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Maradona y el poder de las mayorías

Idealis Mundi

Ha muerto Diego Armando Maradona, acreedor del respeto que merecen todos los seres humanos, criaturas de Dios y, por tanto, de valor infinito, inconmensurable.

Dicho esto, a la opinión pública, mejor dicho, a la masa, se le ha muerto un dios pagano: un gran jugador de fútbol, adicto a las drogas duras, amigo de los Castro, de Chávez y Maduro y odiador de Estados Unidos, sobre todo desde que se le negó la entrada por sus relaciones con la droga. Sea como sea, llegó a ser el ser humano más famoso del mundo, incluso más que el presidente en Washington de aquel momento y que el segundo en la lista, el Papa Juan Pablo II.

Hasta en las finanzas globales se lo menciona. Hace 15 años el titular del Banco de Inglaterra, refiriéndose a cómo los bancos centrales pueden gestionar las expectativas para alcanzar sus objetivos, recordó el gol de Maradona contra la selección inglesa durante los cuartos de final del mundial de México, de 1986, que fue el resultado de una tremenda gambeta logrando despistar a los jugadores e incluso al arquero que esperaba el gol por otro costado. Fue el mejor gol del siglo XX según la FIFA. “La política monetaria funciona de manera similar, las tasas de interés del mercado reaccionan a lo que se espera que haga el banco central”, explicó el titular del banco.

Desde entonces se conoce a la gestión de expectativas como el “Efecto Maradona” y ha sido utilizada por muchos bancos centrales incluyendo la Reserva Federal de Estados Unidos. Pero, advierten muchos, que el gol que sacó finalmente a Inglaterra del Mundial lo hizo con la mano, engañando al árbitro. La “Mano de Dios” provocó dolor y frustración a muchos aficionados ingleses.

Ahora, tal es la idolatría a este dios pagano (el D10S, haciendo referencia al número 10 de su camiseta de fútbol) lo llamó el segundo en la línea del gobierno argentino que, en mi país, Argentina, hasta un periodista profesional de muchos años, Guillermo Andino, lloró desconsoladamente frente a las cámaras de televisión, durante su programa en vivo, al enterarse de su muerte y pidió que le trajeran una silla para poder sostenerse.

A tal punto llega su idolatría que, al menos por unas horas, ha logrado terminar con la “pandemia” ya que las tapas de los diarios prácticamente la ignoran -si hasta han quitado de sus primeras planas los contadores de muertos en tiempo real, como si se tratar de un partido de fútbol- para ocuparlo con la muerte del astro.

El gobierno argentino que tiene prácticamente cerrados los cementerios y no permite el entierro de los seres queridos por sus familiares, ha decidido que su funeral masivo se realice en la Casa Rosada, las oficinas oficiales del presidente. Y mientras ignora a los miles de suicidados y muertos por desnutrición debido a las cuarentenas, como si no existieran, por este dios pagano decreta tres días de duelo nacional y el presidente suspende su agenda.

Que en paz descanse don Diego Armando, como se merece todo ser humano, y que la familia y amigos encuentren consuelo. Entretanto, nos quedamos pensando si realmente las masas son confiables o se dejan llevar muy irracionalmente por la propaganda y la fama. Nos queda la duda de si, al final, la pandemia era tan grave, o solo otro dios pagano inventado.

Nos queda la duda, de si la vida, la libertad y bienes de las personas, pueden quedar libradas a la opinión de las mayorías. Por ejemplo, si impuestos o regulaciones que pueden frustrar nuestras vidas financieras o asuntos más graves que hacen a nuestra libertad, pueden quedar en manos de gobiernos con la excusa de que han sido votados por la mayoría. 

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