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Cantos por la independencia

Ventana Cultural

En el mes de septiembre se celebran muchas cosas, tanto de índole religioso como histórico. México, Centroamérica y Chile, celebran las fiestas patrias. Un hecho marcado por la historia.

Entre los años de 1810 a 1821, las revueltas independentistas no se han hecho esperar, hasta que los países de Centroamérica firmaron el acta de independencia del reino español en el palacio provisional en el Centro Histórico de Guatemala, el 15 de septiembre de 1821.

Pero, si nos vamos hacia la palabra independencia, no podemos hablar de ello al cien por ciento, porque, como tal, hay dependencias que no podemos quitarnos, como el vestido, el techo, el alimento, el agua, la salud. Pero veámoslo desde otro punto de vista más filosófico y práctico.

Vino septiembre, para nosotros es una fiesta y salen al paso los patriotas, aquellos que a todo pulmón cantan el himno y hablan de la importancia de lo local, pero se llevan entre las llantas de una máquina pesada la evidencia histórica de un pueblo olvidado, se llevan entre sus manos el patrimonio y la historia.

La independencia se puede definir como un ser o un grupo de seres, personas, animales o cosas que han aprendido a vivir su vida, tomar decisiones propias, en una palabra, hay autonomía.

¿Por qué se celebra la independencia? Es un hecho que está presente en el inconsciente colectivo. La independencia debe traer reformas, tomando en cuenta que el término significa cambiar de forma o volver a tomar forma.

Una persona independiente vela por sus necesidades, así como, para que un país se llame independiente, debe velar por el bienestar de sus habitantes.

Retomo las palabras que una vez pronuncié y dijeron muchos otros tantos, poetas, pensadores: hablo para recordarles que lo mejor de un pueblo no solo está en su historia o en su cultura, porque son una buena forma de conocer su pasado y construir su futuro. Recordarles que no son sus bibliotecas ni sus construcciones, porque sirven para conocer a aquellos que aquí vivieron y cuentan la historia del terruño, así como las contó un Hector Gaytan en la calle donde tú vives, o un Salarrué con sus cuentos de barro y de cipotes. Hablo para recordarles que lo que hace grande a una nación, un país, un pueblo, es su gente.

La gente que trabaja y triunfa, que tiene sueños, metas e ideales, aquellos que de sol a sol labran la tierra, le cantan a la luna y las estrellas, y están un paso más cerca de Dios. Yo, que bajo de la tierra del ensueño, me basta con trabajar mi terruño, allí donde hay un árbol de magnífica sombra, allí donde los ojos de agua calman la sed, allí donde el valle escarpado se abre paso hacia las montañas.

Vivo con los ojos adormilados, perdidos en el ensueño. Un ideal que palpita en el alma de cada habitante que busca su estrella como el principito dijo un día. Esa estrella que titila en medio del cielo nocturno, que habla en silencio.

Y aun con los ojos aletargados en la vigilia y el mundo onírico, sueño con ver a una Kuskatan darle honor al nombre que tiene, ver brillar en sus corazones las estelas rojo, amarillo, azul y turquesa que brillan por las tardes, y el rosa, naranja, azul violeta por las noches, y ver la tierra de Quautlemallan florecer, así como se revisten de rocío sus árboles, de troncos fuertes y raíces profundas. No solo es un sueño, es una realidad que espero poder disfrutar.

Los poetas del mundo le cantan a mi patria reza el slogan del evento, pero el alma le canta a la vida, al sol y al universo.

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