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Las elecciones en EE. UU.: ¿Trump pierde?

Ordo

Pareciera que Donald Trump va a perder en las elecciones en noviembre. Eso dicen las encuestas. Eso dicen los medios. Eso dicen los expertos.

Hay razones que justifican esa apreciación.  A mediados del año 2020, Estados Unidos enfrenta varias crisis de manera simultánea. El virus de Wuhan ha cobrado la vida de 170 mil estadunidenses, y muchos cuestionan el manejo de la pandemia por el gobierno federal bajo el cargo de Donald Trump. La crisis económica mundial ha pegado fuerte en la principal economía del mundo; los gobernadores Demócratas se niegan a levantar restricciones por temor a que cualquier mejora económica favorezca a Trump en las urnas.

Estados Unidos también atraviesa una crisis política. Desde antes que Trump asumiera el poder en Washington, D.C., los altos mandos en la comunidad de inteligencia, el cuerpo diplomático y el Departamento de Justicia se empeñaron en armarle a Trump, un outsider político, un golpe a su candidatura y luego presidencia, cosa que ha deslegitimado ante millones de ciudadanos norteamericanos la conducta de las agencias del Estado que tradicionalmente gozaban de mucha confianza pública. Hay nula cooperación en la gobernanza de Estados Unidos, dado que los Demócratas, y no pocos Republicanos, tomaron la postura de resistencia a la presidencia de Donald Trump, sea cual sea su propuesta de política pública.  A lo anterior, se suma una crisis social, reflejada por una ola de violencia y acoso político que los medios masivos se niegan a admitir que existe, excepto para armar la narrativa que cualquier violencia es culpa de la provocación del gobierno federal y el discurso divisivo del presidente Trump.

Ante todos estos retos, y otros más, Trump tendrá muy difícil la tarea de reelegirse como presidente de Estados Unidos para un segundo mandato. Aunque su autenticidad y asertividad ha sido su fuerte, su indisciplina comunicativa no le ayuda, sobre todo en un contexto donde los medios masivos han tomado una clara postura de resistencia a su presidencia. Medios como CNN le hacen fact-check (verificación de hechos) a cualquier comunicación de Trump; a veces no refutan los hechos reclamados, sino simplemente posicionan otro argumento interpretativo sobre como se deben interpretar los hechos.  Abandonando cualquier pretensión a la objetividad, no hacen lo mismo con los Demócratas; por lo menos no con la misma fuerza, no con la intención de armar la narrativa que los Demócratas mienten constante y grandemente (lo hacen).  A esto se suma la censura en las redes sociales contra el presidente y voces importantes de la comunidad de derecha que apoya a Trump. Claro está, los medios y las redes han tomado partido en la contienda, y es en contra del presidente Trump.

Sin embargo, quedan dos meses y medio para las elecciones. Las encuestas se van a apretar. Eso ya está pasando. La estrategia de Joe Biden ha sido columpiarse sobre el desgaste del capital político de Trump (muchas veces autoimpuesto) y esconderse de los medios, que no muestran mayor interés en entrevistarlo seriamente. Trump, por su parte, por su bien o mal, se muestra muy abierto con los medios, sus enemigos declarados. El entusiasmo de la base política está a favor del presidente. Existe mucho entusiasmo en su contra, pero está por ver si un antivoto es suficiente motivación para lograr alta participación de la base del partido Demócrata, que está más radicalizada que nunca y poco entusiasta con la candidatura de Biden/Harris. Encuestas revelan que la base Demócrata está más alineada con el Senador socialista Bernie Sanders que con Biden. Aunque los medios tratan de pintar a Biden como un candidato representante de la moderación, el mismo Barack Obama ha dicho que no hay mucha diferencia entre Biden y Sanders, un obvio intento de motivar el voto en la base.

Según algunas encuestas, la aprobación de Trump subió después de la Convención Demócrata, que bajó significativamente en su audiencia en comparación con años anteriores. En la Convención Demócrata, no se hizo mención de grandes temas que preocupan al pueblo norteamericano. La rivalidad y nefasta conducta de la potencia comunista de China no recibió mayor atención, a pesar de que una gran mayoría de ciudadanos estadounidenses ven a China comunista con una gran desaprobación.  Asimismo, los Demócratas no hicieron referencia alguna a la ola de violencia política que asedia a las grandes ciudades en Estados Unidos, que por cierto están totalmente controladas por Demócratas por décadas. El tema de la ley y el orden es importante para los votantes norteamericanos, sobretodo cuando hay falta de ley y mucho desorden. Para sorpresa de muchos, tampoco los Demócratas hicieron mención del Impeachment de Trump, que fue el único cometido de los Demócratas en control de la Cámara Baja del Congreso desde que retomaron el control en 2018.  Ese es un indicador de falta de confianza en su propio trabajo, y de temor que a los independientes no les gusta del todo la postura de resistencia que los Demócratas, los medios y la élite intelectual del país ha tomado en contra de la presidencia de Trump.

Existe un dicho popular que no hay que subestimar la estupidez política de los Republicanos en Estados Unidos. Esta vez, puede aplicar al revés. Los Demócratas, confiados en su victoria en noviembre, han dejado de lado su estrategia tradicional de esconder el grado con el que comulgan y coquetean con la izquierda radical. Esta vez van con todo. Por si acaso ganan, escenario en el que confían, quieren tener el mandato nacional para aprobar los grandes proyectos socialistas que vienen anhelado, cosas como el Green New Deal, incrementar el estado benefactor, e importar nuevos votantes desde el extranjero, para permanecer en el poder eternamente. Confían en que sus medios afines lograrán imponer sus narrativas por encima de la realidad y que lograrán controlar los parámetros del discurso político en Estados Unidos hasta el día de las elecciones.

Para que los Demócratas logren todo esto, necesitan alta participación a su favor de los jóvenes, minorías, y mujeres. Trump tiene la aprobación más alta que el promedio Republicano entre la comunidad negra.  Su aprobación entre latinos es baja, pero está mejor que en 2016. Habría que recordar que en 2016, el voto de la mujer blanca se la llevó Trump. Y las invasiones agresivas a medianoche de los barrios en los suburbios por grupos marxistas como Black Lives Matter y Antifa no necesariamente van a activar el voto de la madre a favor de los Demócratas. Veremos.

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