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La Muerte nos visita

Sueños…

En una noche fría, angustiante y tenebrosa, me encontraba angustiado y solo, desplomado sobre mi escritorio cuando sentí la visita de un ser que en su forma poderosa, se muestra infalible, equitativa e imparcial.

Era la Muerte, que se mostraba a mi presencia con su devastadora realidad. Me tomó de la mano y como una vaga sensación me indicó que no era todavía mi momento. Tuve la ilusión de que podía comprender lo vago de las ilusiones de la juventud.

Aquel ser imponente y definitivo, que ha de trasladarnos a otros mundos y realidades, tenía, al igual que todos nosotros una duda racional. Después de siglos de vagar por el universo consolando a todos los seres y llevándolos a un descanso eterno, tenía la idea de comprender cómo y por qué existe y funciona el mundo. Quería, encontrar el Aleph, el punto del universo en donde se concentra la sabiduría universal. Sí ella quería saber cómo se forma todo, dónde se explica todo y hacia dónde se dirige la existencia. La duda era si podría superar el egoísmo humano, o que sería igual que Borges y Carlos Argentino, que al maravillarse con lo eterno decidieron borrarlo para siempre.

Aquellos pensamientos que emanaban del ser que me llevaba hacia unos sueños que evocaban las esperanzas juveniles, que en sueños mágicos creían encontrar un mundo mejor al que podemos producir los seres sociales. Recordé las imágenes de aquellos días en que me encontraba en debates y festejos con jóvenes que derrochaban ideales de construir una sociedad mejor y un humano libre. No pude menos de sumirme en la tristeza al recordar las sombras de todos aquellos muchachos que iban por la vida y encontraron el olvido.

Cuanto dolor y cuanto lamento para construir una nación y un Estado, será que el curso de la vida siempre nos lleva por rumbos extraviados, no permitiéndonos ver que prácticamente todo lo que pasa en la naturaleza y la sociedad es obra humana. ¿Cuánto lo siento por todos los seres queridos que se marcharon en medio del miedo y el dolor?, ¿cuántas horas risueñas cortadas de raíz por soñar un mundo nuevo?

Aquellas dudas surgen del influjo trepidante de la Muerte. Aquel ser se encuentra en este momento ante la duda. Detener la pandemia y el caos. O intensificar su labor borrando del mundo al ser más depredador del universo para darle un leve respiro a la naturaleza. Al no tener un norte claro, decidió consultarlo con el ser supremo. Y no se atrevió a ir sola. Quería un testigo, que no sabemos sí será capaz de superar el camino. Aquel destino que empieza con la consigna: “El que entra aquí que pierda la esperanza”.

No podía hablar del terror trepidante de la angustia del momento final. El terror no surge tanto de saber que la muerte es el final de un ser y su transformación en miles de partículas de polvo, cenizas, gusanos y nada. La angustia se da por no sufrir el dolor y la pena de abandonar una vida que parece tenebrosa pero que es luminosa y llena de alegría y congojas.

La señora del fin del mundo me miraba, y comprendiendo mi estado anímico se envaneció a explicarme. “La creación inteligente de la fuerza superior está poniendo en peligro la existencia de la vida en la tierra”, como cualquier ser que piensa esto me preocupa, y no comprendo que pasa. Sí el designio final es que todo desaparezca, incluyéndome a mí misma, este ser justiciero y equitativo que con su guadaña todo lo equilibra y recompone”.

“Me he visto sobre un tejado de casas achicharradas en varias costas de varios continentes, incendiadas por la quema acelerada de los bosques en donde perecen aves, mamíferos, insecto y flores. El aire se vuelve sofocante y yo me veo espantada ante el inicio del fin del mundo.”

“Veo al humano, veo a los animales y la flora, sucios, espantados, como queriendo huir hacia una selva natural que ya no existe”.

Hace tan poco tiempo el humano soñaba que su dominio completo de la creación y la tecnología le permitiría vivir en un consumo millonario, lleno de productos tecnológicos que serían capaces de organizar la producción y los enseres del hogar, y que ya ni tendría que pensar ni tener memoria, pues los objetivos por sí mismos se organizaría para darle alimento, vivienda, calor y bienestar.

Hace tan poco tiempo. Hoy somos como un pedigüeño, que pasa deambulando de un lugar a otro como alma sin pena, bajo un clima cada vez más ardiente, pronto tendremos que pasar la vida, los que quedemos con vida, sobre los tejados de los edificios abandonados. Podremos suplicar, nuevamente, como el romancero anónimo, y seguramente la muerte contestará lo mismo:

“¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.”

En estas cavilaciones la muerte se dignó explicarme de nuevo: “Voy en busca del creador para que me alumbre cuál es el significado de su plan actual”.

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