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Las palabras y la democracia

Tanmi Tnam

En Estados con presencia de varios pueblos, el liderazgo debería de hablar de la democracia como una de las posibilidades que aprovecha la diferencia para construir proyectos políticos sobre el poder compartido para el bienestar de las personas y de cada uno de los pueblos. La democracia necesita de la participación y representación consciente, responsable y libre de todos.  La democracia no se puede construir sobre conceptos que han servido para el colonialismo tales como el despojo de bienes, el racismo, la injusticia, la depredación del medio ambiente y la imposición de una sola forma de ver la organización del Estado y del gobierno en detrimento de la presencia y reconocimiento de los pueblos.

En nuestro país, no se ha permitido que los pueblos originarios piensen y decidan por su propio destino debido a que los supuestos líderes e intelectuales del país se han autonombrado para pensar y decidir por la vida de los pueblos originarios porque mantienen la idea y práctica de que dichos pueblos simplemente han sido los súbditos. Los derechos a la diferencia, a la identidad personal y a la de pueblo, se interpretan en contra de la cultura hegemónica y que el reconocimiento a los pueblos originarios motiva la fragmentación del país. 

El liderazgo democrático debe dar paso al liderazgo honrado de los pueblos de Guatemala para la búsqueda de salidas políticas y económicas que propicien la concreción de propuestas que reconozcan a los pueblos marginados y discriminados como verdaderos sujetos con posibilidades de ser parte activa y representativa en todo proceso democrático que aporte condiciones y acciones para la eliminación del racismo, la discriminación y la injusticia en todos los órdenes de la vida en común.

En Guatemala, los pueblos originarios de Guatemala cuentan con conceptos que deben complementar los cimientos de un proyecto democrático multinacional donde estén representados todos los pueblos en igualdad de condiciones, tal el caso del servicio en vez del aprovechamiento del poder para la corrupción en espacios públicos, el ser humano como un elemento más en vez de la superioridad de la persona sobre todas las cosas, el reconocimiento de la comunidad en vez del individualismo, la complementariedad de las decisiones en vez de la imposición al antojo de la autoridad o por parte de fuerzas obscuras y la vida de la tierra en vez de tratarla como un simple recurso. La democracia debe ser obra de hombres y mujeres, pueblos con diversidad de culturas y variedad de visiones acerca de la vida y el bienestar común. Hay que reconocer que en la actualidad existen esfuerzos en el mundo donde se trabaja y se lucha por la unidad tomando en cuenta la diversidad.

En Guatemala, país con varios pueblos, no todos tienen motivos para conmemorar el bicentenario de la independencia de 1821 debido a que los pueblos originarios están sufriendo discriminación y racismo en los ámbitos sociales, culturales, económicos y políticos. No hay razones para estar de fiesta si al interior de los pueblos originarios el Estado de Guatemala sigue con escasa presencia en algunas regiones y ausente en otras. No más Estado racista, excluyente y opresor. No más Estado que funciona con base al colonialismo en pleno siglo 21. Por el desarrollo de todos los sectores y pueblos, por la democracia, la justicia y la seguridad, es urgente que todo el país inicie un gran esfuerzo de estudiar su compleja realidad con el objetivo de asumir principios que faciliten el logro de mejores condiciones de vida a través de un Estado constituido por todos los pueblos.

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