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Pueblos originarios ante el bicentenario de la independencia (6)

Tanmi Tnam

Los pueblos originarios de Guatemala deben conocer a profundidad su historia para contarla con claridad, orgullo, dolor y esperanzas a las generaciones actuales y futuras con el objetivo de fortalecer su identidad y sus aportes a la construcción de la democracia, la justicia y el desarrollo que necesita el país.

La vida de los pueblos originarios cambió de manera radical a partir de la invasión de España y muchos de los hechos y actitudes de ciertos sectores siguen vigentes hasta nuestros días. Después de la invasión, inició la época colonial que duró casi 300 años, período en el cual cada vez más se acentuaba el despojo y sufrimiento de los pueblos originarios. Los herederos de los españoles utilizaron calificativos de que la población originaria era incivilizada, sin cultura, inferior ante la cultura invasora, que no tenía derechos, que era necesario arrebatarle todo y tenerla como mano de obra gratuita.

Actores del arrebato de las tierras y otras riquezas, afirmaban que los invadidos no podían tener acceso a las tierras que antes les pertenecía porque su trabajo era para los invasores y sus descendientes, así lo afirmaba el sacerdote Antonio García cuando dijo que “un hombre que no puede tener propiedad, ni bien raíz alguna en el país o pueblo que habita, es siempre extranjero en él” citado en Horacio Cabezas. Cuando escasearon las tierras bajo control de los pueblos originarios, empezaron a depender del uso de pequeños pedazos de tierras que permitían los terratenientes de la época. La colonia se caracterizó, por la esclavitud de mayas, xinkas y posteriormente los garífunas. Es de reconocer que el trabajo de los pueblos originarios sostuvo la economía de la colonia a base de impuestos, sufrimiento, esclavitud, enfermedades y muerte. En un documento que cita Horacio Cabezas, se afirma que “la mayoría de los indios que entran a trabajar en los molinos enferman pronto, como resultado de los trabajos forzados y del efecto de las pilas de añil en descomposición que ellos amontonan (…) indios con fiebre y he estado allí cuando se los llevaban de los molinos para enterrarlos”.

Cuando se hablaba de la desigualdad social que provocó la colonia, muchas voces y posturas, como la del Sacerdote José María Álvarez, reafirmaba que “la servidumbre no repugna ni a la razón ni al derecho natural, puesto que se halla aprobada por la Sagrada Escritura. Nacen los siervos de nuestras esclavas; y así una sierva o esclava pare un hijo o hija de cualquiera que sea, queda reducida a la condición servil” citado por Horacio Cabezas. El hecho de callar o levantar la voz por las deplorables condiciones de la población originaria en tiempos de la colonia fue y es una señal que permanece a la fecha.

Durante la época colonial, el poder se concentró en pocas manos, especialmente bajo el dominio de los herederos de los españoles pues era el poder que permitía el control de la población, la organización de los actores vinculados con algunas decisiones desde España y en menoscabo de las condiciones de vida de los pueblos originarios. En la actualidad, el poder está bajo el control de un sector reducido, aunque en disputa con otros actores.

Fuentes históricas disponibles, hacen ver que la educación de la colonia era solamente para los hijos de las familias descendientes de los españoles y fue administrada por la Iglesia Católica. Los pueblos originarios sobrevivieron acudiendo expresamente al uso de sus conocimientos, incluida su tecnología y valores propios, aún en las peores condiciones como hasta la fecha.

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