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Eta: un fenómeno ambiental que nos desnuda socialmente

Lugar Hermenéutico

El índice de vulnerabilidad climática nos ubica en los primeros lugares a nivel mundial como Estado vulnerable.

La semana anterior, escribí sobre la documentada vulnerabilidad, que como región centroamericana tenemos ante el fenómeno del cambio climático, tristemente esta semana subrayo las consecuencias que la referida vulnerabilidad dejo manifiesta en el país, luego del paso de la tormenta Eta

Este aguacero, nos vuelve a recordar lo frágil que podemos ser ante la omnipotencia de la naturaleza, las imágenes dantescas en el istmo solamente desnudaron nuevamente la realidad socioambiental de la región, muy particularmente de nuestro país, que ahora incluso, es objeto de la caridad de los hermanos salvadoreños.

Según expertos, la topografía y ubicación geográfica, bañada por corrientes bimarítimas, hacen de Guatemala un país de multiamenazas ante fenómenos naturales extremos, tres de las diez placas tectónicas del mundo están en el país, a su vez el índice de vulnerabilidad climática nos ubica en los primeros lugares a nivel mundial como Estado vulnerable.

Pero sin duda, más allá de la parte física, nuestra mayor vulnerabilidad consiste en la fragilidad de nuestra población.  Anualmente, se enlutan familias guatemaltecas ante la muerte de personas por derrumbes, erupciones volcánicas, deslizamientos e inundaciones por las fuertes lluvias que nos llegan, sea por alguna cola de huracán del Atlántico o por los ciclones que se generan en el mar pacifico.

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) ha identificado más de 10,000 puntos de alto riesgo en todo el país, alrededor de los cuales existen asentamientos humanos, en la mayoría de los casos con frágiles construcciones, ante lo cual, la probabilidad de que sigan existiendo tragedias como la transcurrida en los últimos días es permanente, en la medida que no se tomen las medidas inmediatas para reducir los niveles de exposición al riesgo de la población vulnerable.

Lo único positivo de esta situación, si se le puede llamar de esta manera, como sucede tras cada evento como el descrito, es la solidaridad de los guatemaltecos.  Académicos, empresarios, medios de comunicación, población en general se han organizado en jornadas voluntarias para ayudar a los damnificados, así como instalados centros de acopio a donde se deja ver cientos de personas que acuden a dar su apoyo en el marco de sus posibilidades.

Lo anterior, brinda destellos de esperanza, en como la ciudadanía organizada, puede salir adelante, cuando se lo propone, sin embargo, Eta, nos vuelve a recordar las grandes materias pendientes en materia social del país.

Los liderazgos nacionales, deben dar la talla en la conducción de esta crisis, potenciando la misma para poner en primer orden las grandes prioridades del país, caso contrario, el otro año a volver a lamentar pérdidas humanas, declarar estados de calamidad y esperar la caridad de los vecinos para mitigar las necesidades de los afectados.  

Así mismo, no falta ser futurólogo, para predecir que de no atenderse las grandes demandas sociales que tienen sumergida a la mayoría de la población en la pobreza y pobreza extrema, el próximo fenómeno puede ser quizá una erupción, pero no como las del volcán de Fuego, del Pacaya o del Santiaguito, más bien puede ser una erupción de tipo social, ante el hartazgo de la población.

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