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Los estados de calamidad pública: El método para el saqueo

Barataria

Son un medio que utilizan los gobernantes para poder utilizar los recursos a manos llenas, comprar voluntades y enriquecerse a costillas del Estado.

En Guatemala se encuentra vigente desde 1965 la Ley de Orden Público, que es un instrumento legal promulgado hace más de cincuenta años para establecer y regular lo que se da en llamar “Estados de Excepción”.  Los Estados de Excepción evidencian la respuesta del país ante las situaciones singulares que ocurren de forma imprevista y constituyen graves amenazas de origen natural o por la movilización colectiva y que afectan lo que se ha llamado la seguridad del Estado.  La institución de los estados de excepción de conformidad con la citada ley, constituyen excepción al régimen de legalidad contemplado en la Constitución y por lo mismo su utilización es de manera limitada en un espacio territorial y periodo de tiempo determinado para evitar que los funcionarios públicos cometan arbitrariedades a pretexto de su existencia.

Varios gobiernos que hemos tenido en el país han utilizado algunos de los estados de excepción contenidos en la Ley de Orden Público algunos con razón justificada y otros como un medio para evadir la Ley de Contrataciones del Estado. Hay verdaderamente casos vergonzosos y paradigmáticos, como durante el Gobierno del señor Álvaro Colom que Decretó Estado de Calamidad Pública y  más “abusado” que otros y más atrevido que otros, lo declaró en “todo el país” la primera razón, por la “hambruna” que incluyó hasta el Departamento de Guatemala con todo y la zona 14,10, 15, 16 y carretera a El Salvador porque para él allí también había crisis de hambre y, posteriormente decretó otro Estado de Calamidad Pública, por los daños que ocasionaron las lluvias que según él creyó en todo el territorio llueve parejo y de forma tan copiosa que declaró en todo el territorio nacional, para atender “esta emergencia”.

Luego vino el turno del señor Otto Pérez Molina en el cual  se declaró Estado de Calamidad Pública en ocho departamentos del occidente del país (San Marcos, Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, Quiché, Retalhuleu, Mazatenango, Sololá), por un sismo que ocurrió en el Estado de Chiapas, concretamente en la Ciudad de Tapachula y afectó únicamente en el Departamento de San Marcos y fue tal su manía que prorrogó este Estado de Calamidad Pública por tres veces.  Luego decretó en el mes de Agosto un Estado de Calamidad Pública en dieciséis departamentos el país Jutiapa, Chiquimula, Santa Rosa, Quiché, El Progreso, Huehuetenango, Baja Verapaz, Zacapa, Retalhuleu Sololá, Totonicapán, Chimaltenango, San Marcos, Guatemala, Suchitepéquez y Jalapa, es decir casi el 80% del territorio nacional y la razón para ello fue el fenómeno climático del “El Niño”, también prorrogó este Estado de Calamidad.

Luego llegó el momento para el Gobierno de Jimmy Morales y también decretó en varias ocasiones Estado de Calamidad, especialmente el que dictó cuando se dio la tragedia del Volcán de Fuego ya conocida por todos.  Y, al parecer el actual Gobernante, el señor Giammattei, le encanta esta forma de gobernar cual dictadorcillo, se estrenó gobernando decretando Estados de Prevención “exprés” que duraban siete días, lo hace para supuestamente combatir el crimen organizado, para resolver un conflicto ancestral de límites de tierra y luego con la pandemia se declaró Estado de Calamidad el cual se ha ido prorrogando hasta el día de hoy.

Cuando analizamos los estados de excepción decretados por los gobernantes vemos que en algunas ocasiones, se han dictado porque reconocen la incapacidad del Estado de combatir la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico como ha sucedido en los diferentes Estados de Sitio de los cuales algunos gobernantes han echado mano para poder “contener” este flagelo, aunque al final nunca se ha visto resultados efectivos de esta medida. Sin embargo el abuso que se ha hecho del Estado de Calamidad Pública ha sido vergonzoso, puesto que en el caso de gobernantes como el señor Colom y Pérez Molina, hasta se “sacaron de la manga” situaciones que plantearon como urgencia, decretando el Estado de Excepción en todo el territorio nacional mediante subterfugios, como la corriente del Niño, la hambruna, las lluvias copiosas, el cambio climático o un terremoto que sucedió en México y que afectó solamente un departamento pero que se decidió extenderlo a muchos más departamentos.  Llegar al extremo de decretar Estados de Excepción en más del 80% por ciento del país o en todo el territorio nacional es una vergüenza porque lo que se ha buscado es evadir la Ley de Contrataciones del Estado y disponer de recursos ágil y rápidamente sin que existan todos los engorrosos procesos de licitación y cotización para hacer todas las compras por excepción y hacer de esta manera, piñata los recursos del Estado.  Lo triste de todo esto, es que en los gobiernos de Colom, Pérez Molina, Morales y también los que han precedido a estos, ha existidos una terrible complicidad de los Ministros de tales gobernantes y especialmente del Congreso de la República cuyos diputados, en su mayoría buscan cómo “jalar agua para su molino”, manteniendo aviesos propósitos para permitir que el gobierno haga despilfarro de los recursos mencionados. 

