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2020: Empezamos de nuevo…

Sueños…

Al anochecer del 24 de diciembre, la humanidad se dará cuenta que el planeta sigue agonizando.

Muchos se preguntan sí la humanidad saldrá de la pandemia ilesa para continuar su camino depredador del planeta hasta convertirlo en una masa de cemento sin vida, pero con elevados niveles de consumo y satisfacción de las necesidades humanas; o sí estaremos ante el milagroso inicio de una sociedad respetuosa y protectora del resto de especies, construyendo un mundo de armonía y felicidad eternas.

El covid-19 puede revolucionar el mundo ya que nos enfrenta con preguntas esenciales: ¿estamos cerca del fin de la vida humana?, ¿si este era el paraiso, nosotros somos el ser creado para destruirlo?, ¿cuál será nuestro legado, luego de nosotros podrán sobrevivir algunos otros seres vivos en el planeta?

Ojalá que las experiencias asombrosas de la pandemia traigan cambios profundos en nuestra manera de contemplar y convivir con el universo, con la naturaleza.

La revolución industrial, la colonización del mundo, primero por los europeos y el fortalecimiento de los mercados con sus resultados colaterales de aumento del bienestar generalizado de la humanidad, la integración cultural del mundo, el auge de la idea de la superioridad y propiedad del humano sobre la naturaleza nos llevaron aceleradamente al control de todas las formas de vida y producción en el planeta. Y, todo lo que crece aceleradamente tiene el riesgo de un shock, de una implosion o un choque con los límites de la creación.

Richard Fisher, comentarista de la BBC, hace un buen resumen del pensamiento actual. (https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-54389094). Desde la revolución industrial y la aplicación de la ciencia a la producción, el intercambio y el consumo, el humano adquirió el poder de ser un dios. Capaz de transformar la sociedad y la naturaleza a su antojo. Ya puede dar vida a los animales muertos, puede transformar toda la naturaleza, ya puede transformar a los seres humanos en seres robóticos, puede vivir en medio de la destrucción y la naturaleza muerta.

Los humanos llegamos al punto de inflexion de nuestra cultura. Lo que se trata, en efecto, es identificar que posibilidades tenemos para asegurar las condiciones de vida en la tierra, o sí el camino está trazado y solo queda acelerar el final.

Una idea debastadora es la del astrónomo británico Martin Rees: “nuestra Tierra ha existido durante 45 millones de años, pero este siglo es especial. Es la primera vez que una especie, la nuestra, tiene el futuro del planeta en sus manos”. No podemos engañarnos, ya “tenemos la habilidad de degradar irreversiblemente la biosfera o tomar un camino errado con la tecnología y provocar un revés catastrófico a la civilización.

Como el aprendiz de brujo, el humano ha creado conocimientos tecnológicos para derribar todos los bosques, contaminar todos los ríos y mares, exterminar todas las especies, en el marco de la espada de Damocles nuclear, que pende sobre las cabezas vacías de la humanidad. Sin olvidar que cada día mejoramos los patógenos asesinos y los drones miniaturizados capaces de seguir el ADN de la víctima y eliminar a cualquiera en cualquiera momento.

El poder económico del ser humano, le ha permitido adquirir recursos para comprender mejor la esencia de la naturaleza para controlarla. Estamos ante el inicio de los humanos cyborgs, la duda existencial de sí una máquina inteligente, IA, pueda hacerse independiente y pensar por sí misma. Vamos en una carrera loca.

Más evidencia

Luke Kemp, profesor de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, apunta a que el cambio climático causado por la acción humana y la degradación medioambiental en este siglo podría tener alcances significativos en el futuro.

“La transformación más fundamental hasta ahora en la historia de la humanidad fue el advenimiento del Holoceno, que permitió la revolución agrícola”.

Kemp señala que las sociedades humanas parecen haberse adaptado a vivir en un subconjunto sorprendentemente estrecho de los climas disponibles en la Tierra (temperaturas medias anuales de alrededor de 13°).

“Este es el siglo en el que realizaremos un experimento geológico peligroso y sin precedentes y tal vez nos salgamos irreversiblemente del nicho climático o, por el contrario, nos alejaremos del abismo”.

Contaminación por plástico.

