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El dolor de la unidad nacional

Tanmi Tnam

El presidente de la República ha mencionado la necesidad de alcanzar la unidad nacional, pero con las percepciones y reacciones racistas que tiene hacia los pueblos originarios no es viable.

Ahora que mucha gente está en las calles, en mercados populares, los que viajan en medios de transporte público, será de tomar medidas extremas para evitar una catástrofe humanitaria que se podría concretar en muchas personas contagiadas por el Coronavirus, muertes en casa, en las calles, en las veredas y en los hospitales. ¿Cuándo aplicarán pruebas para diagnosticar personas contagiadas en aldeas y caseríos del interior de la República?

Algunos funcionarios y trabajadores del sector público, líderes religiosos y politiqueros, por muchos años, se han referido a la unidad nacional como indispensable para la gobernabilidad, la justicia, la paz y el desarrollo. El presidente de la República en turno, en algunos casos ha mencionado la necesidad de alcanzar esta “unidad nacional”, pero con las percepciones y reacciones racistas que tiene hacia los pueblos originarios no es viable.

Muchos guatemaltecos conocen que nuestro país está integrado por varios pueblos. En los últimos 30 años algunas reflexiones colectivas concluyen que hay cuatro pueblos: Xinka, Garífuna, Maya y Ladino. De estos pueblos, el pueblo Ladino es el que se considera superior, porque sus raíces vienen desde la invasión española, se impuso en la época colonial, la independencia criolla y llegar hasta nuestros días. El considerarse superior, lleva varios siglos luchando por conseguir la unidad nacional desde su particular manera de pensar, percibir y organizar a la sociedad guatemalteca. Para los pueblos invadidos han sido más de cinco siglos viviendo en las peores condiciones políticas y económicas debido al impacto negativo que han sufrido porque la unidad nacional se practica con base a la visión de un solo pueblo. Durante siglos, han tratado de conseguir la unidad nacional con acciones como estas: El Congreso de Guatemala el día 29 de octubre de 1824 decretó la ley de extinción de los idiomas indígenas; el Decreto Legislativo del 29 de marzo de 1836 se refería a la protección “de indígenas no civilizados” y “lograr su incorporación con el estado”; el Acuerdo Gubernativo del 27 de diciembre de 1871 que contempló la fusión de la alcaldía indígena con la alcaldía ladina. La Constitución Política de 1965, el artículo 110 se refirió que los grupos indígenas se integren a “a la cultura nacional”. La Constitución Política de 1985 dedica una sección de 5 artículos que tratan superficialmente a comunidades indígenas. Del Artículo 70 de esta sección, nadie se ha dignado en concretar lo que allí se establece.

En el plano educativo, en la década de los años sesenta del siglo pasado tuvo presencia el programa de Castellanización y que hoy día se ha extendido a algunos grados del nivel primario con el curso de idioma indígena en algunas escuelas rurales. Se ha dicho mucho acerca de la interculturalidad en el sistema educativo nacional, sin embargo, no es fácil identificar sus efectos en las aulas de los niveles primario y medio. Sigue prevaleciendo el discurso de que en Guatemala “todos somos iguales” y en el marco de tal discurso se desconoce y se desprecia el uso de los elementos culturales de los pueblos originarios en el currículo escolar.

La “unidad nacional”, para algunos, consiste en imponer y tener una sola cultura que, para el caso de Guatemala, se entiende que es asumir la práctica de la cultura dominante o cultura nacional. Para los pueblos originarios, la “unidad nacional” solamente es posible con el fortalecimiento de la identidad de cada pueblo, el reconocimiento y representatividad de estos pueblos en la organización del Estado de Guatemala.

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