Press "Enter" to skip to content

Un paso en falso

Sueños…

Por el bienestar de la Tierra y los seres vivos que aún la habitan, todos queremos encontrar el camino de la reconciliación del ser humano consigo mismo y con la naturaleza. ¿Podremos reconstruir nuestras formas de vida para vivir en paz, armonía y solidaridad con los otros humanos?, ¿podremos construir una sociedad amigable con el resto de especies, respetando su derecho a vivir en forma natural y sobrevivir en el planeta?, ¿podremos establecer una frontera en la que la mitad de la naturaleza permita vivir a los humanos en sociedad y en la otra mitad vivan las otras especies en libertad?, es nuestro sueño, me encantaría que pudiéramos lograrlo. Pero la mayor parte del tiempo mis sueños se desvanecen y creo que no hay marcha atrás, que estamos condenados a destruir la vida en este planeta, que hace 20 mil años aún era el paraíso en el universo.

En palabras de James Lovelock y Krispin Tickell, dos legendarios defensores de la vida en la Tierra, Gaia es el complejo ser viviente compuesto por materia orgánica e inorgánica, que interactúa formando las condiciones de esa maravilla común que llamamos vida. Es una delgada capa de tierra y agua que se encuentra entre el interior incandescente del planeta y la atmósfera llena de gases maravillosos. Gaia es compleja, ya que conforma todo un sistema de organismos vivos que interactúan generando energía y materia indispensable para la convivencia.

La naturaleza dio un paso en falso. Hará unos dos millones y medio de años apareció en África el homo, una especie de mono extraño, con escaso pelo y sin cola, que luego de vagar entre el nororiente y el sur de África, en contra de cualquier pronóstico realista, se convertiría en el amo de la Tierra. Luego de millones de años de ser un mono insignificante, hará 12 mil años generó la primera revolución económica, descubrió la agricultura, e inició la quema de los bosques y la construcción de aldeas, provocando, gracias a su memoria la generación de economía, religión, sociedad y destrucción de los recursos naturales.

Tickell insiste: “Al contemplar el ecosistema global como un todo, el crecimiento de la población humana, la degradación de la Tierra, el agotamiento de los recursos, la acumulación de desechos, la polución de todo tipo, los cambios climáticos, los abusos de la tecnología y la destrucción de la biodiversidad en todas sus formas, constituyen una amenaza sin par para el bienestar de los humanos, una amenaza a la que generaciones anteriores no hubieron de enfrentarse.” (Prólogo de J.Lovelock. La venganza de la Tierra).

En torno a reconstruir relaciones de convivencia y armonía con la naturaleza, existen una gran variedad de posiciones, en general el ser humano nunca estará de acuerdo en forma generalizada sobre la interpretación de ningún fenómeno social o natural. Están los científicos que recogiendo datos e información hacen un llamado a detener la destrucción intensiva de los recursos del planeta y la destrucción de las especies. Afirmando, con propiedad, de que ese camino lleva hacia la catástrofe. Luego viene el grupo de los que afirman que no hay nada de que preocuparse, que la naturaleza pasa por ciclos de aumento de la vida y el número de especies y períodos de extinción de algunos seres, pero que al final todo vuelve al equilibrio. Finalmente, están los que prefieren concentrarse en el centro del problema, afirmando que es posible el “desarrollo sostenible”, es decir, la explotación racional de los recursos del planeta.

Estamos muy lejos de los avances científicos de aquel pequeño pueblo griego, que realizó geniales avancen en torno al respeto, convivencia y cariño por la naturaleza. A los griegos, que parecían poner al humano de pie y capaz de respetar el paraíso, siguió una larga etapa de predominio de los prejuicios religiosos que oscurecieron el pensamiento, y culminaron con la revolución burguesa, la creación de la lógica del mercado que ha permitido al humano desarrollar técnicas, instrumentos, mercados y relaciones de intercambio espectaculares, hasta el punto de dominar completamente el planeta y someterlo a la voluntad del humano.

Friedrich Engels, un filósofo de antonomía señala que, a partir del siglo XV, se descubrió, en rigor, la tierra. Al comprender la unidad del mundo los europeos se lanzaron a integrar el planeta por medio del comercio, las invasiones armadas, la matanza de especies animales, la construcción de los Estado y el control completo de los sistemas económicos y sociales.

Lovelock concluye que “…hemos crecido en número hasta el punto de que nuestra presencia afecta al planeta como si fuéramos una enfermedad.” Seremos una especie de cáncer para el planeta. Ya casi no tenemos tiempo para rectificar el paso en falso y mostrar que en realidad somos seres inteligentes, capaces de diseñar una nuevo forma de convivencia social, entre humanos y el respeto a todas las otras especies.

Area de Opinión
Libre expresión de pensamiento.

Lea más del autor:

%d bloggers like this: