Iván Petróvich Pávlov.

Pávlov estudiaba la salivación de nuestros amigos cuadrúpedos cuando observó que algún acto repetido, como el hecho de que una misma persona o con un mismo tipo de uniforme viniera a traerle la comida, les producía un reflejo condicionado. Este reflejo condicionado se debe al proceso psicológico de que, después del estímulo, viene una recompensa.

¿Cuánto no hemos escuchado la expresión “Salivar como los perritos de Pávlov”? Los estudios continuaron. Los experimentos llevaron a Pávlov a darse cuenta de que, si se sonaba una campana o había un sonido similar antes de traerles la comida, los perros generaban un estímulo y comenzaban a salivar de inmediato ante la perspectiva de la llegada del alimento.

En junio de 1941, los alemanes nazis invadieron la Unión Soviética en un acto de alta traición, en la medida en que las dos naciones habían firmado un pacto de no agresión. Esta fue la llamada Operación Barbarroja. Como en el resto de las invasiones realizadas por los alemanes en otros países de Europa, utilizaron el blitzkrieg (lo que en español es la guerra relámpago). Con este método se utilizaban equipos blindados en grandes cantidades que avanzaban a alta velocidad ganando grandes territorios. El primero de los países en probar esta temida forma de invasión fue Polonia.

Le siguieron casi todos los países de Europa y ahora era el turno de Rusia. De múltiples maneras, Stalin había sido prevenido por sus espías de lo que Alemania preparaba, pero él no quería escuchar. Con la llegada de la Operación Barbarroja, los soviéticos se vieron absolutamente sorprendidos ante una cruel falta de materiales con qué luchar contra los blindados alemanes. Alguien recordó a los perros militares y las teorías de Pávlov, considerando que era fácil adiestrar a los perros bajo el principio de estímulo–recompensa.

Consideraron que, dejando a los animales varios días sin comer, era fácil enseñarles ir a buscar su comida debajo de tanques que mantenían con el motor encendido. Pronto los perros entendieron que, al ser soltados en un campo, en este caso un campo de batalla, debían correr hacia abajo de los tanques para encontrar comida. Solo quedaba poner sobre el lomo de los pobres animales una potente carga de TNT con una palanca de madera de unos 20 cm de alto. Al meterse el animal debajo de los tanques alemanes la palanca se movía, lo que accionaba la carga explosiva causando graves daños en la parte menos protegida de los blindados enemigos, su parte inferior.

Lo que no entendieron bien los entrenadores es que el perro por naturaleza teme los fuertes ruidos, que no faltan en una batalla y que, a semejanza del ser humano, en situaciones de estrés pueden desorientarse y sentir mucho miedo. Al principio los alemanes no entendían por qué los perros venían corriendo hacia ellos, pero pronto se dieron cuenta del objetivo de la misión. No era fácil tirarles con una ametralladora desde la parte superior del tanque porque los perros eran de pequeño tamaño y los animales corrían en zig zag. Los alemanes comenzaron a utilizar no solo las ametralladoras sino también lanzallamas, pues sabido es que los perros le temen al fuego.

Por otra parte, los soldados alemanes tenían la orden de matar a cuanto perro se les pusiera por delante so pretexto de que podían ser portadores de rabia, no informándoseles la verdadera razón de la injusta orden.

Como a los soviéticos les gustaba exagerar las cosas a su provecho, sin temor en caer en mentiras, dijeron que los perros habían logrado aniquilar unos 300 tanques enemigos. La mayoría de los historiadores considera que la cifra no rebasó los 30. Los errores estuvieron fundamentalmente en no tomar en cuenta que los tanques utilizados para el adiestramiento estaban encendidos, pero no en movimiento, cosa que desorientaba a los perros. Por otra parte, los tanques soviéticos funcionaban con gasolina, mientras que los alemanes carburaban gasoil y en ocasiones los perros, con su gran olfato, corrían hacia los tanques amigos. El tercer elemento que no tomaron en cuenta, como he dicho, fue el justificado estrés de los animales durante el fragor de los combates.

Debemos reconocer que, en momentos de grandes crisis, como es la invasión de su país por un ejército enemigo, se pueden tomar medidas inverosímiles y locas, que no solo son toleradas sino también aplaudidas. Qué triste que los pobres animales tuvieran que perecer por una causa mayor: la lucha contra el invasor.

Puede ver la presente crónica en:

Tanque Alemán

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