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AREVALO

Antropos

Todas las sociedades del mundo guardan en su historia, iconos de personajes que han marcado momentos centrales de su devenir. Son referentes morales e ideales a seguir.

En Guatemala se pueden enumerar a poetas, escritores, intelectuales, pintores, músicos, escultores, historiadores, antropólogos, arqueólogos, científicos, educadores, filósofos, periodistas, religiosos, políticos. En medio de tanto talento y talante, destaco el nombre de Juan José Arévalo Bermejo, estadista, filósofo y educador. Presidente de la República de 1945 a 1951, quien encabeza la llamada “primavera democrática” después de la dictadura de 14 años del general Jorge Ubico.

Arévalo es una personalidad paradigmática. Interesa revivir sus ideas políticas, filosóficas, aportes a la educación y su ejemplo de un hombre que asumió el sentido de la democracia, como una vivencia personal. Fue parte de la revolución con el sustento ideológico de una corriente de pensamiento democrático que recorrió el subcontinente latinoamericano, entre los que están José Figueres de Costa Rica, Juan Bosch en la República Dominicana, Raúl Haya de la Torres en Perú, Paz Estensoro en Bolivia. Asumió el espíritu de la Reforma de Córdoba, Argentina, que movió las entrañas de las vetustas universidades de América Latina.

Su vida académica, transcurrió en las universidades de Argentina, en donde se graduó con honores de Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, con su tesis “La Pedagogía de la Personalidad”, de previo, llevó en sus alforjas los conocimientos que forjaron su alma de maestro, en la Escuela Normal Central para Varones. De esta experiencia inundada de ideales y sueños, emergió el libro La inquietud normalista, en donde describe y analiza su paso por este centro de estudios en donde fue formado como Maestro de Educación Primaria Urbana y del cual surgió su primer libro Metodología de la Enseñanza de la Lectura Inicial, el cual se convirtió en un texto que transformó como Guía del Método Nacional, para aprender escritura, lectura y dibujo, utilizado en las escuelas primarias del país.

Publicó Memorias de Aldea, en el que recuerda su infancia en Taxisco, pueblo de donde es originario. En estas reminiscencias, también está su obra La Argentina que yo viví. En uno de sus libros plasma su niñez, en el otro la adolescencia y en el otro la juventud y la docencia universitaria, hasta desembocar en su madurez, con la obra publicada póstumamente, Despacho Presidencial, en el cual relata su vida pública, las contradicciones, los rumores de palacio, las traiciones y los afectos, los veintinueve intentos de golpes de estado que tuvo su presidencia. Es un libro en donde deja plasmado un camino, un ideal de estadista, un ideal ciudadano. Libro que refleja su período del 15 de marzo de 1945, al 15 de marzo de 1951, “en el cual fue objeto de permanentes conatos golpistas de maniobras reaccionarias locales y foráneas, quienes apelaban al falaz argumento de comunismo. Contrario a esto, se generó un ambiente de bienestar y de respeto a la ciudadanía” (Hugo Biagini).

Es  autor de una  extensa producción intelectual,  como Pedagogía de la personalidad, Inquietud Normalista, Memorias de Aldea, La Argentina que yo viví,  La adolescencia como evasión y retorno, La filosofía de los valores, Escritos pedagógicos y filosóficos, El candidato blanco y el huracán, AntiKomunismo en América Latina,  Escritos políticos, Fábula del tiburón y las sardinas, Viajar es vivir, (“libro exótico escrito en la ciudad de La Plata por un estudiante universitario enamorado del mar, del castellano y de la filosofía, que se traducen en sus meditaciones acerca de la vida”) Guatemala, la democracia y el imperio, Discursos en la Presidencia, Despacho Presidencial.

El pensamiento de Arévalo está alimentado por teóricos como Rousseau, Comennio, Pestalozzi, H. Spencer, John Dewey, y su libro Democracia y Educación, Henry Bergson, Max Scheler, Gentille, Husserl, Nietzsche, Heideguer, Ortega y Gasset, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí, José Carlos Mariátegui, Anibal Ponce, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Lorenzo Luzuriaga, Alfredo Aguayo, Alfredo Palacios, Francisco Romero, Pedro Henríquez Ureña, Germán Arciniegas, Alejandro Korn. Toda su trayectoria académica está cincelada por el estudio y la reflexión sistemática.

