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Historia y bicentenario

Tanmi Tnam

La población guatemalteca está tan acostumbrada a leer la historia incompleta, llena de vacíos y desde una mirada que limita comprender el pasado y el presente lleno de conflictos, con dificultades para identificar los motivos por qué estamos como estamos y por lo mismo no importa asumir procesos que capten la presencia, los ideales, los valores y el tipo de proyecto político que se necesita para el futuro de los pueblos que integran nuestro país.

Estamos acostumbrados a iniciar el estudio de la historia guatemalteca a partir de 1492, pasando por la invasión, la colonia y hasta nuestros días. Esta historia oficial de Guatemala solamente se refiere superficialmente a los acontecimientos que tienen significado desde la mirada dominante y de esta manera desconoce el pasado de los pueblos que habitaban estas tierras como el caso de los mayas, xinkas y después los garífunas. Esta historia todavía niega la vida y presencia de los pueblos considerados de poca importancia, es la historia escrita por el vencedor. Esta historia, la mayoría de veces, no tiene ojos y voz para relatar el racismo, la discriminación, la injusticia y el despojo que han sufrido y sufren los pueblos originarios de Guatemala y cuando dedica unas líneas a ellos los presenta como los atrasados, ignorantes, carentes de cultura y por lo mismo hay que civilizarlos.

La historia que se estudia en la educación escolar es la que dedica sus páginas a acontecimientos como la llegada de los españoles, habla de conquista, la fundación de la capital de Guatemala, la madre patria, el cristianismo y la declaración de la independencia criolla. De los pueblos invadidos no se les estudia la vida y las condiciones políticas, económicas y sociales que sufrieron durante la invasión y la continuidad de estos hechos durante la época colonial. Una lectura detenida de los hechos deplorables en estas épocas puede ayudar a los pueblos a proyectar acciones que transformen las condiciones actuales para vivir en democracia y justicia. Este es un trabajo que corresponde a todos los pueblos de Guatemala.

Ahora que las altas autoridades del país ya empezaron a conmemorar el bicentenario de la independencia criolla, los pueblos originarios no encuentran motivos para participar de esta fiesta a excepción de quienes por condiciones particulares se ven en la obligación de asistir. A partir del 15 de septiembre de 1821, actores nacionales asumieron la responsabilidad de conducir los destinos del país con la continuidad de la discriminación, el racismo, el trabajo forzoso y sin el reconocimiento de los pueblos originarios. Al leer el contenido de las Constituciones y de las leyes emitidas por el Congreso durante los 200 años se dirigen a buscar el bienestar de la población dominante y son las fuentes de las políticas cuyo espíritu y práctica tienen por objetivo extinguir, diluir o incorporar a los pueblos originarios a la cultura considerada la mejor. La Constitución de 1985 dedica algunos artículos que se refieren a las culturas de los pueblos originarios y enfatiza en sus primeros artículos la supremacía únicamente de la vida de las personas y por lo mismo maltrata la vida de la naturaleza. 

El poco o nada de reconocimiento de los derechos colectivos, el impacto de la invasión, el despojo, el racismo, la pobreza extrema, la desnutrición, el estado de los servicios públicos y el olvido en que se encuentran los pueblos originarios hacen que sean ajenos a la conmemoración del Bicentenario. Estos son los momentos de propuestas políticas y económicas para la democracia instituida sobre pueblos.

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