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Otra oportunidad perdida

Sueños…

En tiempos de pandemia surgen las visiones más contradictorias sobre el futuro de la humanidad y sus quehaceres. Por un lado brincan de alegría los que consideran que la raza humana es tan inteligente y benévola, que sacará conclusiones acertadas de la crisis, comprenderá sus errores y pondrá rumbo hacia una sociedad justa, solidaria, equitativa y amigable con la naturaleza.

Pero, desde la otra cara de la moneda emergen los que consideran que no ninguna esperanza, que la humanidad es simplemente el cáncer del planeta, que como todo ser vivo nació, se desarrolló y alcanzó un grado de madurez al procrear la vida y que finalmente es atado por una enfermedad incurable, un cáncer. Que está formado por células malignas llamadas seres humanos.

Unos y otros miramos hacia el norte, hacia la nación que hasta hoy engendraba los sueños de un futuro mejor para todos. Estados Unidos, el país de economía ampliada, con oportunidades para todos los que se comprometen a trabajar en forma eficiente, competitiva y honesta. Elevando día a día la productividad de empresas y generaciones humanas. Con una fe inquebrantable en la democracia interna, basada en el respeto y la credibilidad absoluta el Estado de derecho y la justicia. Que pasó por un terremoto político que devastó y ridiculizó las instituciones esenciales de la democracia, y que acecha por su retorno al poder y la culminación de su proyecto: que cada país se refugie en sí mismo esperando el final de la historia.

Siempre hay una luz al final del túnel. Siempre tenemos confianza en la capacidad humana de regenerarse y reconstruir las utopías del planeta. Llegó al poder un nuevo gobierno, de la pareja Joe Biden-Kamala Harris. Que para nuestro pequeño entorno centroamericano generan expectativas positivas, quién sabe por qué. Biden-Harris han propuesto dos vías para enfrentar los problemas de su sociedad y que tendrán impacto muy fuerte en la región del istmo. Primero, su política de reconstrucción de la democracia en esta región; segundo, su plan de protección del medio ambiente.

Desde la época, señalada por el poder de la United Fruit Company, de triste y permanente recuerdo en este pequeño lado del mundo, la estrategia de Estados Unidos ha sido única: invertir en ejércitos bien armados, preparados para la represión y con un fuerte lavado ideológico de guerra fría. La estrategia da frutos, pero es cortoplacista, arrasa con todos los disidentes, pero eliminan las posibilidades de construir Estados democráticos (capitalistas democráticos). Lo menciona el novelista Vargas Llosa: “Hechas las sumas y las restas, la intervención norteamericana en Guatemala retrasó decenas de años la democratización del continente y costó millares de muertos, pues contribuyó a popularizar el mito de la revolución armada y el socialismo en toda América Latina. Jóvenes de por lo menos tres generaciones mataron y se hicieron matar por otro sueño imposible, más radical y trágico todavía que el de Jacobo Árbenz.”

La enseñanza es clara, ojalá que la nueva pareja que representa el poder del mayor imperio del mundo la comprenda. Un plan Marshall para centroamérica pasa por invertir dinero y visión de largo plazo; primero, en crear corredores de protección del medio ambiente y la diversidad de las especies; segundo, en educación primaria y secundaria, estos países no podrán consolidar la democracia hasta que el 100% de todos los habitantes no hayan terminado la primaria, y hasta que el 75% no hayan terminado la educación secundaria, con eso serán capaces de comprender sus derechos y obligaciones democráticas.

Sí Kamala y Biden insisten en financiar la compra de armamentos obsoletos, solamente benefician a pequeños grupos absurdamente ricos en la región, políticos corruptos y empresarios de la industrial militar gringa que ya nadan en dinero.

Por esa razón, Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI, insistía el 30 de marzo que hay que “dar a la gente una oportunidad justa”[1]

El plan Marshall fue exitoso pues se propuso reconstruir las economías de países con sólidos fundamentos de cultura progresista, basados en economías competitivas y eficientes, que lograron con una sólida unidad nacional reconstruirse y retomar el camino de potentes sociedades capitalistas democráticas.

Kristalina nos recuerda que para complementar el plan Marshall el mundo construyó un sistema de Bretton Woods que parecía generar un mundo de cooperación y convivencia pacífica. Estamos ante un mundo que puede cambiar o empeorar, no hay alternativa. Aunque las vacunas y su reparto mundial ha empezado, en el mundo las mayorías pierden puestos de trabajo, cierran pequeñas y medianas empresas y aumentan la pobreza y el desempleo.

Que nos propone la señora Georgieva, hacia dónde ir. ¿Anteponer el crecimiento económico contra la protección de la naturaleza?, ¿continuar llenando de cemento el planeta, para mantener tasas de desempleo manejables aunque destrocemos los bosques?, ¿promover el bienestar humano frente al calentamiento global?

Estamos ante un cambio completo de paradigmas. En nuestra región tenemos que ser visionarios para ser participes activos de una nueva visión del desarrollo o seguir siendo marionetas que se adaptan a la visión de las potencias mundiales.


[1] https://www.imf.org/es/News/Articles/2021/03/25/sp033021-SMs2021-Curtain-Raiser

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