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Este partido político es mío

Barataria

Los partidos políticos en Guatemala tienen dueño y que eso hace que la política en este país sea una especie de negocio.

Al finalizar las elecciones generales recién pasadas en 2019, la conformación del Congreso de la República avizoraba un escenario muy particular por un lado, algunos partidos políticos nuevos tendrían una bancada en el parlamento y por otro lado aparecía que la Unidad Nacional de la Esperanza –UNE- uno de los partidos más longevos constituiría una fuerza política dominante con 53 diputados electos.  Así las cosas se avizoraban que el partido oficial, como sucedió en el periodo anterior, tendría una pírrica bancada que no le permitiría una gobernabilidad amplia y sin cuestionamientos, puesto que necesariamente tendría que entrar a la dinámica parlamentaria de alcanzar acuerdos iniciando por la elección de la junta directiva. Sin embargo, no pasó mucho tiempo en que el señor Giammattei, al darse cuenta de lo neófito de los diputados de “su partido” VAMOS en la negación política en el congreso, se propuso salir de compras para “conseguir adquirir los derechos de voto” de algunos diputados para tener una Junta Directiva complaciente con la agenda del gobernante, esta “compra de diputados” evidenció algo que se había estado considerando desde antes de que tomara posesión la presente legislatura y que significó el cisma en la UNE y con ello una reflexión política profunda que es necesario que te tome en cuenta.

Recientemente ha sido noticia la disputa por la Secretaría General del partido político Unidad Nacional de la Esperanza –UNE- entre la señora Sandra Torres y sus achichincles y una por otro lado, el señor Oscar Argueta y quienes se consideran verdaderamente miembros del partido.  La disputa planteada revela una verdad latente en la política guatemalteca y que consiste en conocer que los partidos políticos en Guatemala tienen dueño y que eso hace que la política en este país sea una especie de negocio en donde hay verdaderas intrigas y disputas por estas “empresas electoreras” que, además de un redito de capital y poder político llevan con ellos el “premio” de una buena cantidad de dinero por voto recibido que deberá pagarles el Tribunal Supremo Electoral y por ello la disputa tiene un precio y un valor más allá del deseo de establecer un norte ideológico.

Los partidos políticos son instituciones ideológicas creadas con el objetivo principal de permitir la participación ciudadana y buscar la conquista del poder para que el manejo de la cosa pública haga materializar sus bases ideológicas.  Pero esto no sucede en Guatemala, en donde los partidos políticos se construyen alrededor de una persona avida de poder esta persona por lo general es un financista o la pieza clave que utiliza un grupo de poder económico y que lo encumbra  para poder lograr el poder.

Hemos tenido casos de candidatos presidenciales que literalmente pierden elección, tras elección y que nunca los vemos trabajar en otra cosa porque al parecer el negocio electoral les deja cada cuatro años un buen dinero para que pueda dedicarse de lleno al negocio político.  Así, muchos quieren controlar los partidos políticos por el monto de dinero que representa.  A pesar de que la Ley Electoral y de Partidos Políticos establece que el dinero que se les entrega a los partidos políticos por voto recibido en la elección constituye un monto que deberá ser destinado a la formación política lo cierto es que esto no resulta cierto y la evidencia salta a la vista.  La disputa que ha encarnado la señora Sandra Torres es un buen punto para entender que esta disputa por el partido no busca de manera alguna democratizar los mismo, porque resulta ser un personaje que con sus actos ha hecho mucho daño al país, desde que estuvo manejando muchas cosas del gobierno del mequetrefe del señor Colom, quien le cedió un protagonismo sin sentido y que le permitió a ella apuntalarse a una elección de la que no participó pero que ha considerado ser un buen negocio si llega a la segunda vuelta aunque pierda cualquier elección pero que al final le significará tener el control de la institución y del dinero de la deuda política que representaría.

El caso de la disputa por la Secretaría General de la UNE no es un caso aislado, resulta ser el caso de todos los partidos políticos, que “tienen un dueño” y que por lo mismo nunca se van a democratizar, sus cuadros a elección serán los señalados a dedo por quienes controlan los partidos políticos y con ello también tendremos funcionarios mediocres y corruptos que no van a servir nunca al país, sino a quien los puso en el puesto. No son instituciones ideológicas, de hecho ni siquiera sus diputados o funcionarios saben de qué ideología son si es que tiene el partido alguna.  Estas instituciones que aquí en Guatemala llamamos partidos políticos no cuentan con plan de gobierno, son oportunistas y aceptan a cualquier candidato tenga ética o no porque lo que les interesa es llegar al poder aunque sea una vez en la historia porque al fin y al cabo, llegar al poder les representaría la oportunidad de ser los “nuevos ricos” y dejar de trabajar por sus vidas, amasando fortunas mal habidas y esquilmando los recursos del Estado.

Ya ha quedo demostrado que la mafia de los partidos políticos en Guatemala ha encontrado la fórmula mágica para llegar al poder:  Controlar el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad, ya que estas dos instituciones se encargarán de quitar del camino a todos los oponentes que se le presenten a una candidatura mediocre; tal y como sucedió con el actual gobernante ya que el señor Giammattei en su vida hubiera llegado a segunda vuelta si en la contienda electoral no le hubieren quitado del camino a Thelma Aldana, Zury Rios y Edwin Escobar ya que del mediocre quinto lugar llego a disputar la presidencia ante la candidata que será una perdedora toda su vida y que pese a que la historia ya le ha demostrado que no levanta la confianza del electorado.  Pero al tener el control de estas dos instituciones, podemos esperar cualquier cosa en cada elección.  La señora Torres ha sido respaldada por una resolución nefasta del Tribunal Supremo Electoral que continúa siendo un participante más de la contienda electoral como lo fue durante el pasado proceso, es decir no es un árbitro que esta ajeno a los problemas de los partidos políticos, sino que resulta ser un actor planteando amparos y apelándolos sin dejar que sea la justicia ordinaria la que resuelva esto conflictos. 

Los reclamos que Sandra Torres hace de la UNE al exigir la Secretaría General de la UNE es lo mismo que han reclamado muchos otros antes de salir a constituir otro partido.  Pero hay que entender que los partidos políticos no deberán ser propiedad de ningún cacique o ninguna persona particular, sino que deberá pertenecerle a los afiliados constituyen el partido y que son quienes debieran elegir a los Secretarios Generales, es decir que se necesita urgentemente una democracia partidaria para evitar que la política sea un negocio de unos y la tonta utilización de muchos.

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