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Prófugo de la justicia

Poptun

Gran controversia y alboroto causó la detención de Alejandro Sinibaldi, el día de ayer. Permaneció más de cuatro años escondido y prófugo de la justicia guatemalteca. A Sinibaldi, se le decretó orden de aprehensión el 11 de julio del 2016, por el caso Construcción y Corrupción, pero posee más órdenes de detención en su contra por otros casos penales relacionados con actos de corrupción.

Más allá de las preguntas que puedan realizarse en el presente caso sobre cómo logró evadir la justicia por tanto tiempo, quiénes lo ayudaron para viajar a Italia, con qué documentos realizó dicho viaje y por qué decidió en este preciso momento presentarse ante la justicia guatemalteca; vale la pena asimismo analizar las declaraciones que Sinibaldi efectuó a la prensa el día de ayer:

“Y contar la verdad significa, hablar de muchas cosas, y les pongo un ejemplo, por ejemplo, los constructores que me llamaron extorsionista, yo nunca extorsioné a nadie. Los creadores del sistema de corrupción en el Ministerio de Comunicación, son los constructores. Los políticos, los ministros, son ave de paso, ellos han creado un sistema de corrupción para lograr adjudicarse, prácticamente a dedo, las obras que a ellos les interesa. Así que esa será una de las muchas verdades, que aquí, si tengo la oportunidad, vamos a aclarar ante la justicia penal.”

En otros procesos penales relacionados con actos de gran corrupción en nuestro país, hemos descubierto que las palabras de Sinibaldi muestran la realidad de cómo opera la corrupción.  En dichos juicios, se ha establecido que efectivamente hay una relación solidaria entre los dirigentes empresariales, junto a las instituciones del sector público.  A este tipo de corrupción, se le denomina del “ámbito público” o la de “ellos”, donde participan los dirigentes empresariales, junto a las instituciones del sector público, a través de sus funcionarios públicos.

Esa relación provechosa entre estos dos sectores, acredita la complejidad del fenómeno y lo difícil que resulta combatir ese cáncer, pues es espinoso luchar contra un monstruo que posee gran poder, influencias y son los dueños del capital. Advertimos concretamente, como los opositores de la lucha anticorrupción se han unido para formar un frente común, con el fin de debilitarla y descalificar a sus grandes aliados, a tal punto que ahora el estado de derecho no se respeta, y sus acciones nos conservan como una sociedad de la anomia.

Aunque es prematuro especular sobre el destino que tendrá el ex ministro de Comunicaciones ante la justicia penal guatemalteca, si el mismo colaborará eficazmente, y cómo finalizará ese proceso penal; es elemental recordar el daño que la corrupción ha causado a la sociedad guatemalteca, en la que su progresión ha favorecido el crecimiento de la inestabilidad institucional, la polarización política, menoscabado el crecimiento y el desarrollo de Guatemala, y a la vez ha entorpecido el camino de miles de guatemaltecos, luego que roba el sueño de vivir en una sociedad más justa y equitativa.

La corrupción, es un delito mucho más grave que un asesinato o un homicidio, ya que no sólo implica el desvío de recursos, sino que sus efectos a largo plazo son sumamente perjudiciales para la población más pobre, puesto que muchos servicios no se prestan y eso puede representar la mortandad de millones de personas, porque sus consecuencias se traducen en falta de provisión de medicamentos y vacunas, ausencia de servicios de agua potable o energía eléctrica, falta de suministros de útiles escolares o de contratación de maestros y médicos, falta de construcción de caminos, entre otros.

Observamos como la corrupción y sus seguidores, son el mayor enemigo de la sociedad, porque tal y como lo expresa la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, ésta “…es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad.  Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana”.

Para que la lucha contra la corrupción sea sostenible a corto, mediano y largo plazo, es ineludible la participación de la ciudadanía.  En el caso concreto, es forzoso que la sociedad esté vigilante del desarrollo del proceso penal contra Alejandro Sinibaldi, con el fin de estar informados y apoyar a los encargados de su procesamiento para prevenir cualquier intento de impedir el juzgamiento de este ex prófugo de la justicia, ya sea por su propia posición procesal en el juicio o bien por parte de los que temen ser señalados.

La lucha contra la corrupción se encuentra debilitada con la arremetida que impulsó en contra de sus principales aliados, y es por eso que la participación ciudadana es un bastión para fortalecerla.  La colectividad debe de comprender que, asegurando la sanción penal de los culpables, es la mejor manera de erradicar esos actos que vulneran los derechos más fundamentales de la población guatemalteca.

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