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Pensamiento mágico y ceguera social

Sueños…

Una de las virtudes de esta pandemia es que sacó todas las cualidades y defectos que tenemos a la luz de día. Todo el mundo tiene su receta sobre las causas de la crisis y sobre el futuro del mundo. Como existen millones de diagnósticos y miles de millones de soluciones, podemos estar seguros que el resultado final no tiene solución.

Como lo expresa Leire Ventas, en alucinante entrevista realizada a Juan Luis Arsuaga es uno de los expertos en evolución humana del mundo. En este caso el premio Príncipe de Asturias muestra alarma por la “expansión cual virus del “pensamiento mágico””, se presenta el conflicto de siempre: tenemos que seguir una explicación científica o sustituirla por algo mejor, el poder de un ser superior, que provoca el daño porque le parece una buena lección para los pecadores humanos o seguimos los sencillos consejos de la ciencia.

La historia muestra que los humanos somos fans de las explicaciones fantásticas. Nos olvidamos el mundo de la estabilidad no existe. Aunque todas nuestras explicaciones de la economía, la biología, la física están basadas en el supuesto de la búsqueda eterna del punto de equilibrio. Ya lo mencionaron Hegel y Engels, el universo existe porque su fuerza es la inestabilidad, la lucha de contrarios, que llevan en su mismo seno el progreso y el atraso, el avance y el retroceso. Lo más que podemos hacer es aprender de los riesgos de la realidad para prepararnos mejor para sufrir menos.

Suele suceder que los momentos de mayor tranquilidad y seguridad de nuestro poder sobre la naturaleza, es asaltado, como un rayo que rompe nuestro silencio, y nos muestra que los humanos solamente somos una partícula más del universo infinito. A la pregunta “¿Nos pone en nuestro sitio como especie?”, la respuesta de Arsuaga es “Eso me suena a curas, a predicadores. Ya solo falta que nos digan que nos lo merecemos, que es un castigo de la naturaleza.”

Podemos pensar que el humano es capaz de superar ciertos límites del conocimiento, y penetrar en la verdad de la evolución. Así tenemos que quitarnos las telarañas de los mitos, y tratar de comprender la realidad para mejorar nuestra relación con la naturaleza y el resto de especies para encontrar formas de convivir en paz y tranquilidad.

Ahora que vivimos de consejos cotidianos podemos volver al mensaje de Margaret Heffernan, entrevistada por Margarita Rodríguez. Esta distinguida motivadora nos dice que nos enfrentamos a un cambio que se transforma en autoaislamiento, distanciamiento social, confinamientos y un futuro de no ver expresiones sino mascarillas. Por fin somos consciente que nos necesitamos, aún que seamos millones de desconocidos conviviendo en una urbe de cemento.

Sí, “…nos necesitamos para no perder la esperanza, para darnos inspiración e ideas y para mantenernos motivados.” Hay que hacer la lista de familiares, amigos, compañeros a los que queremos llamar para darles ánimo y recibir su apoyo. Para mantener la expectativa de una nueva sociedad más solidaria y más comprensiva con otros animales.

Una conclusión desgarradora la extraemos de la entrevista de Alejandra Martins, a Christine Johnson, investigadora californiana. En sus estudios encontró que una de las causas principales del auge de la provocación de virus en los espacios humanos son el producto de varios factores: la superpoblación humana, la convivencia en absurdas concentraciones urbanas y el cambio climático.

Johnson pone el dedo en la llaga. Los animales que están en extinción debido a la abominable práctica de la caza, el tráfico de especies y la destrucción de sus hábitats poseen enormes masas de virus que pueden pasar a los humanos y provocar justicieras pandemias.

El poder de un ser de la tierra es la causa de la destrucción del ambiente, del calentamiento global y la extinción de la vida. Al final, el aumento acelerado de la especie humana como resultado de su enorme capacidad de producción, consumo y uso de la medicina para aumentar sus expectativas de vida será el causante de su destrucción en masa.

Como detener este proceso. Suena horroroso, pero el humano tiene que planificar como reducir el tamaño de la especie, como permitir que no se destruyan las pocas áreas salvajes que aún subsisten. Complementado con el respeto a la vida silvestre en bosques, ríos y mares, sin contaminar y así evitar que los animales silvestres se vean obligados a buscar un refugio oscuro al lado de las viviendas humanas, provocando el sufrimiento de todos.

Concluimos con Johnson, dadas “tendencias al crecimiento de población humana y el uso de la tierra, podemos esperar que nuevos virus emerjan en forma cada vez más frecuente”. No podemos continuar con la ceguera humana de no ver lo evidente.

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