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La computadora: Nueva lampara de Aladino

Antropos

Las computadoras no escapan a la necesidad de establecer una relación armoniosa entre la cultura, la ciencia y los valores humanos.

La computadora como la nueva lámpara de Aladino, provee a las personas nuevos modelos mentales, matemáticos, organizativos, administrativos, negocios, emprendimientos, metodológicos y pedagógicos, así como el camino de la virtualidad. Esto significa que la aplicación de las computadoras en la educación debería potenciar la inteligencia, la imaginación y la libertad de decisión, lo cual nos conduciría a reafirmar qué estamos en un escenario tan amplio que no sólo gira alrededor del ámbito científico-tecnológico, sino que integra la cultura y el arte.

El énfasis que tradicionalmente se le ha dado a las computadoras en el ámbito científico-tecnológico ha generado un ambiente distorsionado del uso de las mismas, y, por lo tanto, se ha profundizado la vieja dicotomía entre educación humanística o científica.  Ciertamente en el primer caso la tendencia se orienta al desarrollo integral del ser humano, y en el segundo, al tecnocrático.  En uno y otro caso, se exacerban las diferencias, cuando esto no es así. En tal sentido es urgente un planteamiento de una filosofía de la educación que conceptualice la sociedad actual y la formación del ser humano hacia el futuro a la que podríamos definir como una pedagogía digital.

Papert en su libro Desafío de la Mente, señala que la presencia de la computadora podría unificar las culturas humanísticas y matemático-científico, en tanto que puede llevar a la niñez a una relación humanística con las matemáticas, por cuanto sirve como fuerza para derribar las barreras de las “dos culturas”.

Obviamente las computadoras por sí mismas no pueden hacer nada y dependen en gran medida del hombre y de quienes dirigen los procesos educativos. No podemos permitir que la máquina programe al ser humano, sino que éstos tomen la iniciativa en la interacción con este instrumento innovador de la tecnología. Los sujetos descubren en la computadora el placer de la creación, en tanto no se dan imposiciones externas ni verdades absolutas. La libertad y creatividad no se ven frenadas por el temor al castigo. Equivocarse no es malo, y se puede aprender de errores.

Precisamente Platón en la antigua Grecia afirmó que en la educación un ser humano libre no puede aprender nada impuesto por la fuerza, sino que los niños aprenden jugando. Para los griegos, el maestro es un guía que ayuda a descubrir la verdad. Y es en esa línea que los defensores del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en la educación sostienen que no importa la máquina con la que el niño aprende, sino, el niño mismo. Afirman que las nuevas tecnologías deben adaptarse sabiamente a la sociedad.

Las computadoras no escapan a la necesidad de establecer una relación armoniosa entre la cultura, la ciencia y los valores humanos. Esta innovación tecnológica, debe, por lo tanto, ser comprendida y humanamente encaminada, de otra manera, será difícil afrontar los cambios que trae aparejados en el marco de la cuarta revolución industrial. Esperamos que este instrumento tecnológico sirva para unir felizmente lo ordinario con lo extraordinario, la inteligencia con las emociones.

Así, debemos preguntarnos acerca de lo que se enseña, cómo se enseña y para qué se enseña. Está claro que introducir tecnologías innovadoras, sólo es posible si se  responde a las preguntas señaladas. Contrariamente sería agravar el proceso educativo.

El pedagogo López Quintás señala que educar es enseñar a jugar, a realizar día a día creadoramente la gran tarea dialógica de insertarse en lo real. En el mismo sentido Piaget defiende la concepción que el niño debe ser el constructor de sus propias estructuras mentales. Esto indica que para la educación interesa resaltar la persona humana destacando los valores de la inteligencia, voluntad, conciencia y fraternidad. Significa desde la perspectiva de este autor, que el crecimiento indiscriminado de la inteligencia, debe ir paralelo con los valores universales de la humanidad, para que adquiera sentido, lo que es una auténtica educación.

En ese sentido, los beneficios de las tecnologías de la información y la comunicación, dependen de cómo se apliquen y con qué criterio se utilizan y no de la mera presencia de los mismos. O sea, siguiendo los pasos de López Quitás y Piaget, para que éstas jueguen su justo valor, deben ser programadas y diseñadas por educadores con el apoyo de los informáticos para generar metodologías encaminadas a repensar la educación desde una visión de una nueva pedagogía digital.

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