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El espíritu de cuerpo

Mirilla Indiscreta

30 De junio, día del Ejército.

El sentido de pertenencia, es fundamental para crear un vínculo afectivo y solidario más allá del círculo de la familia.

Nadie escoge a su familia. El azar jugará allí un factor incierto de consanguinidad o afinidad que lo colocará por razón de vínculos de sangre o de parentesco en medio de relaciones no siempre deseadas.

Pero los lazos que por decisión propia se escogen de manera consciente y deliberada, son aquellos que, sin formar parte de un entramado forzado por el nacimiento o el matrimonio, dan origen a una cohesión emocional que forja el Espíritu de Cuerpo.

Existe otro elemento fundamental en estas relaciones: La Vocación, que empuja emocional y psicológicamente a tomar la decisión de pertenecer a algo.

Después de la familia, la etnia, es otra influencia inevitable y apasionada.

También la religión puede impulsar con la misma intensidad esa cohesión entre humanos.

El club, el equipo, y las organizaciones que patrocinadoras de una actividad gregaria, también ejercen la íntima sensación de pertenencia.

Pero la vocación es congénita, constituye una necesidad casi biológica por definir la vida al servicio de una profesión.

Es verse y sentirse allí desde pequeño, enfundado en un uniforme militar o en una sotana.

Gran parte de la historia de la humanidad se ha desarrollado en torno de estas dos organizaciones, que han acompañado a la civilización desde que se tiene registro de su existencia.

Por esa misma razón, constituye la máxima aspiración de quienes fueron presa de esa vocación casi genética, de ser militares o sacerdotes.

Hoy, 30 de junio, día del Ejército Nacional, dejaremos para otra oportunidad, lo relativo a la vocación sacerdotal, tan intensa como la militar.

Es innegable el grado de cohesión emocional que debe provocar la milicia como definición de vida, la motivación vocacional de servir a los más altos ideales de la patria y el desprendimiento a un instinto profundamente arraigado en el subconsciente humano. El de preservar la vida.

Tener conciencia y racionalizar contra natura ofrendar la vida, reta el entendimiento y sólo lo explica una vocación irresistible.

Pienso en el joven que se asocia a la carrera militar y en cada gesto y grado de su formación como cadete, se despoja del concepto de la vida, por su patria, como signo de gloria y consagración.

Pienso en el orgullo, de afrontar el sacrificio que lo sustrae de su familia y lo catapulta al incierto futuro de sobrevivir con gloria o morir en consagrado sacrificio por defender los símbolos de su patria y el honor de su nación.

Por esa razón, minar en su esencia esa misión originaria, constituyó un objetivo estratégico para quienes consideraron a esa institución, como un obstáculo insalvable para instalar un imaginario ideológico diferente.

Y como atestiguamos con el tiempo, lograron minar EL ESPÍRITU DE CUERPO de una estructura militar, que basada en su misión institucional, no tiene pasado, sólo presente y futuro, porque sus funciones, la alejan de la deliberación sectaria.

Su esencia, comprometida como un todo intemporal y permanente, monopolizando el manejo de las armas para la defensa de los valores institucionales plasmados en la constitución política de la República.

Ejército Nacional, es uno sólo, con toda su historia, fortaleciendo el espíritu de cuerpo, donde no cabe el señalamiento por el cumplimiento de su mandato constitucional.

Cuando el presidente de los Estados Unidos de América y Premio Nobel de la Paz, Barack Obama llegó al Japón, en su primera visita de Estado al Imperio Japonés, fue muy claro.

Japón, objetivo de las dos bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki el seis y nueve de agosto de 1945 provocaron la muerte de 120,000 personas y 130,000 resultaron heridas. La mayor parte civiles, hombres, mujeres y niños.

Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

Sin embargo, el Presidente demócrata dijo a su arribo, que no llegaba con el propósito de pedirles perdón por las dos bombas atómicas… porque las mismas eran incidencias propias de la guerra.

Quienes lanzaron las bombas, obedecieron las órdenes del Presidente Harry S. Truman, abogado, muy querido, porque terminó la guerra.

Un ejército bajo las ordenes de Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas y quién después, propuesto por el Partido Republicano, fue electo el 34 Presidente de esa Nación.

Truman, Demócrata y su sucesor Eisenhower, Republicano, y que yo sepa ninguno de los dos fue acusado del genocidio japonés, justificado por el primer presidente negro de los Estados Unidos, demócrata y Premio Nobel de la paz Barack Obama.

La guerra forja héroes si se gana y derrotados si se pierde.

Y que yo recuerde el Ejército de Guatemala nunca fue derrotado en el llamado enfrentamiento interno, eufemismo para legalizar un levantamiento armado contra el orden constituido.

Reducir a sus héroes a la condición de delincuentes, es el arma mortal para destruir su espíritu de cuerpo.

Una injustificable maniobra para dividir, perseguir, avergonzar y desvalorizar la gloria de los de antes y diferenciarlos de manera maniquea, con los de ahora.

Ganaron la guerra que nos impusieron, esos sí, los de afuera, los mismos que ahora presionan por hundirlos en el fango de la historia.

Ejército de Guatemala, es uno sólo, con un pasado reciente, que registra una sola derrota, sobre una mesa, no en un campo de batalla, donde se firmó la supuesta paz que hoy propicia retornarnos a la guerra.

Una paz que nunca fue consensuada con el pueblo, y que en consulta popular fue rechazada por apabullante mayoría.

Los hombres de Estado honran a sus ejércitos institucionales, no los hacen instrumento de sus pasiones políticas efímeras y coyunturales.

Los militares delincuentes cometen delitos comunes que son sancionados de acuerdo a sus propias leyes castrenses o civiles.

Los militares que, en cumplimiento de su deber, se enfrentan a los rigores de la guerra, no pueden ni deben ser perseguidos políticos, con el afán de destruir sus valores fundacionales.

Esas persecuciones son inmorales e ilegales.

Ejército de Guatemala hay uno sólo, que se debe fundir, principalmente este día, en su Espíritu de Cuerpo

Jóvenes Cadetes y oficiales de las nuevas generaciones, oficiales superiores, generales, especialistas y tropa.

Orgullosos de su estirpe celebren su día y no se olviden que la patria es su ideal, su soberanía sagrada y la población su gente.

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