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El verdadero arte de amar

Ventana Cultural

Me ha tomado mucho tiempo pensar en el tema de esta reflexión. Y,  en el momento histórico en el que nos encontramos, quien escribe esto se ha quedado en una disyuntiva que espera poder descifrar.

Pero realmente eso es lo que poco importa. El tema central, pienso yo, sería la máxima que Jesús nos enseñó, el primer mandamiento que él nos dio: “Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos.” Y esto me lleva a una interrogante: ¿Cómo podemos amar a otros si no nos amamos a nosotros mismos?

El gran psicólogo y filósofo alemán Erich Fromm, hablaba en su arte de amar que el ser humano ha aprendido que amar es fácil pero encontrar a quién amar en el mercado de posibilidades es sumamente difícil. También recalca que el amor es un arte, como arte es la horticultura, la escultura, el drama o la música, o la pintura.  Amar requiere tiempo y dedicación, dice él en su libro… y explica los diversos tipos de amor y las patologías que hay en el ser humano que se extralimita al momento de amar.  Por ejemplo, menciona que el que es sobreprotector, no ama al objeto de su amor, sino más bien, tiene una ira que se manifiesta en cuidados excesivos, o la diferencia entre el amor materno y paterno, que uno es incondicional y el otro es condicionado… en fin, un montón de cosas más. Pero vamos a lo nuestro.

La gente está acostumbrada a un estilo de vida. Eso es cierto. Pero hay gente que se cría sin amor, crece queriendo complacer a otros para ser aceptados, o, más bien, lo contrario, son gente que se ama cuando la gente les demuestra que se aman.

En realidad, no podemos dar algo que no tenemos, menos si no se nos fue enseñado. Tenemos un concepto del amor que va más allá de lo que la comprensión puede llevar, pero porque es lo que hemos aprendido. Aprendimos a tomar y poseer a la gente y los objetos, y, por ende, se controla. Pero debemos de aprender una cosa. El amor es un arte, y como tal, surge libre y da libertad a aquel que lo da y lo recibe.

La diferencia entre amar y querer es enorme, porque cuando se quiere, se obtiene, cuando se ama, se deja ser. Cuando uno ama, hace que su ser se compenetre en el ser del otro, dándole la libertad para moverse plenamente. Cuando uno o los dos progenitores no saben enseñar el amor, o dar amor, la demás gente que rodea al niño, le dan su amor, el ser humano debe aprender a desarrollarlo, convirtiéndose en su propio padre y madre, que enseñe ese sentimiento que es el amor.

La verdad es que esa máxima bíblica es muy cierta: no podemos dar lo que no tenemos. Por ende, si no nos enseñaron a desarrollarlo, nosotros debemos buscar la manera de hacerlo. No podemos cuidar de una persona si no podemos cuidarnos a nosotros mismos. No podemos enseñar algo sin antes habernos formado a nosotros mismos. No podemos amar a nadie sin antes amarnos a nosotros mismo.

Amar va más allá del sentimiento poético. Amar requiere de disciplina, tomando en cuenta las cuatro fases de la disciplina: orden, ritmo, armonía y afirmación que se pueden asociar con conocimiento, uno no puede amar algo que no conoce y, no podemos amarnos a nosotros mismos si no nos conocemos, luego viene el respeto, que es la habilidad de ver las cosas y la gente tal y como son, aceptarlos tales y como somos, de allí viene la responsabilidad, es decir, la habilidad de responder ante algo o alguien. Y por último, cuidado, media vez cuidamos de nosotros mismos podemos cuidar a otros. Y, sencillamente cierto, si falta uno de estos elementos, deja de ser amor y es otra cosa.

Amar es un arte, tomémoslo como tal.

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