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De nuevo el hambre en Guatemala

Nueva Sociedad

Este año de nuevo y como siempre es la prensa la que denuncia la cantidad de casos y la ubicación de la población más pobre que sufre el flagelo del hambre, la desnutrición y la muerte de muchos niños.

El problema del hambre y la desnutrición en Guatemala lo que demuestra es la histórica división socio económica, el racismo, la debilidad, la marginalidad e inexistencia de presencia del Estado en los lugares más pobres y lejanos, a pesar de que, en la capital del país, el gobierno cuenta con instituciones como el MAGA y una secretaría responsable del problema de la desnutrición. Pero su mala organización y uso de los recursos destinados para ello hace que su cobertura sea muy reducida ante los escasísimos resultados e impacto en lugares como Camotán y Jocotán en Chiquimula.

La democracia de un país se mide por la respuesta y la forma como organiza la igualdad y la inclusión de todos sus miembros en la alimentación, la salud y la escuela. Sobre todo de los más alejados. En una nación es el Estado el encargado de hacer realizable esta igualdad. Para eso existe. Un buen dirigente, presidente o Estadista debe de solucionar y garantizar condiciones materiales y sociales a sus miembros. Ser presidente es no olvidarse de la grave situación de pobreza y de miseria que vive la mayor parte de esta nación. A pesar de los grandes avances tecnológicos, sociales y médicos que se dan en el mundo entero, Guatemala jamás formará parte del grupo de democracias avanzadas, hasta que resuelva el enorme problema de desigualdad y el racismo de unos pocos contra la mayoría, que arrastra y en muchos casos fortalece sin ningún rubor, en especial su oligarquía y los grupos que pululan alrededor del Estado para enriquecerse a cualquier precio, como en este caso a costa de la muerte infantil.

El Estado por su naturaleza tiene una vocación social. Una democracia produce demócratas que son personas libres, iguales y conscientes de la urgencia de acabar con la pobreza extrema y asegurar a su población, pero sobre todo formar niños sanos, bien alimentados y educados. Esa es la mejor expresión de cualquier país responsable y bien organizado. Mientras esto no sea el proyecto de desarrollo nacional de este país, la violencia, la corrupción, la mentira y las diferencias, por más discursos e intentos que hagan  algunos grupos por fortalecer su régimen social, no avanzará mucho, sino más bien retrocede en desarrollo y democracia. Al no contar con un proyecto político de consolidación de todos los sectores sociales. No recibirá o realizará los beneficios de tener una democracia real. La democracia seguirá siendo una mentira como hasta ahora, debido a la inexistencia de una población alfabetizada y educada en la ciudadanía. Este país es un remedo o una imitación de democracia, pues el discurso político es útil solo cuando se lleva a la práctica. Y aquí eso no existe. Lamentablemente son los más débiles, los más pobres las víctimas de estas terribles condiciones materiales que son el resultado de la institucionalización de las malas prácticas y de una historia, impuesta por élites o pequeños grupos que sólo buscan su bien propio.

Por lo que otro año más para lamentarse de esta gran problemática que actúa implacablemente contra grupos de población que son excluidos de las mínimas condiciones materiales y económicas de la economía más grande de la región Centroamericana que tanto dolor le provoca a su población más débil y desprotegida. ¿Hasta cuándo Guatemala?

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