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Una Enseñanza de Calidad

Nueva Sociedad

La UNESCO en el año de 1998 redefinió la función de las escuelas, en el sentido de lo que la sociedad espera de estas instituciones.

Como se ha venido repitiendo, el análisis de la calidad de la enseñanza que se ofrece en las aulas producto del tipo de prácticas que allí se despliegan, así como de los modelos de formación que se siguen y suponen guiarlas, debe hacerse a la luz de las demandas que la sociedad le hace a la educación. Para ella, lo relevante parece ser el valor que debería dársele al entendimiento y a la participación de los aprendientes cuando se busca gestionar, estructurar, planificar y organizar los aprendizajes para la solución de problemas.

Apunta a la concordancia que tiene que existir entre las funciones de la educación y las expectativas de la sociedad como una de las responsables para alcanzar la calidad educativa esperada por todos y todas. En este sentido, vale la pena recordar que la UNESCO en el año de 1998 redefinió la función de las escuelas, en el sentido de lo que la sociedad espera de estas instituciones; reforzar las funciones de la institución y apuntar a crear una sociedad nueva no violenta. Lo que se traduce en un proceso de doble vía, que va desde las instituciones de educación hacia la sociedad y desde la sociedad hacia las instituciones de educación.

En este sentido, el grado de responsabilidad que recae en el docente cuando se promueve el significado que tienen los aprendizajes es importante, por eso hay que considerar las posibilidades que el entorno le brinda para el logro de tal cometido.

De nuevo y de manera repetida, el valor que la oferta académica le da al conocimiento pareciera ser que en primer lugar está dirigida a responder a una necesidad de suplir las exigencias del mercado, aquel pensado para la productividad de la economía y no tanto para impactar intelectual y funcionalmente la vida del ser humano; aunque a su vez, comparte el interés por ese conocimiento. Esta mezcla no aclarada ni ordenada jerárquicamente, desmerece y a veces desvía la autorrealización personal y profesional, dejando en segundo lugar, la vinculación del sujeto con los aspectos que le atañen como ciudadano.

Como consecuencia es que se ha entrado en un nuevo estadio que es calificado como la sociedad del conocimiento, que se traduce como el paso de una sociedad fundada sobre la producción de bienes materiales y servicios, a una sociedad basada en la información, en la que prevalece el tratamiento, almacenamiento, intercambio y producción de nuevos conocimientos. En tal sentido, el conocimiento es reconocido no solo como una la variable definitoria de las sociedades modernas, sino como el principio y fin de la educación.

De tal manera se afirma que las naciones que más inviertan en educación, ciencia, tecnología y en cultura será las que mayores ventajas competitivas y mejores niveles de bienestar podrán generar en beneficio de su población. Apunta Camps (1994), citado por Marchesi (2007), al señalar que se ha pasado de ser una sociedad caracterizada por la importancia que se le dio al acero, luego a la producción de bienes tangibles y ahora lo importante es el valor añadido proveniente del conocimiento. Se trata en esencia de perfilar el porvenir como un centro educativo capaz de generar, aplicar, recrear y distribuir democráticamente los conocimientos científicos y tecnológicos para los más amplios sectores de la sociedad.

Más concretamente, se entiende que la responsabilidad social educativa es el compromiso que asume el maestro al vincular y construir conocimiento para generar el desarrollo de personas críticas y funcionales a la sociedad, susceptibles ante la debilidad ajena, intuitivas, autónomas de pensamientos, capaces de decidir y accionar, amantes del aprender, capaces de tolerar, respetuosas de la diversidad y proactivas para poder subsistir, construir y tener una mejor calidad de vida. Haciendo uso de cada una de las características mencionadas, permitirá que el grupo de estudiantes utilice el conocimiento desarrollado, generándole autonomía y autorrealización personal y profesional. Ya que los centros de educación deben de ser considerados como una de las fuentes que contribuyen a la forma significativa y al desarrollo de la innovación científica y tecnológica para la solución de los problemas socialmente relevantes.

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