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De la crisis a la estabilidad y al auge

Teorema

El futuro se muestra con muchas interrogantes. Se organizan foros buscando encender una luz, definir un camino… Todos, incluso los gobernantes, deseamos alcanzar, lo más pronto posible, condiciones de vida superiores a las que teníamos el año pasado.

La pregunta es: ¿cómo lograrlo?

Para poder acercarnos a una respuesta hay dos importantes cuestiones que deben ser resueltas previamente ya que inciden en la recuperación y en el tiempo que tome alcanzarla.

En primer lugar, debemos resolver el irresoluto problema a que nos enfrenta el covid 19. Una opción es mantener la política que el Gobierno ha seguido hasta ahora. En dos palabras: Evitar o al menos reducir los contagios. Se oye bien, pero tiene altos costos económicos, sociales, psicológicos, en la salud, la educación, la gobernabilidad y en prácticamente todo. Además, consume demasiado tiempo y su objetivo no llega a cumplirse.

¿Debemos perseverar en esa política?

Si en vez de prestar atención al discurso oficial, pleno de buenas intenciones, se evalúan los resultados, se concluye que estamos frente a un fracaso descomunal. No sabemos cuántos habitantes fueron contagiados a la fecha. Podría ser entre dos y tres millones de personas. Pero no lo sabemos.

Las cifras que publican los medios, provienen de los registros oficiales que solo refieren el número de quienes han asistido a las instituciones estatales de salud, así como algunos casos reportados por clínicas e instituciones privadas.

Estas cifras, en el mejor de los casos, reflejan con exactitud esa parte, pero nada pueden decir sobre aquellos contagiados que pasaron la enfermedad en su casa o sobre los asintomáticos.

En Santa Clara, California, la Universidad de Stanford investigó, mediante un muestreo al azar sobre 3 mil habitantes, la existencia de anticuerpos. Concluyó que, de cada 34 personas infectadas, solo una figuraba en los registros oficiales. De tener una proporción semejante, el número de infectados en Guatemala se acercaría a tres millones de pobladores.

La política alterna consiste en: Reducir el número de muertes. Eso significa informar, con el mayor detalle y honradez posible, de tan fatal posibilidad a todos quienes, en caso de ser infectados, enfrentarían riesgo de muerte. Además de informarlos hay que pedir a ellos y a sus familiares que los protejan. Hay que crear los protocolos a seguir para que puedan resguardarse. Quienes carezcan de condiciones adecuadas para aislarse, deben recibir asistencia pública. Los ciudadanos querríamos que nuestros impuestos fueran destinados a prevenir esas muertes.

Afortunadamente se trata de un sector reducido de la población. Se refiere principalmente a personas de edad avanzada y quienes sufren o han tenido enfermedades que los hacen vulnerables. Afortunadamente para el país, nuestra población es mayormente joven y vive en contacto con la naturaleza, lo que fortalece su sistema inmunológico. El sector vulnerable es menor a 10% de la población total.

El resto de la población debe tener plena libertad para conducirse como considere adecuado, conforme sus propias condiciones de salud, económicas, de temor, de personalidad… La libertad, es esencial, para desarrollar la responsabilidad. Una sociedad de hombres libres lo es de ciudadanos responsables.

Al tiempo que se favorece que la población en riesgo se proteja y evite contagiarse, el resto de los pobladores pueden regresar a sus tareas habituales sin ninguna restricción por parte del Estado. Cada quién decidirá cuándo y qué tanto exponerse al contagio. El Gobierno preparará los protocolos de sanación y paquetes con los medicamentos genéricos que los enfermos soliciten.

En la información que suministre el Gobierno, deberá puntualizar sobre los primeros síntomas, cuándo iniciar el tratamiento, los medicamentos, la dosis y cuándo suministrarlos. En El Salvador, la doctora María Eugenia Barrientos ha desarrollado un protocolo de atención y sanación del paciente con covid 19. Es un documento detallado y meticuloso con el que ha tratado con éxito a sus pacientes. Ella, generosamente, lo ha puesto al servicio de todos por la Internet.

