Press "Enter" to skip to content

Pueblos originarios ante el bicentenario de la independencia (11)

Tanmi Tnam

El gobierno en turno padece problemas de gobernabilidad, sin acciones para responder a las necesidades de la mayoría y desposeídos del país.

No le agradan las manifestaciones ciudadanas como medio de demanda e indicador de democracia, mide a todos por igual y está ocupado en proteger la corrupción y el fomento de la pobreza. Hay que reconocer que malos gobiernos abonan para que los pueblos despierten y que, con los mecanismos legales y legítimos al alcance, asuman la práctica de sus derechos civiles y políticos para una Guatemala justa y democrática.

Volver al tema pueblos originarios ante el bicentenario de la independencia, llega la Revolución de Octubre de 1944, que nos lleva a considerar que las revoluciones siempre crean esperanzas en la población porque hay posibilidades de construir justicia social, democracia, libertad y bien común sobre la base del reconocimiento y práctica de los derechos de las personas y de los pueblos. Una revolución debería permitir la liberación de los pueblos de la opresión y de la miseria porque muchos olvidados hacen el esfuerzo de comprender el lenguaje revolucionario y aspirar a ser parte de la vivencia del proceso y de los logros. De la Revolución de 1944, se reconocen los avances de carácter general para la población guatemalteca como educación, Código de trabajo, organización de sindicatos y el fin de una dictadura, entre otros.

Los análisis realizados por estudiosos, la Revolución de Octubre de 1944 consideró a la población indígena como un problema que habría que resolver por ser culturas atrasadas, fuera de tiempo y por lo mismo deberían ser asimiladas a la cultura dominante. Estos son algunos ejemplos del pensamiento y práctica de la Revolución de Octubre de 1944 en relación a los pueblos originarios: actuó militarmente para reprimir y eliminar a muchos kaqchikeles en el hecho de Patzicía, un par de días después del triunfo de dicha Revolución. (ver Edgar Esquit, 2019).

La Constitución Política de 1945 en su Art. 4. establecía que “el idioma oficial de la República, es el español”, mientras que en su Art. 83 declaró de “utilidad e interés nacionales, el desarrollo de una política integral para el mejoramiento económico, social y cultural de los grupos indígenas”. El Decreto No. 76 en marzo de 1945, Reglamento para control de jornales establecía seguir con el trabajo forzado en beneficio de los patronos y la peor parte para la población indígena. En agosto de 1945, por Decreto No. 269 se crea el Instituto Indigenista Nacional que en su único considerando mencionaba “que Guatemala, en su constitución étnica confronta el problema de grupos indígenas”.

En 1946, el gobierno de Guatemala inscribió a Doroteo Guamuch Flores en los eventos deportivos de 1946 en Barranquilla Colombia como “Mateo Flores, sintiendo quizá vergüenza de inscribir a un guatemalteco con un apellido indígena” Peláez, O. citado en Julio César Pinto 1999. El Estadio Mateo Flores, también estuvo muchos años solamente con este nombre, hasta que finalmente en agosto 2016 a través del Decreto No. 42-2016 se examinó la discriminación cometida y se reconoció el nombre completo a tal instalación deportiva como Doroteo Guamuch Flores. El Estado como el instrumento para resolver el problema indígena a través de políticas y estrategias cuyos resultados serían la asimilación o eliminación de la cultura de pueblos originarios demostró que la justicia social que promocionó la Revolución quedó lejos para la solución de los grandes problemas que hace siglos padecen dichos pueblos.

Area de Opinión
Libre expresión de pensamiento.

Lea más del autor:

%d bloggers like this: