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Las vacunas son como el bautismo

Punto De Vista

No estoy hablando de si es obligación o no, al fin y al cabo, la libertad de decidir debe estar siempre presente, pero con argumentos racionales, no emocionales y menos conspirativos.

Hoy, en medio de la pandemia de un virus que conocemos más, pero no conocemos del todo, varios países y laboratorios están tratando de encontrar a velocidad de rayo una vacuna que pueda frenar o evitar los estragos que deja físicamente en muchas personas. También está la parte emocional de pasar la enfermedad, para eso no habrá vacunas y es un área a la cual no se la ha prestado la debida atención. Lo cierto es que científicos de todo el mundo están trabajando contra reloj. Este virus paralizó al mundo.

Sin embargo, antes de que se logre lo anterior, he observado una oposición para aplicar la vacuna contra el COVID-19, lo cual es legítimo, pero lo que no observo son argumentos medianamente lógicos o racionales al respecto.

Hace algunos años, cursando el Trienio de Teología para Laicos, en el Instituto (ahora facultad) Mariano Soler en Uruguay, pregunté a uno de los profesores (no recuerdo su nombre), cura católico, si el bautismo no era una imposición de parte de los padres a sus hijos. Su respuesta contundente y sin dudas fue la siguiente: “es como como las vacunas, los padres se las aplican a sus hijos pensando en una protección”. No tuve nada que decir, dado que el sistema de vacunación en Uruguay es contundente y nadie cuestiona eso, al menos en aquella época.

Recuerdo como mi mamá llevaba mi carné de vacunación, no se le escapaba una sola vacuna, yo sufría. La única vacuna con la cual no tenía problemas era contra la poliomielitis, no había que pincharse el brazo, solo un sabor amargo; que terrible enfermedad lograba detener. Recuerdo a mi profesora de Derecho en bachillerato, caminaba con gran dificultad, había sido víctima de la poliomielitis en su infancia.

Lo anterior, me lleva a la gran noticia que la poliomielitis fue erradicada de África, tras 4 años sin casos declarados y masivas campañas de vacunación. Se han salvado más de 1.8 millones de niños, según ha informado la Organización Mundial de la Salud, el recién pasado martes 25 de agosto. La poliomielitis es una enfermedad viral que puede causar parálisis y afecta principalmente a los niños menores de cinco años. La enfermedad puede prevenirse mediante una simple y eficaz vacuna oral, protegiendo así al niño de por vida.

También podríamos dar el ejemplo de la vacuna contra el virus del papiloma humano. Según el estudio de Conde, De la Fuente Valero, López y López Prada, denominado Beneficios de las vacunas (2020), desde hace más de diez años existen vacunas para la infección. La creencia general es que el virus, acota su capacidad lesiva a un sexo, las mujeres, y a un órgano en concreto, el cuello del útero. Lo cierto es que la enfermedad afecta tanto a hombres como a mujeres y no depende de la orientación sexual. Puede transmitirse de la madre al feto, sobre todo si hay condilomas en el canal del parto. Los resultados son contundentes, al aplicar la vacuna, se ha comprado una reducción de verrugas genitales, reducción de lesiones en cuello de útero y reducción de recaídas de lesiones de alto riesgo en cuello de útero en mujeres que se vacunan tras la conización.

Ahora bien, el estudio “Motivos de no vacunación: un análisis crítico de la literatura internacional, 1950-1990” realizado por López, Orozco y Leyva del Centro de Investigación en Sistemas de Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, Morelos-México (1997), afirma que cobra especial interés las “decisiones informadas” que toman las poblaciones para participar o no en un programa de vacunación. En países desarrollados el acceso a la información que las poblaciones tienen en general facilita su participación, pero por momentos se ha convertido en un obstáculo, ya que se llega al punto de cuestionar el valor preventivo de las vacunas. En ello han jugado un papel importante el personal de salud, particularmente los médicos. En países en desarrollo las poblaciones no tienen un acceso tan fácil a la información además de que su racionalidad generalmente no se encuentra tan familiarizada con las premisas del modelo biomédico. Esta combinación ha llevado a algunos investigadores a concluir que las costumbres, las ideas y la “ignorancia” de las poblaciones operan como barreras para la participación.

El estudio agrega que es necesario reflexionar e insistir sobre la responsabilidad que tiene el sector salud de generar una cultura preventiva, informada, sobre los beneficios y riesgos potenciales de las vacunas. Los programas de vacunación en el futuro deberán considerar que informar apropiadamente a la población sobre las vacunas es una buena forma de garantizar su participación.

Pensando en la futura vacuna contra el COVID-19, la información será fundamental para tomar una decisión al respecto. Me preocupan las teorías conspirativas, los argumentos carentes de toda lógica, razón, extravagancias, que frenen una inmunidad que nos proteja frente al COVID-19. No estoy hablando de si es obligación o no, al fin y al cabo, la libertad de decidir debe estar siempre presente, pero con argumentos racionales, no emocionales y menos conspirativos.

Creo que la velocidad con que desarrollan la vacuna es lo que causa mayor desconfianza, por tal motivo la transparencia en los procesos será crucial para el éxito de su aplicación. Lo que si es innegable, es el beneficio de las vacunas en la historia de la humanidad y el trabajo arduo, incansable de tantos seres humanos en encontrar curas a tan terribles enfermedades. Los datos están ahí y el conocimiento científico también. Al fin y al cabo, como me dijo aquel sabio cura, el bautismo es como las vacunas y viceversa, agregaría ahora.

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