Si se corrige el número de infectados con el indicador de Stanford, desde el inicio de la pandemia, ha muerto una persona por cada mil contagiados. Muchos de quienes fallecieron eran personas de alto riesgo que no recibieron los cuidados necesarios. Además, hoy se conoce más de la enfermedad y cómo tratarla.

Actualmente, muchos médicos guatemaltecos siguen el protocolo de la doctora Barrientos. En los casos más benignos, el costo de las medicinas por paciente es inferior a Q. 30 por los 10 días de tratamiento. Ese protocolo, u otro que también demuestre ser eficiente para curar, podrá ser empleado.

De esta forma, la población se estará encaminando hacia lo que se conoce como inmunidad global. Tal indemnidad, se alcanza cuando dos tercios de la población han sido contagiados (estudios recientes reducen esa proporción a 46%). Cuando esa condición se ha alcanzado, el virus deja de ser una amenaza. Entonces las personas de alto riesgo pueden salir y regresar a la vida que tenían antes.

Superado el problema sanitario, la otra cuestión a dilucidar es la participación de las instituciones del Estado en la búsqueda, no solo de la recuperación sino también del auge económico y social que podemos alcanzar. ¿Qué debe hacer el Gobierno? ¿Cuál es el rol que corresponde al Congreso? ¿Y las municipalidades? ¿Y las Cortes?

La producción, la creación de bienes y servicios es propia de la actividad privada. Las funciones del Gobierno no incluyen tal producción. Lo suyo es garantizar la seguridad de los ciudadanos y de su propiedad. Es evitar el crimen y perseguirlo cuando ya ha ocurrido.

El Congreso debe legislar suprimiendo las trabas y obstáculos que, al tratar de regular la actividad económica, la obstaculizan. Algunas actividades, como la venta de estupefacientes, permanecerán prohibidas. Otras, como la fabricación de armas y explosivos, seguirán requiriendo permisos y controles. Pero todo aquello que no caiga en esas categorías, atendiendo a la necesidad de recuperación y desarrollo de la economía debe ser libre. Los impuestos deben quedar reducidos a los que gravan el consumo.

Cualquier actividad económica lícita debe poder iniciarse sin autorización o registro previo. Tres años después, las empresas podrían registrarse para propósitos fiscales. Hace cien años, y más, se hizo así y funcionó. Las empresas centenarias de hoy empezaron con instalaciones básicas, contrataron personal, produjeron lo que la gente necesitaba y vendieron sus productos.

Un agricultor compraba tierra, cepas de banano, las sembraba y empezaba a producir. No necesitaba permiso alguno. Para “poner” una pensión el interesado alquilaba una casa, la amueblaba, se anunciaba y empezaba a operar. No pedía permiso, no tenía que esperar 6 meses o más para que lo autorizaran. Con el paso del tiempo, el equipaje de regulaciones se volvió pesado. Ahora, una modesta cafetería requiere de registros sanitarios, autorizaciones para vender licor, y muchas otras trabas que no sirven para nada.

Si estamos en crisis y queremos salir de ella, si además queremos que haya auge, no podemos llevar tanto equipaje. Después de tres años de guerra, España quedó devastada. Alemania también quedó en ruinas al finalizar la segunda guerra mundial. Pero no tardaron mucho en levantarse. ¿Cómo lo consiguieron? ¿Podemos aprender algo de ellos?

Me propongo investigar, para nuestros diputados y gobernantes, la forma como ellos y otros países lo consiguieron. El Congreso tiene un papel de primer orden en la recuperación. Debe suprimir regulaciones, permisos, registros y demás requisitos para poder trabajar, producir, comerciar… Debe así, conseguir que el crecimiento se convierta en auge.

Los gobiernos municipales también tienen mucho qué hacer. Las autorizaciones de construcción, la preservación de los “centros históricos”, los permisos para producir y comerciar deben relajarse tanto como sea posible. La función municipal debe centrarse en la prestación de servicios a la población. Agua, basura, tránsito, limpieza, mercados… lo suyo.

Como dijo cierto presidente: Hay que poner a cada mico en su columpio.

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