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A ti mi niña

Chachalaqueando Con Uthzie

Se llenaron las redes y chats de felicitaciones a la niña interior, así que se nos presenta la oportunidad de celebrar a las niñas, en especial a las niñas de edad adulta que sintieron emociones al evocar recuerdos y profundizar en el significado.

Todas llevamos dentro una niña pequeñita y por lo general es sinónimo de alegría, creatividad, imaginación, pero también de miedos, angustias y desconcierto, es a quien en psicología llamamos “la niña interior”. Básicamente es el recuerdo (con luces y sombras), de lo que fuimos en la niñez y dependiendo del tipo de experiencias y de cómo las interiorizamos, esa niña interior puede ser una “personita” alegre, optimista y sensible o temerosa de la vida, triste, miedosa. Lo cierto es que en ocasiones es quien determina cómo respondemos en la adultez.

Sea como sea en tu caso, deseo que tu niña interior te sirva para despertar la ilusión, la creatividad, la espontaneidad y la alegría. Si hay algo que trabajar para sanarla inicia el camino es un recorrido de autodescubrimiento porque deberás regresar en el tiempo para descubrir cuáles han sido esos eventos negativos que aún no has podido superar emocionalmente y que te atan al pasado.

¿Te recuerdas de niña? ¿qué era lo te gustaba más hacer? ¿qué soñabas con hacer al crecer? ¿para qué es que querías ser grande? ¿qué comías? ¿eras pequeñita? De alguna manera desde pequeña fuiste tan protectora que… ¿te hiciste cargo de todos en casa?… si fue así ahora de adulta toca aprender a cuidarte a ti, si te sobreprotegieron, toca aprender a cuidarte.

Sobre todo, deja todos los recuerdos que te impiden ser feliz atrás, perdona, reconstruye.

Si tu niñez fue buena; agradece que pudiste ser niña plena y se adulta en tu mejor expresión.  

Si aún no completas tus metas, trabaja en ellas, si aún tienes sueños siempre hay tiempo para trabajar en hacerlos realidad… invita a tu niña a salir, darse sus gustos simples como “un tortrix con limón” y ambiciosos como un buen pedazo de jamón.  

Bien decía Sartré que “No somos más que nuestras propias decisiones.” Entonces decide cuidarla, recordarla, abrazarla, conocerla y reconocerla y sobre todo ten claro que quien eres es gracias a lo que ella vivió y le tocó.

Gracias a TI MI NIÑA, porque mis ojos a pesar de no ver como antes tienen la misma y original mirada; gracias porque mis manos con otras, líneas han tomado las manos que han querido y aunque mis pies están un poco cansados, mis pasos siguieron los caminos que eligieron. Sobre todo, gracias a ti mi niña porque cuando te recuerdo; me recuerdas a que vine por aquí.

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