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El presidente acrecentó su antipatía

Poptun

Alejandro Giammattei empezó con buen pie el manejo de la crisis sanitaria, con lo que se ganó la admiración y el respaldo de millones de guatemaltecos.  Ahora, esa percepción ha cambiado y los comentarios no son nada halagadores.

El fracaso del manejo de la crisis, los préstamos millonarios sin fiscalización y poca ejecución, el escaso apoyo al personal de salud que se encuentra en primera línea contra el coronavirus; el incumplimiento del primer pago del bono familia y del segundo desembolso para otros, la ausencia de posicionamiento frente a la crisis política generada por la reiterada desobediencia de la resolución de la Corte de Constitucionalidad por parte del Congreso respecto a la elección de magistrados; constituyen algunas de las causas que poco a poco le han restado aceptación popular.

El presidente ha mostrado ante la opinión pública, múltiples contradicciones, mentiras, promesas falsas, mal carácter y poca tolerancia.

Como ejemplos se pueden mencionar, las disposiciones presidenciales en caso de calamidad pública que se decretaron en el mes de marzo para contener el brote del virus que establecían regulaciones “estrictas”, y en las que autorizaba que “únicamente” las empresas que prestaran servicios esenciales estarían laborando. Esa medida duró sólo un corto tiempo, ya que luego exteriorizó que la zapatería de “Doña Chonita” podría continuar vendiendo.  Lo que indujo que empresas relacionadas con actividades no esenciales convocaran a sus trabajadores a desarrollar sus funciones.   

En otra ocasión, anunció que si los casos continuaban en aumento cerraría el país totalmente. A los tres días, en un auténtico acto demencial, manifestó que no era cierto que cerraría el país por 15 días, y exhortó a que no creyeran lo que no saliera de su boca

Su mal carácter y poca tolerancia a la crítica, lo ha demostrado públicamente. El apelativo de “esperpento” a un congresista que cuestionara abiertamente la certeza de las cifras oficiales brindadas por COVID-19 y requería que se aplicaran más pruebas y se descentralizaran para que existieran datos más reales; es una muestra de falta de paciencia y respeto hacia los demás.

En cadena nacional, formuló un juramento, y prometió que por lo más sagrado de su vida (los guatemaltecos), haría todo lo que estuviera en sus manos para contrarrestar el virus porque no podría dormir tranquilo y pasaría toda su vida lamentándose profundamente por cada uno de los fallecidos como consecuencia de hacer algo equivocado.

Sin embargo, la semana pasada, diversos medios de prensa y noticieros, se centraron en las declaraciones proporcionadas por el presidente, en las cuales manifestó que es responsabilidad de la gente no contagiarse, porque es un problema que la gente debe resolver y ya no el gobierno.

Esas divulgaciones concluyentemente constituyen una infracción a lo establecido en los artículos 94 y 95 de la Constitución, que regulan El Estado velará por la salud y la asistencia social de todos los habitantes”, “La salud de los habitantes de la Nación es un bien público. Todas las personas e instituciones están obligadas a velar por su conservación y restablecimiento.”

Derivado de esa afirmación, Acción Ciudadana y Justicia Ya, interpusieron ayer una denuncia en su contra, por la supuesta comisión del delito de incumplimiento de deberes por no desempeñar sus obligaciones y dejar de lado el compromiso de proteger a las personas, la salud y la vida. Los denunciantes revelaron que, con la baja ejecución de los 25 mil millardos predestinados a la crisis sanitaria, sólo se ha ejecutado el 8%, y del dinero del bono familia sólo el 27%, lo que acredita fehacientemente lo denunciado.

El propio presidente confirma su incoherencia, en la cadena nacional del 14 de mayo, en la que declaró que el Artículo 1º de la Constitución, establece que el Estado se organiza para proteger a la persona y la familia y que el fin supremo es la realización del bien común, y que el artículo 183 de ese mismo cuerpo legal le ordena “Cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes” y hacer prevalecer la vida como el bien más preciado que tenemos los seres humanos, porque sin salud no es posible la vida y la economía.

El futuro del presidente de la República, ahora está en manos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes determinarán si procede o no el antejuicio. Sin embargo, e independiente de lo que suceda con la acusación, el presidente Alejandro Giammattei, está perdiendo una oportunidad histórica de quedar grabado de forma positiva en la memoria de la población, porque con tantas mentiras y contradicciones, produce cuantiosa antipatía, al ser concebido como persona poco fiable, no digna de confianza, y exenta de todo crédito, que inoportunamente ha renunciado a realizar el bien común.

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