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Seguimos al mismo ritmo

Punto de Vista

Última semana de febrero: el mes finaliza con la donación de vacunas, las primeras en llegar al país por gentileza de Israel, pero también, con la denuncia de la compra de pruebas falsas para detectar el Covid 19. Sin olvidar por supuesto, el cambio de ritmo al Himno Nacional, idea que indignó a muchos (ojalá otros temas encolerizaran con esa energía) pero que finalmente no cuajó, aunque creo que el joven rubio, de pelo largo y ojos verdes de Petén, si cantará definitivamente.

En medio de este cambalache, están por elegirse los magistrados titulares y suplentes de la Corte de Constitucionalidad para los próximos cinco años, el 14 de abril se tendría la nueva Corte. Jon Piechowski, Subsecretario Adjunto de la Oficina de Asuntos Hemisféricos Occidental expresaba: “La Corte de Constitucionalidad del país es muy importante en el Estado de Derecho y la gobernanza guatemalteca (…) es vital que los candidatos que avancen a la Corte sean personas honestas (…)”.

En Guatemala y en esa misma línea, algunas organizaciones de la sociedad civil demandan un proceso transparente de elección y que se realicen convocatorias abiertas.

Mientras tanto, el embajador William Popp visita la V Brigada de Huehuetenango, preocupado supongo, porque en las próximas semanas comienza una de las temporadas altas de trasiego de drogas hacia el norte. En resumen, cooperación contra los grupos criminales transnacionales y fortalecimiento de la seguridad fronteriza. Por su parte, el Secretario de Estado, Antony Blinken, honraba a los 12 campeones anticorrupción, entre los cuales resaltaba el fiscal Juan Francisco Sandoval de Guatemala.

En fin, hechos de trascendencia que pasan desapercibidos o simplemente son totalmente desatendidos por el grueso de la población, tolerante o indiferente ante la difícil situación del país. Pero también, profesionales que rehúsan el análisis, la crítica y el debate con el slogan “debemos estar unidos”, sin explicar para qué fin, o con argumentos como “debemos ser el ejemplo de Dios para los demás” pero inmóviles ante las injusticias que rompen la cara, digamos que el otro no vale mucho, porque mientras no me suceda a mí, estoy bendecido.

La pregunta que deberíamos hacer es: ¿qué tiene que suceder para que exista un movimiento ciudadano robusto y duradero para cambiar las notas de este baile que en nada beneficia a la mayoría? Aún no tengo la respuesta; aquí y ahora seguimos al mismo ritmo.

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