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El sesgo mediático es una mayor amenaza para la república

Ordo

“Los medios masivos han pasado de presentar evidencia a favor de su narrativa, e ignorar cualquier evidencia que la contradice, a negar la existencia de evidencia inconveniente. Eso los convierte en instrumentos de propaganda y desinformación.”

El 11 de noviembre, 2020 el periódico New York Times publicó en su portada “Election Officials Nationwide Find No Fraud”, lo cual en español se traduce básicamente en la afirmación que oficiales electorales encuentran cero fraude, refiriéndose a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.  La afirmación, repetida constantemente en los medios masivos, es falsa, en varios aspectos. Sin embargo, Twitter no le aplica su famosa política de advertencia que regula publicaciones que podrían contener información falsa acerca de las elecciones.

¿Por qué es falsa la afirmación de New York Times? En primer lugar, implica que oficiales electorales han hecho una investigación exhaustiva a nivel nacional de las votaciones, cosa que no ha ocurrido. Los Demócratas y los medios masivos se resisten nerviosamente a que eso se haga. En segundo lugar, si existe evidencia que hubo fraude. Esto no ha de ser controversial, porque siempre ocurre fraude electoral en todas las elecciones. Lo que no se sabe, porque no se han dado las investigaciones al respecto, es la dimensión del fraude electoral en estas últimas elecciones en particular. Son dos preguntas distintas que habría que hacerse: (1) ¿hubo o no fraude electoral? y (2) ¿si hubo fraude electoral, fue lo suficiente para afectar los resultados de las elecciones? Se puede contestar en lo negativo a la segunda pregunta, sin adoptar la posición cuestionable que han adoptado los medios de “cero fraude”.

El 13 de noviembre, Jonah Goldberg, ex editor de la prestigiosa revista conservadora National Review y un conocido miembro del grupo “Nunca Trump” publicó un artículo “Future Perfect”.  En dicho artículo Goldberg dice que es fácil encontrar evidencia para sostener cualquier información.  Goldberg pasa a criticar al equipo de Trump por disputar los resultados no oficiales de las elecciones presidenciales con base a evidencia anecdótica de casos “menores” de corrupción.  Goldberg afirma que esa evidencia no es suficiente para alterar los resultados no oficiales de las elecciones. Esta conclusión es razonable, pero incompleta. Goldberg admite que, si hubo fraude, pero, en su estimación, no ocurrió en la magnitud suficiente para cambiar el “hecho” que Trump perdió las elecciones.  Sin embargo, aunque la admisión de la existencia de evidencia de fraude desmiente el titular problemático de New York Times, si Trump ganó o perdió las elecciones no va al tema de la narrativa engañosa que manejan los medios de que no hubo “nada de fraude”. 

Los medios tienen un abierto sesgo contra Trump y se niegan a tratar con seriedad cualquier evidencia que contradiga cualquier narrativa armada en su contra. La última narrativa es que el cuestionamiento de Trump de los resultados de las elecciones presenta una amenaza existencial para la democracia.  La verdad es que es mucho más peligroso para un sistema político liberal que los medios promuevan una narrativa engañosa en contra de la evidencia, por “menor” que sea, a que un político ejerce sus derechos y pelee en las cortes para disputar los resultados de las elecciones. El abierto sesgo de los medios los ha hecho cubrir ciertos temas, ignorar otros, adoptando marcos referenciales positivos o negativos, dependiendo de las conclusiones que quieren que sus audiencias adopten. Los medios masivos han pasado de presentar evidencia a favor de su narrativa, e ignorar cualquier evidencia que la contradice, a negar la existencia de evidencia inconveniente. Eso los convierte en instrumentos de propaganda y desinformación. Este sesgo de los medios los ha llevado a tener los niveles más bajos de credibilidad y aprobación que han tenido en la historia, de acuerdo con la firma de análisis de datos Morning Consult.

Los medios masivos no siempre están en contra de quienes disputan los resultados de las elecciones. Si son Demócratas quienes disputan los resultados, la cobertura suele ser más amplia y enmarcada de manera positiva. Le dieron amplia cobertura a Hillary Clinton que ha insistido en cuestionar la legitimidad de las elecciones que perdió en 2016, afirmando que los rusos habían hackeado las elecciones en todos los condados de Florida en 2016 y que Trump es un presidente ilegítimo.  Los medios también han dado amplia cobertura a la Demócrata Stacey Abrams, quien perdió las elecciones para gobernadora en Georgia en 2018 y se ha negado en conceder que su derrota fue legítima, sin mayor cuestionamiento de los medios.

La desinformación de los medios ha incidido no solo en su baja credibilidad, sino en la baja confianza que millones de personas tienen en los medios y en el proceso político. Esta baja confianza no es resultado de los cuestionamientos que Trump suele hacer en contra de lo que el llama Fake News Media (medios falsos). La baja credibilidad de los medios es resultado de la conducta cuestionable de los propios medios.  Habría que recordar que los medios también movieron una narrativa falsa de que las últimas elecciones de 2016 fueron ilegítimas porque los rusos habían “hackeado” las elecciones para poner a su títere Donald Trump en la Casa Blanca. Time Magazine en mayo, 2017 publicó en su portada una imagen representando al Kremlin dominando a la Casa Blanca.  Los medios trabajaron de la mano en este tema con los Demócratas.  Ese mismo mes, Nancy Pelosi posteó un tuit afirmando “Nuestra elección fue secuestrada. No hay duda.”  En marzo de 2018, Associated Press publicó la afirmación del jefe del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja del Congreso, el congresista Demócrata Adam Schiff de que había “evidencia significativa” de colusión entre la campaña de Trump y Rusia. Schiff nunca la produjo, y Associated Press nunca se molestó en corregir la narrativa, que fue ampliada por los medios masivos en general. Para agosto 2020, la gran mayoría de Demócratas (73%) todavía creían que Trump había coludido con Rusia para ganar las elecciones [ilegítimamente] en 2016.

En mayo, 2020, CATO, el tanque de pensamiento libertario, generalmente opositor a Trump, publicó un artículo denunciando esta falsa narrativa. Hizo bien en hacerlo.  Si los medios masivos no regresar a los estándares profesionales de imparcialidad y un mínimo razonable de objetividad, millones de personas no confiaran en ellos. Se irán a buscar sus noticias en otros lados poco ortodoxos. Podrán tener los mismos defectos que los medios masivos, pero con un sesgo distinto que no ofende a sus crecientes audiencias.  El resultado será un pueblo más dividido con puntos de vista inconmensurables, lo cual hará que el consenso y los acuerdos políticos básicos necesarios para la paz social sean más difíciles de lograr.

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