Arévalo promovió los cambios necesarios desde la Presidencia, ante la debilidad existente en el país, del sistema educativo y de la cultura en general. Fue un maestro, desde su formación originaria en la Escuela Normal Central para Varones, hasta su título de Doctor en la Universidad de la Plata Argentina. Y desde la Presidencia durante su período, hizo hincapié en la educación. Nadie lo ha superado en el país y con él, quedó el legado de José Martí “Y me hice maestro que es hacerme creador”.

Otro de los filones de su pensamiento, es en torno a las ideas políticas.

En el libro Discursos en la Presidencia. sostiene que “la idea democrática no es una idea simplemente electoral: sino un compromiso de orden social, de orden económico … La democracia guatemalteca no se agotará en los actos electorales. Será un sistema permanente, dinámico, de proyecciones en el todo social…sostengo la tesis, que no puede ser digna una nación mientras la mayoría de los habitantes no lleve una vida digna en lo psicológico, social y en lo económico”.

La reflexión y análisis de cada uno de estos párrafos, nos refuerza la idea que Arévalo está presente y aún no ha sido superado en el ámbito de su pensamiento y accionar educativo y político. Lo que se traduce en el sentido que hace falta un nuevo remezón para articular una sociedad en la que exista ciudadanía política, económica, social, cultural, ambiental y una comprensión de las complejidades del mundo. Esta es la importancia de estudiar sus ideas para alimentar la construcción de una nación en donde se privilegie la dignidad humana.

El pensamiento de Arévalo, caracterizado como “socialismo espiritual”, o bien, “socialismo humanista”, está bañado por influencias enmarcadas con el espíritu de la época que obedecía a nivel latinoamericano como los primeros atisbos de la socialdemócrata, la cual se orientaba a fortalecer el respeto a la “dignidad de la persona y libertad del espíritu”, sin ignorar los temas económicos.

Es este sentido Mario Monteforte Toledo afirma que “la reforma educativa promovida por Arévalo, se centró en despertar la conciencia de la nacionalidad, el sentido de la dignidad y la libertad, y el aprovechamiento vocacional de las capacidades del individuo”.

Habrá que destacar que en su período se logró entre otros aspectos, el primer Código de Trabajo, la creación del Instituto de Seguro Social, se fundaron salas cunas y guarderías, la creación del Banco de Guatemala, el Departamento de Fomento Cooperativo, la Biblioteca Nacional y el Archivo General de Centro América, el conservatorio de música y artes escénicas, el estadio “Mateo Flores” y todo el complejo de la ciudad olímpica.

En el campo de la educación, se construyeron las Escuelas Normales bajo un concepto pedagógico innovador. Se incrementó la inversión en la educación rural creándose la Escuela Normal Rural Pedro Molina. Así mismo, la educación de adultos con el surgimiento de escuelas primarias nocturnas, la renovación de la Universidad Popular que había sido clausurada por el dictador Ubico y la promoción masiva de la alfabetización,

En otros ámbitos, se dio impulso a la educación técnica y a la Escuela de Agricultura, así como a la reforma universitaria, con la creación de la Facultad de Humanidades, Fue creado el Instituto de Antropología e Historia, el Instituto Indigenista Nacional, la Dirección General de Bellas Artes, la Editorial del Ministerio de Educación Pública que publico en cinco años, cientos de libros y se fundaron muchas bibliotecas, lo cual dejó una profunda huella cultural en la vida nacional. Se le dio autonomía al deporte y se fortaleció la Educación Física Escolar. Uno de los temas a destacar, es la importancia a la protección de la niñez. Se fundó el Comité Nacional Pro Ciegos y Sordomudos y la Escuela para este sector vulnerable de la sociedad. Y como guinda de todo este hermoso pedazo de la historia del país, se formuló y aprobó la Ley de Escalafón, orientado a la dignificación de los maestros.

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