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Las derechas guatemaltecas (Parte II)

Ordo

La política es multidimensional, tanto para la derecha como la izquierda.

Si lo que quiere la nueva derecha es agrandar el campo de derechas, o sustituir la vieja derecha con la nueva derecha, sería de gran utilidad que fueran los mismos representantes de la nueva derecha reformista que declaren y definan lo que representan. Ha de ser obvio que celebraciones de la izquierda progresista no serán considerados como méritos entre el campo de las derechas. Quedarse con solo esa audiencia limita el alcance y potencial político de cualquier intento de fundar una nueva derecha. Si la vieja derecha no les cree nada, la nueva derecha tendrá poca relevancia, excepto entre audiencias de la izquierda, lo cual solo levantaría más desconfianza entre la comunidad de derecha.

Por supuesto, la nueva derecha puede también adoptar la postura de la izquierda y descalificar a la vieja derecha, decir que no quieren tener nada que ver con ellos, pero si fuese así, valdría preguntar ¿por qué insistir en llamarse de derecha?

La política es multidimensional, tanto para la derecha como la izquierda. Por ejemplo, uno puede considerarse de derecha conservadora y estar en contra de la discriminación contra la comunidad gay, así como alguien de izquierda puede ser provida. Sin embargo, hay una realidad social que no se puede ignorar cuando se habla de la política en este país. Guatemala es una sociedad conservadora. Esto es algo reconocido y criticado tanto por liberales como progresistas.

En Guatemala los conservadores son de derecha. La identificación política debería de reflejar y responder a esa realidad. Quien se quiera definir de derecha en Guatemala haría bien en tratar los temas de la derecha conservadora para aclarar en qué temas están de acuerdo y en qué temas no. Esto no debería de ser tema de controversia. Si uno insiste en quererse llamar de derecha, sería bueno entender sus razones. ¿Cuales serían las posturas ante temas como la familia, el matrimonio, el aborto, la economía de mercado, el sector privado? Sería de mucha utilidad poder saber que tan nueva y diferente es la nueva derecha. Esto serviría de mucho si lo que se quiere es ganar adeptos.

Indudablemente, cualquiera está en la libertad de importar conceptos de derecha de otros países para oponerse a conceptos de derecha como se entiende en Guatemala, pero sería bueno para el diálogo político que lo expliquen abiertamente. Declararse afín a los conceptos de una derecha alemana, por ejemplo, es válido, pero no precisamente te ubica adentro de la derecha guatemalteca. Para convencer a la derecha guatemalteca que la derecha alemana es el modelo para seguir, serviría de mucho el diálogo político transparente. Por supuesto, siempre existe la opción de innovar nuevos movimientos e identidades políticas. En el caso alemán, vale recalcar que el afamado centrismo de su derecha fue producto del contexto que vivió ese país bajo la ocupación militar americana después de la Segunda Guerra Mundial.

Guatemala necesita reformarse, en muchos aspectos. De ahí nacen las agendas reformistas, que no solo pertenecen a la izquierda, por cierto. Liberales que se podrían ubicar a la derecha del espectro político quieren acabar con el mercantilismo y proteccionismo comercial, y la discrecionalidad estatal que abre puertas a la corrupción. Esa es una agenda no solo reformista, sería prácticamente revolucionaria. La izquierda también tiene su agenda ambiciosa de reformas, dentro de la cual no enfatizaban la lucha contra la corrupción hasta hace relativamente poco.

La corrupción no tiene ideología. Está impregnada en nuestro sistema político, en el cual participan tanto la izquierda como la derecha. Si vamos a hablar de reformas, tanto la izquierda como la derecha deberían de reformarse. Aceptar la narrativa de izquierda que es la derecha que debe reformarse no precisamente es algo que va a ganar muchos seguidores entre la comunidad de derecha. Criticar a la corrupción de la derecha desde la derecha es válido, pero callar ante la corrupción y excesos de la izquierda, y de las mismas entidades extranjeras que se meten en los asuntos nacionales, no genera credibilidad.

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