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ROE V. WADE, República, Federalismo y Democracia

Evolución

La izquierda solo cree en la democracia cuando gana, y cuando no, cambia las reglas.

En 1973 la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió en Roe v. Wade que el derecho a la privacidad resguardado en su Constitución incluye el derecho de una mujer a tener un aborto sin excesivas restricciones de parte del gobierno, mediante lo cual leyes federales y estatales que restringían el aborto devinieron inconstitucionales. La Corte definió tres criterios sobre la base de trimestres de embarazo. Dictaminó que durante el primer trimestre, dada la inviabilidad del nacimiento, el gobierno no podría limitar la decisión de una mujer a tener un aborto; que durante el segundo trimestre se podrían implementar regulaciones razonables y tendientes a proteger la salud de la madre; y que durante el tercer trimestre, dada la viabilidad del feto, se podría legalmente prohibir el aborto a menos que peligrase la vida de la madre. Ello, con base en los avances que presentaba la medicina en esa época.

La decisión fue 7 a 2. De esa corte, 6 jueces habían sido nombrados por presidentes Republicanos y 3 por Demócratas. Brennan y Stewart (Eisenhower-R, con tendencias “liberales”). Burger, Blackmun, Powell y Rehnquist (Nixon-R). Douglass (Roosevelt-D), White (Kennedy-D) y Marshall (Johnson-D). Los votos disidentes fueron de White y Rehnquist. Se evidencia la independencia de la corte de las afiliaciones políticas de quienes les nombraron.

En 1992, en el caso Planned Parenthood v.Casey, la Corte reafirmó el criterio que sostiene que una mujer tiene derecho a escoger tener un aborto previo a la viabilidad del feto y que el estado no puede imponer cargas excesivas para limitarlo. La decisión fue 5 a 4. Votos concurrentes: Blackmun (Nixon-R), Stevens (Ford-R), O´Connor (Reagan-R, primera mujer en la corte), Kennedy (Reagan-R) y Souter (Bush-R). Votos disidentes: White (Kennedy-D), Rehnquist (Nixon-R), Scalia (Reagan-R) y Thomas (Bush-R). Nuevamente, se demostró la independencia de la corte.

En la actualidad 6 jueces son de orientación “conservadora”, 3 de ellos nombrados por el actual presidente Trump, la más reciente una mujer (Coney-Barret); y 3 son de orientación “liberal” (en su sentido actual en Estados Unidos), uno nombrado por Clinton y dos mujeres nombradas por Obama. De la época de Roe v. Wade a la fecha, los Republicanos han mantenido la Casa Blanca 32 años y los Demócratas 20. Por lo tanto, a nadie debería extrañar la inclinación “conservadora” de sus jueces, a pesar que en ambos casos citados, los cuales son de mucha relevancia política para ese país, jueces “conservadores” se pronunciaron a favor del aborto como un derecho de la mujer hasta la viabilidad del feto. Una corte “conservadora” 5-4 también sostuvo “Obamacare”.

Difícilmente, aún con una mayoría “conservadora” (reflejo de elecciones democráticas) la Corte federal proscriba por completo el aborto y seguramente sostendrá el criterio de permitirlo hasta antes de la viabilidad del feto.  No obstante, la izquierda ve a esa mayoría “conservadora” como una amenaza al aborto, a “Obamacare” y otros temas. Aunque es más bien un obstáculo para imponer sus ambiciones ideológicas. Denunciaron y recusaron a Coney-Barret por ser madre de 7 y Católica practicante. Ante su frustrado intento por impedir su confirmación, su siguiente objetivo manifiesto es incrementar el número de jueces a modo de “recuperar” su “mayoría de izquierda”, evidenciando, como siempre, que la izquierda solo cree en la democracia cuando gana, y cuando no, cambia las reglas. Lo mismo se puede decir de su intento por abolir el colegio electoral para la elección presidencial, base de su sistema Republicano-Federalista.

Aún así, Estados Unidos tiene la esperanza de contar con una corte que, más que “conservadora”, es originalista, en el sentido de interpretar y respetar la constitución en cuanto a su propósito original, y no admitir elucubraciones ideológicas en cuanto a lo que la clase política dominante quisiera que fuesen. También tienen la ventaja que los nombramientos vitalicios de sus jueces les dan una genuina independencia del poder político, lo cual es imprescindible para el sostenimiento del sistema republicano de separación de poderes, frenos y contrapesos. Y por último, su sistema federal dota de amplia autonomía a los estados para que sean estos quienes definan sus propias políticas, incluidas aquellas sobre el aborto o la salud y seguridad social, por lo que una corte originalista tenderá a defender más los derechos de los estados a diferencia de imponer criterios a nivel federal.

Grandes lecciones nos sigue dando el sistema republicano estadounidense y esperemos, para bien del continente, que lo logren preservar y que resista los embates de una izquierda intolerante que aspira a destruir la república para imponer, por vía democrática, su autoritarismo antidemocrático. Aló Chile.

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