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Proponiendo una salida

Mirilla Indiscreta

Alborotado como está el país, la fragmentación y desencuentro en la sociedad guatemalteca, es de tal magnitud, que la confusión anuló totalmente el buen juicio y las más bajas pasiones se instalaron como un mecanismo aceptable para dirimir las diferencias y hacer legítimo el reino de los más bastardos intereses.

No existe, en medio de tan deplorable arrebato y descomposición un solo espacio, por mínimo que fuera, que no se encuentre contaminado y en abierta oposición a cualquier concepto que se sustente en una supuesta convivencia civilizada.

Fuimos incapaces de darle solidez institucional al marco constitucional que nos empeñamos en promulgar hace 35 años y en muy poco tiempo hicimos del difícil camino de la democracia una brecha llena de hoyos que en lugar del bien común, nos condujo por las veredas podridas de la falsificación política y económica para la satisfacción y ambición depredadora de quienes, por turnos, envilecieron el poder, subastaron la patria, se corrompieron y la transformaron finalmente en un potrero de bestias cimarronas.

Una historia sin historia nos hizo víctimas de un presente sin presente y un futuro saturado por la angustiosa incertidumbre de un destino social incierto.

Tres generaciones a partir de una supuesta apertura democrática que se debaten en la confusión ideológica y la aceptación dogmática de nuevos paradigmas culturales, que nos retornan a la barbarie, más próxima a las instintivas tribulaciones cavernícolas, que a la utopía de Tomas Moro como aspiración de una convivencia ideal.

Supervisados y dirigidos por capataces locales alquilados, y usurpadores extranjeros, creemos que nuestra limitada y atormentada realidad local, nos puede permitir juegos artificiales de independencia.

Aún conscientes de donde se encuentra la fuente de poder real, nos consolamos entreteniéndonos con artificios ridículos aparentando disputar un poder inexistente, mientras que la realidad nos grita que estamos siendo violados.

Aparte del poder extranjero que manda y tutela, sus oficiosos y auto-designados lacayos locales, manifiestan con sus actos arbitrarios, una prepotencia sin límites y un afán de poner sus condiciones sobre cualquier circunstancia ética o moral, contando incondicionalmente con sus peones en el sistema de justicia, que saben que sirven al amo obedeciendo a sus sirvientes.

Sin embargo, esta transformación planetaria, requiere para mantener su dominio sobre la conciencia de colectividades sometidas y confundidas la formación permanente y obligada de una opinión pública que disfrace lo malo en bueno y lo bueno en inaceptable y obsoleto.

Por esa razón han encubierto el atropello y disolución constitucional de nuestro país, en un ropaje de legalidad y respeto al Estado de Derecho, cuando la verdad de la agresión, frente a la indiferencia, incultura o desconocimiento de la población, sea vulgar y abusiva… todo lo contrario de lo que pregonan.

Pero las formas son indispensables, para instalar la mentira y por esa razón, un último recurso para sobreponernos al establecimiento de una dictadura legalizada, es la de crear una línea de defensa.

Precisa evitar la destrucción de los organismos del Estado, por el sometimiento a una corte ajena a los tres poderes del Estado, que encontró en la degradación y falsa utilización de la figura del amparo, el instrumento ilegítimo para legalizar la destrucción de la República y justificarse frente a la opinión pública nacional e internacional.

Independientemente, de las fallas de composición, formación y estructura, tanto el Organismo Legislativo, Ejecutivo como el Judicial deben integrarse en una acción conjunta, creando un frente de defensa de la institucionalidad, que evite, qué, por etapas, los destruyan paulatinamente, invocando una legalidad inexistente y prostituida, que confirma la abierta intención de terminar con la República de Guatemala.

Se impone unificar los tres poderes del Estado para defender la integridad y la soberanía nacional, y así evitar que sea manipulada, como lo ha sido, la comunidad internacional, sumada a la confusión por desconocimiento y desinformación de los connacionales.

Constituye un imperativo categórico que se sobrepone, por ser la Republica un valor superior, a cualquier diferencia coyuntural que incluso entrañe juicios de valor en relación a los integrantes de esos organismos.

Si los perversos presentan un solo frente como barrera inexpugnable, proclamándose honorables entre delincuentes, quienes defienden la república deben rebautizarse en un solo rebaño patriótico e invencible.

Sin perdonar pecados, se deben absolver como penitentes frente al altar de la patria.

Y evocando a Cicerón afirmemos.

“MAS AUTORIZADO Y DE MAYOR VALOR ES EL CRITERIO DE DIEZ HOMBRES BUENOS, QUE NO EL DE TODA UNA TURBA DE IGNORANTES”.

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