Contaminación por plástico.
FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES
La degradación del medio ambiente por la acción humana amenaza con producir efectos nocivos irreversibles para el futuro.

También se podría argumentar que la juventud relativa de la civilización nos hace ser particularmente influyentes.

Solo llevamos alrededor de 10.000 años de historia humana, y podría decirse que las generaciones más tempranas tienen la habilidad de desbloquear cambios, valores y motivaciones que persisten para generaciones venideras.

Podríamos pensar en la civilización actual como un niño que debe cargar con cicatrices y rasgos formativos por el resto de nuestras vidas.

Pero nuestra juventud relativa también podría usarse para argumentar lo opuesto, lo cual, además, nos lleva a una pregunta obvia: ¿no fueron los primeros humanos quienes vivieron en el momento más influyente?

¿Qué pasaría en la Tierra si los humanos desapareciéramos?

Después de todo, un par de pasos en falso durante el Paleoceno o al final de la revolución agrícola y nuestra civilización jamás habría existido.

Sin embargo, MacAskill indica que aunque muchos momentos de la historia fueron cruciales eso no quiere decir necesariamente que fueran influyentes.

Fresco egipcio mostrando una actividad agrícola.

Fresco egipcio mostrando una actividad agrícola.
FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES
Un paso en falso durante el final de la revolución agrícola y el futuro de nuestra civilización habría sido muy distinto.

Los cazadores-recolectores, por ejemplo, no estaban en condiciones de experimentar un momento bisagra porque no tenían el conocimiento para saber que podrían cambiar el futuro ni los recursos para tomar un rumbo distinto.

Ser influyente, bajo la definición de MacAskill, involucra una conciencia y una habilidad para tomar un camino u otro.

¿Por qué importa?

La definición de influencia lleva a por qué MacAskill y otros están interesados en esta cuestión en primer lugar.

Como filósofo preocupado sobre el futuro lejano, MacAskill y otros consideran la hipótesis del momento bisagra de la historia como mucho más que una cuestión teórica para satisfacer la curiosidad.

Encontrar respuestas indicará la cantidad de recursos y tiempo que la civilización debe dedicar a problemas a corto plazo frente a problemas a largo plazo.

Para ponerlo a un nivel más personal, si creyeras que mañana será el día más influyente de tu vida -por ejemplo, vas tomar un examen crucial o casarte-, entonces dedicarías mucho tiempo y esfuerzo en ello de inmediato.

Pero si crees que el día más influyente de tu vida está a décadas de distancia, o no sabes cuál sería el día, quizás te concentres primero en otras prioridades.

Maximizar el bienestar

MacAskill es uno de los fundadores del altruismo efectivo y ha empleado su carrera en encontrar formas de lograr el mayor bien a largo plazo.

Carretera con años venideros escalados.

Carretera con años venideros escalados.
Imagen: Getty Images
El altruismo efectivo pretende establecer un orden de prioridades para resolver problemas a corto y largo plazo.

Si un altruismo efectivo asume que ahora nos encontramos en el momento bisagra, entonces debería dedicar una larga proporción de su tiempo y dinero a reducir urgentemente los riesgos existenciales a largo plazo. De hecho, muchos ya lo han hecho.

Si por el contrario, los altruistas creen que el momento bisagra sucedió hace siglos, entonces dedicarán esfuerzos a otros problemas inmediatos, como invertir dinero en sus descendientes.

Un filántropo que invierta a un 5% de intereses gananciales podría hacer crecer sus recursos unas 17.000 veces después de 200 años, ejemplifica MacAskill.

Algunos quizás cuestionen los beneficios de invertir dinero a largo plazo, dado que distintos colapsos sociales en la historia han borrado de un plumazo ahorros y fondos.

¿Cuál será la especie dominante si los humanos nos extinguimos?

Probablemente otros sugieran que el dinero debería invertirse en erradicar grandes problemas actuales como la pobreza.

El propósito principal de los altruistas efectivos es determinar el verdadero momento bisagra de la historia para así maximizar el bienestar de la especie y asegurar el florecimiento futuro.

Argumentos en contra

La razón más simple en contra de esta hipótesis es cuestión de probabilidad: sencillamente, es poco probable de que este sea el momento bisagra.

Niños trabajando en India.

Niños trabajando en India.
FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES
Seguramente, algunas personas sugieran que debería destinarse el mayor número de recursos a erradicar problemas actuales como la pobreza.

Si logramos sobrevivir este siglo y alcanzamos la vida histórica promedio de un mamífero, estaríamos hablando de que la humanidad duraría alrededor de un millón de años. Un tiempo en que potencialmente podríamos expandirnos a otras estrellas e instaurarnos en otros planetas.

Además, todavía queda, en teoría, un vasto número de personas por nacer en el futuro. Incluso si miramos solo 50.000 años en adelante, la escala de generaciones venideras podría ser enorme.

Si la tasa de natalidad durante ese período se mantuviera igual que en el siglo XXI, los que aún no han nacido serían potencialmente más de 62 veces la cantidad de humanos que han vivido en algún momento de la historia. Es decir, unos 6,75 billones de personas.

gráfico

Dado el número astronómico de personas que queda por existir, dice MacAskill, sería sorprendente si nuestra pequeña fracción de población coincide con ser la más influyente.

Es probable que estas personas futuras (con suerte) también sean más iluminadas moral y científicamente que nosotros y, por lo tanto, podrían hacer aún más para influir en el futuro en formas que aún no concebimos.

Aquellos que ha concluido que estamos viviendo en la bisagra de la historia también podrían estar desarrollando un razonamiento incompleto y defectuoso.

Quizás los sesgos cognitivos están haciendo que los eventos actuales y visibles parezcan más importantes de lo que realmente son.

Viviendo en la década de 1980, por ejemplo, se podría haber pensado que la nanotecnología era el mayor riesgo para la humanidad.

Además, existe la posibilidad de sesgo de confirmación. Es decir, que si de verdad piensas que los riesgos existenciales merecen más atención, es probable que desarrolles inconscientemente los argumentos que apoyan esa conclusión.

La Escuela de Atenas, obra del Renacimiento.

La Escuela de Atenas, obra del Renacimiento.
FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES
Muchas otras generaciones a lo largo de la historia han podido pensar que son ellas las más influyentes de la historia.

Por estas razones, entre otras, MacAskill concluye que probablemente no estemos viviendo en el momento más influyente.

Puede haber argumentos convincentes para pensar que vivimos en un momento inusualmente complicado en comparación con otros períodos, pero debido al futuro potencialmente largo que le espera a nuestra civilización, es probable que ese momento aún esté por llegar.

Las ventajas de que el momento bisagra no exista

Aunque pueda parecer desalentador concluir de que no somos las personas más importantes de todos los tiempos, en realidad puede ser algo positivo.

Si crees que existe una “época de los peligros”, entonces el próximo siglo será especialmente peligroso de vivir, y posiblemente requiera sacrificios significativos para garantizar que nuestra especie persista. Y como señala Kemp, la historia indica que cuando hay muchos temores de que esté en riesgo una utopía futura, se hacen cosas desagradables con la justificación de protegerla.

“Los Estados tienen una larga historia de medidas draconianas para responder a las amenazas que se perciben y mientras más grandes son las amenazas, más severos los poderes de emergencia”, dice Kemp.

“Todos somos engranajes del mismo sistema que nos aplasta”

Por ejemplo, algunos investigadores que desean prevenir el riesgo de una inteligencia artificial malévola o una tecnología catastrófica han argumentado que quizás necesitemos un sistema ubicuo de vigilancia global de toda persona viva en todo momento.

Pero si la vida en un momento bisagra requiere sacrificios, eso no significa que pueda vivirse con libertinaje en otros momentos.

En este siglo podemos infringirnos un daño importante, y no necesariamente catastrófico o aniquilador de especies.

Durante el siglo pasado, descubrimos innumerables formas de dejar vestigios malignos para nuestros descendientes, desde el carbono en la atmósfera hasta el plástico en el océano y los desechos nucleares bajo el suelo.

Entonces, aunque no sabemos si nuestro tiempo será el más influyente o no, podemos decir con más certeza que tenemos un poder cada vez mayor para moldear las vidas y el bienestar de miles de millones de personas que vivirán el mañana, para bien o para mal.

Corresponderá a los historiadores del futuro juzgar cuán sabiamente usamos esa influencia.

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