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El origen de los prejuicios: Aló universidades

Lugar Hermenéutico

En nuestro país es imposible hablar de política, sin ser etiquetado de izquierda o derecha, de comunista o pro-capitalista, de socialista o neoliberal.

El origen de los Prejuicios es el nombre de un estudio del sociólogo estadounidense Arnold M. Rose, publicado por la UNESCO hace algunos años, determina que gran parte de las tensiones y conflictos que afectan la convivencia social, se deben a las ideas atravesadas que la gente tiene de los demás, sean estas inventadas o recibidas de otros cuando niños y mantenidas generalmente por interés o por compensación de desequilibrios de personalidad.

El autor establece una serie de causales de prejuicios, entre ellos, el beneficio personal, dada la ventaja o el provecho material que se obtiene de ello.  El racismo o el complejo de superioridad, como mecanismo inconsciente, neurológico, en el que tratan de compensarse las propias limitaciones. 

Rose, también tipifica una causa de prejuicio que se basa en la ignorancia acerca de otros grupos humanos, la cual se acompaña de opiniones inexactas y sin fundamento en lo que concierne a las personas que son su objeto. 

En nuestro país, por cualesquiera de las razones mencionadas o por muchas otras, históricamente hemos estado sometidos en un ambiente continuo de descalificación, principalmente de los grupos dominantes o los que aspiran serlo, se mofan de opiniones, aspecto físico o capacidad económica de quienes son diferentes a ellos.

Probablemente eso es algo común en mas de alguna sociedad, principalmente aquellas caracterizadas por el subdesarrollo, como es nuestro, caso, sin embargo, en los últimos años, es cada ves más común en los espacios virtuales ver la ola de descalificación, prejuicio y comentarios cargados de prejuicio que van y vienen.

Muchas veces lo observado en las redes es la simplificación del uso de estos términos para etiquetar una línea de pensamiento que no es la propia, procurando denigrarla o ridiculizarla, esa es la altura de la discusión política de nuestras redes.  

Aunque, en otros términos, eso se transpola a casi cualquier espacio social en nuestro país, donde es imposible hablar de política, sin ser etiquetado de izquierda o derecha, de comunista o pro-capitalista, de socialista o neo-liberal.

Nos cuesta comprender que el mundo cambio, que los claro oscuros quedaron atrás, que los Estados con mayores niveles de bienestar en el globo son aquellos que lograron conjugar lo mejor de sus capacidades con las oportunidades que provee el entono cada vez más dinámico, solo observen la economía más pujante del planeta.

Quizá es momento que las Universidades se empiecen a preocupar por tener centros de pensamiento que estimulen el diálogo político de altura en nuestro país, para que empezando por sus docentes y autoridades puedan ir dejando atrás el prejuicio y todas las cadenas ideológicas que, con viejos o nuevos términos, cercenan la posibilidad de, al menos, dibujar nuevas perspectivas de futuro a los próximos profesionales.

Todos le hemos fallado en alguna medida al país, pero principalmente aquellas instituciones, en este caso las universidades, que están llamadas a formar, el criterio y la conciencia de su juventud, la conciencia y el criterio de quienes serán los profesionales y empresarios que desde lo publico o lo privado darán forma a la sociedad.

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