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Bonerge Mejía: Magistrado de la dignidad

Antropos

Guatemala es un país qué en términos generales, el vicio de la corrupción se manifiesta en algunos sectores de la sociedad y el Estado.

Recién su familia le dijo al doctor Bonerge Mejía Orellana, un hasta luego en su partida hacia el infinito por su deceso acaecido a causa de la pandemia del Covid-19.  Se fue en la plenitud de su vida. En un momento en el que su participación como ciudadano y jerarca de la Corte de Constitucionalidad, se enfrentaba a los embates de aquellos que atentan contra el Estado de Derecho, la Justicia, los Derechos Humanos y el irrespeto a los valores sustantivos de la Carta Magna de la República de Guatemala.

Guatemala es un país qué en términos generales, el vicio de la corrupción se manifiesta en algunos sectores de la sociedad y el Estado. Esta, es un cáncer que carcome las entrañas y genera desaliento social. Existen hoy, “situaciones límites” que nublan el horizonte de la esperanza y opaca el futuro de una mejor manera de vivir con plenitud y dignidad.  La anomia se apoderó de la ciudadanía y cada quien procura sobrevivir de manera individual o familiar. Lo colectivo y la solidaridad humana se desvaneció en la indiferencia.

Es en este contexto que vivió Bonerge Mejía. Originario de un pueblo del oriente, Agua Blanca del departamento de Jutiapa. Realizó sus estudios como todos los jóvenes pueblerinos en un centro de educación pública, el Instituto Rafael Aqueche. Después fue a la Universidad de San Carlos, se graduó de abogado y notario hasta alcanzar el grado de doctor con la especialidad en derecho del trabajo y derechos humanos. Se caracterizó por su esmero, estudio, dedicación, inteligencia y creatividad, que hicieron posible una carrera profesional exitosa. Fue docente, decano y magistrado de la Corte de Constitucionalidad.

En cada lugar de trabajo o estudio, generó admiración y afecto, particularmente por su “don de gente” acompañado de una sonrisa y un cálido saludo. Personalmente guardo dos experiencias puntuales con Bonerge. La primera, cuando asistimos a una actividad de la Municipalidad de Ipala, Chiquimula, acompañados de otros amigos como algunos miembros de la familia Argueta de este pueblo oriental y de Avidán Ortiz, su primo hermano. El alcalde municipal organizó un almuerzo en el que nos convidó a comer gallina asada, caldo con abundantes verduras, tortillas tostadas y su respectivo aperitivo con música de marimba. Fue un momento de esos que se quedan en el recuerdo de los afectos y el cariño.

La segunda anécdota personal, fue en un momento dramático, triste y lleno de frustración para este colega entrañable. Lo encontré en el segundo nivel del edificio de rectoría de la Universidad de San Carlos. Hablamos por un buen rato. Me expresó decepción y desaliento, que le habían provocado quebrantos de salud. Todo esto, como resultado de un desasosiego porque no fue electo por el Consejo Superior Universitario, como su representante ante la Corte de Constitucionalidad, el cual vivió con intensidad y nerviosismo. Ganó su contrincante. En esa ocasión recuerdo, que la conversación versó acerca de la naturaleza del accionar político en dicha universidad. Ahondamos un poco más en el sentido de platicar en torno a la política y la politiquería a nivel nacional. Sus conceptos y praxis. Interesante intercambio de palabras entre un especialista en derecho constitucional y un docente de filosofía. El abordó con claridad la naturaleza del derecho constitucional. Mi persona discurrió desde la teoría de la justicia y del Estado, temas que por supuesto, no le eran ajenos. Autores como John Rawls y Norberto Bobbio estuvieron sobre la mesa. Me sentí satisfecho de un dialogo de ideas y de enfoques académicos.  Bonerge, se olvidó del dolor y la frustración. Nos despedimos con un abrazo y una sonrisa de satisfacción después de gozar un buen momento de esos que son escasos en la vida universitaria.

Tiempo después, fue electo por el Colegio de Abogados y Notarios, como su representante ante la Corte de Constitucionalidad. Trabajó con intensidad, esmero e inteligencia en un momento difícil y complejo en el que algunos sectores adversaban las posiciones de esta instancia de Justicia del Estado guatemalteco. Defendió los principios sustantivos de la Carta Magna de la República de Guatemala. Se hizo patente su lucha por impedir el irrespeto de la constitucionalidad y de los derechos humanos. Defendió el Estado de Derecho, lo cual se hizo patente cuando asumió la Presidencia de la CC. Expresó en esa ocasión que se deben respetar con “responsabilidad, dignidad y plena observancia los derechos humanos, defender la justicia en las áreas jurisdiccionales, administrativas y de atención al usuario”. Su propio trabajo quedó inacabado, pero con grandes enseñanzas de un maestro que se fue en la plenitud de su vida.

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