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La meca de estafadores en 1951

Anécdotas

Asi le llamaban a la ciudad de Tanger, Marruecos, la meca de los estafadores, donde estuve lidiando con dos de ellos por varios días. Un Argentino y un Italiano dueños del Bank of South America and Tangiers.

Entre en el banco de ellos para cobrar un cheque por $17,500 dólares, lo endose y la cajera me lo devuelve alegando que ¡no tenia suficientes fondos! Era algo obviamente absurdo. El Sr. Alfonso Hernández de Las Palmas, Islas Canarias, amigo por varios años asi como representante de nuestra firma en Islas Canarias, ¿sin fondos? La oficinita del banco era mínima, dos escritorios, tres o cuatro sillas y ¡no vi una caja fuerte! Y el banco estaba localizado en una calle no muy frecuentada.  ¿A quién creer?

Llamé a Alfonso a Las Palmas para saber que había ocurrido. Agil de mente como el era enseguida me pregunto: “¿en que hotel te estas quedando?”  “Salgo para Tanger en el primer avión y nos vemos en tu hotel, calculo que llego mañana antes del medio día.”

Esa noche invite a cenar al Cónsul de Cuba en Tanger quien fue representante nuestro en Casablanca. Le pregunte si el conocía al banquito. No solo no lo conocía sino que me advirtió que habían habido bancos de muy bajos fondos tratando de buscar dólares. Utilizaban como argumento que Tanger era oficialmente “Zona Internacional”.  Mejor seria el nombre de “Mercado Negro Internacional” donde mercaderes con letreros colgados frente a sus negocios ponían el tipo de cambio del día de dólares por pesetas, francos, libras esterlinas, marcos, etc. En otras palabras, la ‘zona internacional’ había abierto las puertas con un buen nombre al mercado de bolsa negra.

“Cuenta conmigo, te ayudo en todo lo que pueda” me dijo el Cónsul cuando le pedí que nos ayudara. Su nombre era Yousef.

Tan pronto entro en mi cuarto del hotel lo primero que hizo Alfonso fue enseñarme la hoja de depósitos de su cuenta en el banquito. Tenia depositado desde hacia meses ¡$35,000 dólares! El cheque que yo les había presentado para su cobro era por $17,500 de modo que ¡si habían fondos!

Tanger estaba siendo gobernado en aquellos años por dos gobiernos, el francés y el español, y viendo el aspecto de la vestimenta, las patillas de los policías y la cantidad de agentes secretos que formaban un centro de espionaje, ninguno de los dos gobiernos brindaban confianza. (Tuve una mala experiencia en la comisaría francesa donde me exigían no recuerdo cuantos dólares o no me devolvían mi pasaporte) Tuve que sobornar al francés, el muy hijo de Vikingo.

“Yousef, podrías acompañarnos mañana a cualquier hora que te sea conveniente para hablar y decidir qué hacer con el Argentino y el Italiano?

“Yo se cómo hablarles a esos dos, voy contigo.” “¿Los dos tipejos hablan español?”

Yousef se planto delante de los dos banqueros y muy sereno les dijo: “Tenemos los depósitos bancarios que demuestran que mis amigos tienen los fondos, tenemos el cheque endosado que ustedes dicen no tiene fondos, o se ponen de acuerdo o vamos ahora mismo a denunciarlos a ustedes no a la estación de policías sino a toda la prensa de Tanger.” “Y con fotos de los documentos del Bank of South America and Tangiers”!

Note pánico en las caras de los dos banqueros.

El Italiano inmediatamente dijo:  “No es necesario, no tenemos los dólares pero sí prendas valiosas que les permiten recuperar su dinero”.

Alfonso, Yousef y yo le llevamos las prendas a dos joyeros. Para asombro nuestro (y gran alivio) valían casi el doble de lo que nos debían. ¡Una sola de ellas era una condecoración del Zar de Rusia!  Alfonso recomendó no venderlas en Europa sino en Caracas, Venezuela, donde disfrutaban de una prosperidad creciente y había abundancia de dólares.

Y asi se hizo.

Antes de yo regresar a La Habana pude recorrer al Casbah, entrar en las mezquitas milenarias, visitar a Casablanca en compañía de Jousef, conocer un mercado Arabe al aire libre con camellos pertrechados de víveres y disfrutar de un mundo Marroquí totalmente distinto al de Europa. Y sobre todo, ¡logre sobrevivir en la meca de los estafadores!

“Quelle bonne chance” ¡me repetía yo en el vuelo de regreso!

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