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En el filo de la navaja

Mirilla Indiscreta

No me imagino a nadie caminando sobre el filo de una navaja, sería suicida y torpe ya que la cortada a lo largo de la planta de los pies y la muerte serían inevitables.

Pero todos entendemos el significado de la expresión cuando la escuchamos; comprendemos que se trata de una situación límite, un momento crucial, en donde el sujeto advertido, tiene ya pocas opciones para superarla.

Guatemala, está caminando sobre el filo de una navaja, prácticamente sin alternativa.

Agotado el gobierno dentro de un estado fallido; y desterrada la gobernabilidad, los grupos atrincherados, llaman a cerrar filas para dar por concluida esta etapa política del país.

La población indiferente no llega a comprender que constituye la principal mercancía de esta debacle, en donde todos proclaman su representación y casi nadie puede demostrarla.

Movimientos de todo tipo incubando la traición como el instrumento más eficaz para no llegar a ninguna parte.

La deslealtad y la traición prematura, como la hostia obligada en la misa negra de la política, oficiada en una iglesia en la que todos son arzobispos, pero vacía de fieles y seguidores.

Pero el país está allí, roto en pedazos y sin conducción, asfixiado por las mascarillas, el gobierno, los jueces y la mayoría de los diputados, todos espantando con el virus del muerto, pero descaradamente lucrando con la picardía del vivo.

Cincuenta organizaciones de la poderosa sociedad civil, instalada en el gobierno, pidiendo la renuncia del jefe del ejecutivo, traicionando al socio, para no deshonrar su calidad de traidores a cualquier cosa.

pero respetuosos del distanciamiento social, les pidieron a sus miles de seguidores, que no fueran a la plaza, por aquello de los contagios, solo se enfermaran cincuenta.

La verdadera utilidad de las mascarillas quedó plenamente demostrada… evitar la cara de vergüenza de cincuenta bulliciosos manifestantes.

Quedará sólo por ver, quién se acreditará la paternidad de tan multitudinaria solicitud de renuncia a don Alejandro, que únicamente le falto, bebida en ristre, salir al balcón presidencial y decirles ¡Salud!

Pero el problema continúa allí, enquistado como tumor maligno en el cuerpo social guatemalteco.

Las condiciones del país, reclaman un proceso de urgente cirugía, que sin duda alguna contará con el beneplácito de un pueblo, que no obstante estar acobardado, intuye, sin tomar conciencia de la conspiración mundial para esclavizarlo y se pliega al barullo cultural, social, económico y político en que lo tienen arrinconado.

En esas condiciones, prefiere multiplicar sus oraciones al creador frente a la ausencia de seres terrenales, que lo rescaten de la infame situación.

Y aún sabiendo que su reino no es de este mundo, le suplican, que le quite al Cesar el poder del Cesar y les retorne Dios: La paz, tranquilidad y felicidad a su pueblo atormentado.

La luz verde la está dando el semáforo de la historia, el vehículo está allí, hay que buscar al piloto que se atreva a manejarlo.

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