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Una nueva “cepa” de evaluación ante el Covid (o no) Parte II y final

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En el artículo anterior analizábamos cambios posibles de como evaluar en línea o de forma remota, donde sugeríamos darle más peso a la evaluación formativa y menos la sumativa, estableciendo para ello como una primera estrategia de hacer uso de exámenes “finales”, ser éstos enviados por email o LMS en forma individual estableciendo un plazo de tiempo cerrado para su entrega, teniendo en cuenta que no se pueden usar las mismas preguntas para una prueba presencial que para una virtual, no puede ser puramente memorística, no pueden ser del tipo test, sino preguntas que requieran reflexionar, teniendo en cuenta además establecer un sistema para resolver las dudas que surjan a los estudiantes durante la prueba, por ejemplo: Un foro de consulta o un chat. 

Otras opciones, que llamamos “cepas”[1] para la evaluación en línea serían: la sustitución del examen final por una videoconferencia profesor/alumno; recurrir a la autentificación basada en reconocimiento facial. Profundicemos en ellas. 

Pruebas basadas en una videoconferencia profesor-alumno: en esta ocasión será necesario optar por preguntas que nos permitan validar o verificar que el estudiante ha seguido el curso, eligiendo para ello también alguna pregunta que permita sintetizar los contenidos que se han estudiado, evitando siempre las preguntas memorísticas.

El tiempo ha de ser breve – siendo individual -, ya que no es un examen en línea, sino una validación de los conocimientos y habilidades del estudiante.

En el caso de realizar Pruebas con reconocimiento facial: Deben valorarse muy bien las diferentes opciones tecnológicas para escoger la mejor herramienta, siendo necesario para ello brindar al estudiante previamente cómo funciona, qué datos se recogen, cuáles se procesan, cuáles se utilizan…; Es vital en todos estos casos con el uso de la tecnología, establecer un plan B por si surgen problemas con la tecnología o de cualquier otro tipo, recordando que no todos los estudiantes tienen acceso a recursos tecnológicos, así como conexiones “rápidas”.

De todo lo anterior no puedo deslindar el comportamiento del estudiante en cuanto a conectarse en línea debidamente, participar, la entrega de trabajos bajo la modalidad asincrónica conlleva a una alta responsabilidad, que debieran normarse, reglamentarse al menos en los primeros años de la universidad, así como el empleo de competencias digitales y blandas, las cuales deberán primeramente definirlas, darlas a conocer para posteriormente ser evaluadas.

Hube de trabajar en instituciones públicas y privadas, donde en las primeras la asistencia era voluntaria, no así en las privadas siendo obligatorias y normadas con determinados porcentajes donde perder la asignatura. No queda duda que la exigencia favorece la formación en valores del estudiantado.

Finalmente dejo claro que no existe una sola fórmula única, de aquí la necesidad que cada institución debe adaptar las ideas y propuestas a su modelo educativo, analizando cuáles son las actividades de aprendizaje, que mejor se adaptan mejor a las asignaturas y a aquello que queremos que aprendan, similar en el caso de las herramientas tecnológicas. 

Es importante que no se deje atrás el proceso de aprendizaje con esta reflexión sobre la evaluación en línea. Les recuerdo que no se enseña para evaluar, sino para que nuestros discípulos aprendan a aplicar.


[1] Tomamos como alusión la palabra cepa, como mutación o cambio que pueden producirse en los virus como es el caso del COVID.

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