Esta semana se conoció en el Congreso de la República la prórroga del Estado de Calamidad Pública decretado por el señor Alejandro Giammattei con motivo de la emergencia sanitaria causada por la Covid – 19.  Cuando inició la pandemia en Guatemala en el mes de Marzo, el Gobierno se apresuró a decretar una serie de medidas y el Estado de Calamidad Pública porque así lo ameritaba la situación, tanto así que muchos consideramos que era lo adecuado, conforme fue pasando el tiempo se evidenció que al señor Giammattei únicamente le interesó que el Congreso le facilitara una cantidad enorme de recursos que pondría a disposición de ciertos fondos que paliarían la ya maltrecha economía nacional especialmente fondos de ayuda a ciertos sectores necesitados.  Una vez se hizo de los recursos mediante la aprobación de créditos e incluso de una ampliación presupuestaria que en realidad no era necesaria por la pandemia, pero que fue utilizada como moneda de pago a los aliados del presidente en el Congreso de la República, el señor Giammattei se hizo de la vista gorda, expresó a los cuatro vientos que “cada quien se cuide” dicho en otras palabras “sálvese quien pueda”.  Y además de ello, los recursos le han llegado a la población a cuentagotas, los hospitales están en condiciones precarias y muchos guatemaltecos que se han infectado prefieren quedarse en sus casas y esperar en Dios, que buscar la ayuda gubernamental puesto que al parecer es peor que el mismo coronavirus.

Con una débil votación, que ya evidencia que no todos siguen de acuerdo con el Estado de Calamidad, ya que las medidas relajadas no tienen razón de ser en un país como Guatemala en el cual existe un “semáforo” que es manipulado a conveniencia, en tanto los contagios y muertes van en aumento aunque el flamante Doctor Asturias de la COPRECOVID diga lo contrario, quien por cierto mejor hubiera seguido de twittero porque al menos allí el señor Asturias expresaba pensamientos más coherentes como médico, que las declaraciones estúpidas que hace hoy en día, dándole la razón al presidente en todo y explicando bajas de contagios, “aplanamientos de curvas” que en realidad no hay cuando las pruebas que se hacen son mínimas y no masivas.

Dicho esto, en realidad los Estados de Calamidad son un medio que utilizan los gobernantes para poder utilizar los recursos a manos llenas, que en tiempo normal y sin este estatuto legal, no podrían ya que deberían de cumplir con una normativa que no les permite dar los negocios a sus financistas, a sus amigos, a sus cómplices y comprar voluntades y enriquecerse de los recursos del Estado.  Es por ello que a los gobernantes les fascina utilizar la Ley de Orden Público y decretar en complicidad con sus Ministros y Diputados afines (hay que reconocer que no todos han sido complacientes con el señor Giammattei), para que echar mano a los recursos del Estado les sea mucho más fácil y sin mayor control.  Por ello, es de esperar que en tanto hayan recursos que gastar, la prórroga del actual Estado de Calamidad va a llegar hasta fin de año al menos, siempre van a haber en el Congreso Diputados que se venden al mejor postor, que gritan a los cuatro vientos que no están de acuerdo con este “método para saquear fondos”, pero que al final del día votarán a favor del señor presidente cuando ya hayan “cuadrado” los negocios, como sucedió en la aprobación de esta última prórroga del Estado de Calamidad con dos diputados que siempre indicaron que estaban en contra, pero que luego complacientemente votaron a favor.  Así las cosas, ¡¡¡Qué viva Guatemala, el país de la eterna corrupción y descaro!!!

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