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Hacia una cultura de paz por medio de la palabra

Ventana Cultural

Vivimos en un tiempo, donde los ánimos se están caldeando por diferentes motivos.

Las noticias no son nada alentadoras. Huelgas en un lado, protestas en otro. Se defiende el derecho de la humanidad a protestar y exigir que se respeten los derechos fundamentales del hombre.

Muchos buscamos vivir en paz, pero la paz no quiere decir estar alejados de los conflictos. Como diría Albert Einstein: “La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento.”

Bien dicen algunos que han estudiado el comportamiento humano que detrás de todo acto violento, sea una disputa estéril, sin sentido, o una guerra entre dos o más países, existe el miedo, la cobardía, el resentimiento, la envidia, el hastío interior, la falta absoluta de espiritualidad y la inacción.

La paz no solo es lo contrario de la violencia. Detrás de la paz se encuentran agazapados el amor, la concordia, la compasión, la empatía y la generosidad. Es acción positiva que construye, avanza y se plasma.

Es cierto que las injusticias se tienen que denunciar, pero hay maneras de hacerlo. Podemos manifestarnos, hacer plantones, pero todo de manera pacífica, sin llegar a extremos de vandalizar. Por supuesto, no hay que cerrar los ojos a todo lo que nos rodea. Porque, así como hay unos que quieren paz y justicia, hay otros que están dispuestos a hacer desorden en nombre de algo que tal vez no se conoce ni mucho menos se cree.

¿Qué lo legal no siempre es lo justo? Puede ser, pero es lo correcto, ninguno de nosotros, como ciudadanos, va a obtener lo que quiere, mucho menos con el uso de la fuerza, ya que, a la fuerza nada se puede hacer, sino que obtendremos lo que necesitamos y aquello que estamos preparados para recibir. Pero también recibiremos aquello de lo que estamos dispuestos a dar.

¿Cuántos de nosotros no hemos reaccionado con violencia ante alguna situación o circunstancia? ¿Cuántos de nosotros no quisiéramos tomar un arma y matar a quien le ha ofendido? Mentiríamos si dijéramos que ninguno, porque todos tenemos la semilla de la violencia dentro de nosotros, pero también todos tenemos la semilla de la paz dentro de nuestros corazones.

La paz es una virtud que va acompañada de la generosidad, del amor, de la bondad, de la justicia, quien vive en paz no necesita alzar la voz, su accionar habla por sí solo, quien vive en paz, puede tener una sana convivencia con su entorno, respetando a todos y cada uno por igual.

Vivir en paz no quiere decir no tener conflictos, el conflicto es parte esencial de cada uno de nosotros, porque nos enseña a no tropezar con ellos, la paz es la capacidad que tenemos de sobrellevar los conflictos.

Necesitamos pasar de la paz negativa a una paz positiva, donde todos y cada uno de nosotros pueda convivir sanamente con los demás, donde nos respetemos mutuamente en todo sentido, desde la manera de pensar, hasta en el modo de actuar.

Cada uno de nosotros piensa diferente, actúa diferente, tiene ideas diferentes, pero cada uno respeta y trabaja con los otros independientemente de donde gire la balanza y la moneda se pose en donde no queremos, pero es donde debe estar para que todo fluya y no se estanque.

Necesitamos urgentemente buscar la verdadera paz que radica en el corazón, aquella que nos libera de odios y rencores sin sentido, aquella que nos lleva a vivir en completa armonía, aquella que nos lleva a dar aquello que tenemos, y que nos lleva a caminar de la mano a la forja de un mejor país y un mejor mundo.

Este 23 de noviembre se celebró el día internacional de la palabra. La fundación César Egido, junto con sus embajadores de la palabra a nivel mundial, y el museo de la palabra, realizarón diferentes actividades donde se promueve la paz y la hermandad por medio de la palabra. Este año 2020, las cosas son totalmente distintas.

Aunque se han suspendido todas las actividades sociales y culturales. El encierro nos ha enseñado muchas cosas. Nos ha enseñado a reflexionar en nosotros mismos, a aprender de las circunstancias adversas, a conocernos a nosotros mismos, saber qué es lo que queremos y anhelamos, a cuidar de los nuestros.

La palabra es un arma de doble filo. Tiene la capacidad de construir o destruir, edificar o cortar, empoderar o humillar. Nuestras palabras deben ser reflejo de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Si queremos un mundo en paz, no solo debemos hablar de paz, sino, como dijo María Montessori en su método de enseñanza, ser ese vínculo de paz con nuestros niños para que nuestro mundo sea mejor.

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