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Un objetivo supremo: salvar el planeta con vida

Sueños…

“Ya existen demasiados libros sobre el cambio climático.” Es la queja de algunos sobre este controvertido tema. No obstante, hasta Bill Gates, una de las columnas de la innovación tecnológica y gerencial, cuyos productos no necesariamente protegen el ambiente, se ha lanzado a pista. Ha escrito varias recetas para proteger el planeta, Cómo evitar un desastre climático será sin duda un texto muy discutido. Al final la receta se reduce a utilizar intensivamente la energía nuclear y la informática para organizar la nueva producción mundial.

Por supuesto, hay otros puntos de vista. Como en un cuento de aventuras fantásticas los seres humanos no quisiéramos hacer verdadera la predicción de aquel que dijo que todo es un ciclo:

“… por más innumerables que sean los seres orgánicos que deban surgir y perecer antes de que se desarrollen de su medio animales con un cerebro capaz de pensar y que encuentren por un breve plazo condiciones favorables para su vida, para luego ser aniquilados sin piedad, tenemos la certeza de que la materia será eternamente la misma en todas sus transformaciones, de que ninguno de sus atributos puede jamás perderse y que por ello, con la misma necesidad férrea con que ha de exterminar en la Tierra su creación superior, la mente pensante, ha de volver a crearla en algún otro sitio y en otro tiempo.” (Engels, 1875)

La sociedad humana alcanzó un estado productivo de una eficiencia infinita, que le han permitido controlar por medios científicos y tecnológicos el control de las tendencias de toda la naturaleza que se someten a su libre albedrío. Desde el momento en que el Renacimiento genera el auge de la ciencia como instrumento fundamental para el conocimiento de los procesos materiales y espirituales de la naturaleza apoyados en los tres grandes acontecimientos que marcan la integración de todo el planeta en un solo mundo, lo que a su vez provoca el control básico de todos los procesos naturales, se ha creado la posibilidad de la planificación de un mundo dominado por la humanidad.

Lo que hoy conocemos como la globalización, o mundialización, es un proceso de integración cultural, económica y social de toda la humanidad que provoca una lucha incesante por el control del aparato social y las condiciones de vida en el planeta. Este proceso se inicia con tres grandes tendencias que hemos vivido en los quinientos años recientes. Desde el descubrimiento de América, a finales del siglo XV, pasando por la revolución industrial hasta la revolución francesa en el siglo XVIII se dieron los tres grandes momentos que nos permiten observar el mundo moderno ya maduro. El descubrimiento de América dio lugar a la conquista y saqueo de nuevos territorios por los europeos, permitió comprender que el mundo es redondo. Lo que generó procesos de guerra e invasión con el fin de completar la unión bajo el mando de un determinado grupo hegemónico ya sea nacional o de clase.

La revolución industrial generó el auge de la aplicación de la ciencia a la producción, y el mejoramiento de la tecnología en todos los ámbitos de la actividad humana: producción, comercio, distribución, comunicaciones, transporte y cultura. La revolución francesa sentó las bases de una sociedad humana basada en la “igualdad” de sexo, religión, clase social y posición económica.

Estos fundamentos han permitido a la sociedad profundizar su capacidad de producción, de diseño de ciudades, incremento del uso de la energía y un uso intensivo de los recursos naturales. Hemos arribado al momento cumbre: como diría Federico Engels el ser humano ha logrado imprimir su sello a la naturaleza, la ha dominado. El ser humano es el único que es capaz de modificar el clima y el aspecto de plantas y animales, es el único capaz de cambiar todo el aspecto exterior e interior de un territorio innumerable de la naturaleza. Los resultados de la actividad humana solamente pueden desaparecer con la extinción de la vida humana o de la vida en general. El ser humano con su cerebro, sus manos y sus relaciones sociales ha generado un conocimiento y un control de las leyes de la naturaleza que se escapa del control de las leyes de la naturaleza y las determina por sí mismo. Lo que no podemos predecir es sí será para preservar la vida o para extinguirla en este mundo.

Los quinientos años de control cada vez más absoluto de la humanidad sobre la naturaleza nos han enseñado una terrible verdad. El conocimiento y la tecnología permiten el cubrir las necesidades humanas en forma cada vez más completa y abundante. Pero, hemos despertado súbitamente en medio de una pesadilla, podemos extraer recursos de forma cada vez más intensiva y eficiente pero no sostenible.

Ya lo anunció Crispin Tickell “…al contemplar el ecosistema global como un todo, el crecimiento de la población humana, la degradación de la Tierra, el agotamiento de los recursos, la acumulación de desechos, la polución de todo tipo, los cambios climáticos, los abusos de la tecnología y la destrucción de la biodiversidad en todas sus formas, constituyen una amenaza sin par para el bienestar de los humanos, una amenaza a la que generaciones anteriores no hubieron de enfrentarse.”

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