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La Guatemala invisible

Tanmi Tnam

Las promesas de campaña electoral, simplemente forman parte del baúl de las mentiras.

La parte invisible del país, es la que deja el señor presidente de la República a su suerte, no hay quien la puede salvar, está en el abandono, es la población que clama la presencia de sus autoridades, es la cara que refleja sufrimiento y dolor, es la mujer y el hombre que desde el corredor de su rancho trae al recuerdo las promesas de campaña electoral que simplemente forman parte del baúl de las mentiras. El discurso del señor presidente orienta el contenido de los discursos de otras autoridades, tal el caso de algunos alcaldes municipales que dicen que se cuide el que puede y el que no pues qué podemos hacer.  Con simple observación se identifican los intereses de muchas autoridades locales puesto que, en pleno aumento de casos positivos de contagiados por el Coronavirus, hay alcaldes preocupados por obras de infraestructura y no han asignado presupuesto alguno para la salud del pueblo. La población que en el confinamiento agradece por uno o dos días de trabajo cada semana a cambio de unos quetzales que no es el pago mínimo por jornal, no comprende por qué hay trabajadores del Estado que ganan muchos miles de quetzales al mes. Los puestos de elección popular, deberían ser por espíritu de servicio al pueblo, es decir, el quien tiene deseos de servir a su comunidad, al departamento o a todo el país, debe ser con un salario simbólico para sobrevivir en tanto atiende las soluciones a las necesidades de los pueblos. Hay modelos de servicio vigentes a pesar de las condiciones que imperan. El caso del derroche de dinero público por la asistencia a reuniones de los concejos municipales, merece revisión debido que un alto porcentaje de la población guatemalteca vive en condiciones de pobreza.

Cuando la Guatemala invisible desea presentar sus demandas al gobierno en turno, no tiene quien le escucha y no hay quien habla por la búsqueda de respuesta a sus necesidades. Es la población que obvian las políticas públicas de salud y educación. El estado de condiciones de vida de esta parte olvidada ha dejado que politiqueros y muchos funcionarios lleguen a puestos públicos a acumular fortuna de manera indebida ocasionando pobreza, desnutrición y analfabetismo.

Esta pandemia nos va dejando lecciones, por ejemplo, en tanto muchas personas se contagian y mueren, muchos politiqueros y funcionarios afinan estrategias para tomar recurso público de varias maneras; los grandes negocios siguen tan campantes distribuyendo sus productos en todo el país, mientras que los pequeños productores están confinados perdiendo hasta el último centavo; hay un porcentaje de trabajadores que están en descanso pero tienen asegurado los centavos para obtener comida; algunos líderes de religiones prefieren dejar en el olvido a sus seguidores y otros urgidos de recoger el diezmo y el equilibrio entre la acumulación de riqueza y la salud, el interés se inclina más por el dinero.

En tanto dure el confinamiento, cada familia debe reflexionar cómo desea ver su aldea, su municipio y su país dentro de unos 10 o 20 años. Tenemos que soñar y trabajar por un mejor futuro, donde todas las personas deben tener lo necesario para comer algo nutritivo, todos los niños deben cursar la escuela primaria, la juventud debe tener oportunidades al alcance para la escuela del nivel medio y la Universidad de manera gratuita. En el campo de la salud, las comunidades locales deben contar con centros de salud, en las cabeceras departamentales y lugares estratégicos los mejores hospitales, personal médico con formación de alto nivel y varias especializaciones y muy bien remunerado.

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