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El que ya no tiene paciencia es el pueblo, no usted Giammattei

Barataria

Prepotente y abusivo con el pueblo, pero sumiso y obediente por no decir lo que hacen los reptiles con los sectores a quienes les debe estar ejerciendo el poder.

Resulta muy gracioso y hasta anecdótico observar la transformación de los políticos cuando andan literalmente “mendigando” votos y una vez en el poder llegan a ser intolerantes, groseros, con poca paciencia para escuchar las quejas y planteamientos del pueblo y las preguntas de los reporteros.  Vemos a aquellos candidatos a la presidencia del país abrazar sin empacho a los ancianos, cargar niños, besarles la frente a muchos niñitos que muchas veces no tienen lavada la cara porque en el lugar en donde viven si mucho tienen agua para cocinar.  Sin embargo, en ese momento cuando el candidato está en la lucha por el puesto de elección popular no le importa meterse a cualquier lugar, suplicar por votos y prometer la tierra, la luna y además el cielo y las estrellas con tal de lograr el ansiado voto que le dé el acceso al ejercicio del poder público.  Sin embargo, una vez encumbrado en el poder este político humilde y sencillo al parecer se transforma de la noche a la mañana en un prepotente y abusivo funcionario al que no se le puede dirigir la palabra, que no existe planteamiento alguno de problemas porque al principio se excusa de que acaba de recibir el poder (aunque haya estado literalmente 12 años queriéndolo intentar como el actual mandatario),  y posteriormente la excusa será idiotamente decir que los gobiernos anteriores tienen la culpa y se hará lo que se pueda, lo cual tampoco resulta ser verdad.

La transformación de los funcionarios públicos no es solo del presidente, lo es de todos los funcionarios en general salvo rarísimas excepciones, aun los funcionarios de mandos medios nunca atienden a las personas que les solicitan una audiencia en muchos casos la excusa más común es mucho trabajo.  Hoy en día por supuesto estamos en crisis sanitaria y ello no es posible, pero siempre ha sido así directores, subdirectores, jefes de algún departamento lo cual es inaceptable porque se asume que estos son “servidores públicos”.

En realidad, el viernes último ha sido noticia la intolerancia y la impaciencia del presidente de la República en primera instancia cuando se reunió con autoridades indígenas ancestrales de San Juan Comalapa y que ante sus planteamientos legítimos, el señor Giammattei explotó y siendo un gobernante desbocado no atendió ni escuchó con atención lo que se le estaba indicando sobre la actividad minera cuando este es un viejo problema en Guatemala por lo que luego de varios intentos en elegirse presidente ya debe tener alguna propuesta seria, pero no. A lo desbocado e impaciente del señor Giammattei se le sumó el exabrupto que realizó cuando no quiso ni siquiera responder a una pregunta realizada por un grupo de jóvenes argumentando que “mejor se reunía con ellos” pero si los tenía enfrente porqué entonces no escuchar.  Nadie espera un presidente perfecto, pero es deleznable y vergonzoso que quien ocupa la presidencia de un país sea indolente, impaciente, abusivo y prepotente como lo es quien hoy se dice ser presidente de todos los guatemaltecos.  Ojalá así hubiera sido indolente y prepotente cuando el poder económico le obligó a suavizar las medidas para detener la pandemia de tal suerte que el país desde marzo esta semiabierto en su economía y el número de contagios sigue cada día más, pero eso sí, para estos sectores parece ser un sumiso y humilde sirviente que ni siquiera se atrevió a sancionar un decreto que permitía que se prorrogaran los pagos de servicios básicos, y no digamos otro tipo de medidas.  Prepotente y Abusivo con el pueblo, pero sumiso y obediente por lo decir lo que hacen los reptiles con los sectores a quienes le debe estar ejerciendo el poder.

Lo que talvez ignora el presidente Giammattei y toda la “retahíla” de funcionarios públicos es que a quien ya se le acabó la paciencia es al pueblo de Guatemala que desde hace años estamos esperando por más seguridad, mejor salud, mejores condiciones de vida y que nos decepcionan las actitudes del gobierno cuando los médicos de los hospitales públicos desde hace meses no se les provee insumos suficientes, no digamos del sistema de salud con que contamos o con cada “metida de pata” que hacen muchos funcionarios públicos y sin contar con los actos de corrupción que se están dando a ciencia y paciencia de las autoridades.  Es el pueblo el que debería ser impaciente viendo cómo la alianza de diputados oficialistas y otros retrasan la elección de las cortes cuando ya debieron hacerla porque el sistema judicial no puede continuar en ilegitimidad.  Por ello antes de que despotrique contra quién le hace un planteamiento el señor Giammattei debería de entender que quien ya no tiene paciencia es el pueblo.

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