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Héroe en cinco pasos

Teorema

He aquí lo que se debe hacer cuando uno es joven, se emborracha, tiene “mal trago” y quiere ser héroe.

Primero Busque un lugar público o bajo vigilancia policial y allí saque todo su resentimiento en contra de los policías, la autoridad, el gobierno, la Iglesia…

Debe insultar, ofender y gritar. Si hay agentes de la policía, agrédalos, miénteles la madre y diga que es periodista.

De esa forma usted podrá demostrar que es muy macho y está por encima de la ley, la autoridad y quienes la representan.

Olvide que los policías son personas que tienen un trabajo digno y prestan un valioso servicio a la población. Ellos resguardan el orden y la seguridad de los ciudadanos trabajadores, honrados y dignos. No piense en eso.

Lo único que debe tener presente es que algunos de ellos (no todos), en algunas ocasiones (no siempre), abusan del poder que su puesto necesariamente les confiere.

Dentro de la policía, igual que en otros gremios, técnicos, de justicia, profesionales, eclesiásticos, de prensa, de gobierno… hay quienes cometen crímenes y arbitrariedades.

Segundo Si además de ser un “borracho mal trago”, usted es periodista o algo parecido, puede sentirse seguro de que los medios de prensa van a apoyarlo. No importa lo abusivo, ofensivo y agresivo contra la autoridad que haya sido su comportamiento.

Puede esperar que las asociaciones de prensa brinquen a protegerlo. No se van a ruborizar cuando hagan publicaciones en su favor. Se pondrán de su lado y pasará a formar parte de las estadísticas que anualmente presentan a la SIP y otras entidades.

El medio para el cual usted trabaja o dirige va a ser el primero en poner denuncias alegando represión contra la prensa.

Ellos asegurarán que usted no es un borracho “mal trago”. Dirán que es una represalia del gobierno por algo que usted alguna vez escribió o que el medio publicó en contra del gobierno.

Tercero Seguramente la Procuraduría de Derechos Humanos –PDH— se va a pronunciar en favor suyo. Pero no solo ellos, si es afortunado, el mismo Vicepresidente de la República, podría ofrecer su apoyo. Dirá que se debe hacer una investigación más profunda sobre su “caso”.

A estas alturas, los policías que lo aprendieron ya estarán lamentando haberlo hecho. Seguramente pensarán que si su más alto jefe (el Presidente o el Vicepresidente) lo apoyan a usted, ellos están fritos.

Alguien recordará que la libertad de prensa es el principal bastión de la democracia y que todos deben subordinarse ante los periodistas ya que ellos representan el “quinto poder”.

Cuarto Haga todo lo posible para que su caso llegue a los tribunales. Si es posible, péguele una buena patada a un policía. Provóquelo con insistencia. Si este pierde los estribos y le llega a pegar una merecida pescozada, es como haberse sacado la lotería. Si el policía no le pega, golpéese a usted mismo con lo que pueda. Un morete reciente merecerá una foto y una foto vale más que mil palabras.

Recuerde que en el centro de detención hay periodistas. Así que allí le convendrá hacer un nuevo espectáculo, repita la bravata anterior, insulte, maldiga, agreda, injurie, calumnie, ofenda… Recuerde que todo está a su favor.

Vuelva a pelear con sus custodios y todos quienes estén allí. Tal vez la suerte le sonría y alguien le dé una bofetada que quede grabada para siempre y se pueda hablar de “brutalidad policial”.

Quinto Cuando lo lleven a juicio cambie su comportamiento diga “buenos días” al juez y no tenga pena. Ya el Gobierno le habrá pedido que colabore dejándolo libre “por falta de prueba” o algún argumento parecido. El juez le tomará una declaración de rutina.

Mejor si el abogado que la empresa le provea tiene prestigio por haber defendido a personajes importantes, el juez no intentará impartir una justicia que desconoce.

En realidad, el juez prestaría un mejor servicio a la sociedad si se dedicara a la venta de chorizos o algo así. En sus manos, la Majestad de la Ley no es sino otra frase vacía.

Uno o dos días después, usted, borracho “mal trago”, será puesto en libertad. Es posible que alguien le ofrezca disculpas en nombre del Estado.

Al salir se reunirá con sus amigos, familiares y colegas. Todos querrán salir en la foto. Ellos lo felicitarán por su comportamiento y lo elevarán a la calidad de héroe.

Sea generoso y diga que no pide nada contra los policías que lo arrestaron. Recuerde que el presidente, el vicepresidente, el Ministro y el Jefe de la Policía lo apoyaron a usted. A ellos los dejaron solos. Perder la fe y la confianza en sus superiores ya es un castigo tremendo.

Digresión: Tal vez le interese este vídeo, que podría ejemplificar lo anterior: https://www.facebook.com/1440170969539473/posts/2665283807028177/?sfnsn=mo&extid=HAk31BfM7guZXeVX Fin de la digresión

Post Scriptum: ¿Y la justicia? ¿Y el honor de la Policía Nacional? ¿Y el Estado de Derecho? ¿Y el presidente, acaso no queda como tapadera? ¿Y el vicepresidente, haciendo el papel de cómplice? ¿Y la población en general observando estas actuaciones que ofenden la conciencia ciudadana y llena de indignación guarda silencio?

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